miércoles, 4 de septiembre de 2013

A fuego.



FOLLAR HASTA QUE DUELA. Se abre el telón y aparece una habitación. Una cama sin sábanas limpias y un armario empotrado. El adjetivo viene al pelo. Suena el reproductor de música del ordenador portátil. Sex on fire. Esto sí que venía al pelo. Acto seguido se ve a dos cuerpos a medio desnudar atravesando el umbral de la puerta. Un chico y una chica. Muchos dedos y poco pelo. Difícil averiguar el camino que recorrían sus extremidades. Terminan de desnudarse mientras se comen sin cuchillo ni tenedor. Ella toma el mando y lo sienta en un borde de la cama. Se arrodilla y empieza a hacer realidad cientos de palabras veraniegas. Pero en pasado. Es decir, como en el pasado. Él se derrumba, mientras su miembro sigue el camino contrario. Tiene ganas de arrancarla de su entrepierna, de tirarla en el colchón y destrozarla como prometió. Pero era imposible detenerla. Las ganas de su miembro y el deseo de su boca habían encontrado la manera perfecta de entrar en conexión. Iba a suceder lo inevitable y ambos lo deseaban. Deseaban que sucediese de una manera concreta. Él apartaba su pelo. Su miembro ardía. Ella ardía y se retorcía de placer. Las ganas que tenía de dejarse llevar eran fuertes, pero había otro deseo superior. La escena era la más caliente que podían haber fabricado. Ni en sus mejores palabras se la habían imaginado así. Los reyes seguían sonando en bucle. La escena era perfecta, pero era imposible de sostener. Y ellos tampoco tenían ganas de que se sostuviese durante mucho más tiempo. Estaban allí, lo más difícil lo habían hecho. Ahora tocaba disfrutar y dejar que fluyese. Esto también viene a cuento y detalla el final de la escena caliente y perfecta. Ella dejó que fluyese. Él estuvo encantado de no poder evitarlo. Entra el sol por la ventana. Las sábanas son blancas. Se cierra el telón.

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