domingo, 24 de marzo de 2013

Solo ella y él. Solo.





Sucedió. Sin previo aviso y con previo alcohol. Mucho previo alcohol. Ginebra, whisky y Sergio Dalma. Palabras innecesarias antes de llegar a las sábanas. De hecho, sobraron muchas palabras. Tiempo desaprovechable. Los dos pensaban en sexo. Solo sexo. Y eso desapareció desde que se tumbaron sobre los muelles. Luces de neón sobre sus cabezas. Sexy. Sexo. Sexy y sexo. Había demasiadas ganas que no dejaban respirar. Y se cortaron la respiración mutuamente. Se mordieron. Se besaron. Se tiraron de los pelos. Y se tiraron. Las ganas se pegaron a su ropa interior. Su ropa interior se pegó a sus cuerpos. Se besaron los pezones. Se mordieron los pezones. Se desconocieron. Y se masturbaron. Ella a él. Él a ella. Ella y él a ella. Se sudaron. Se desearon. Se contagiaron de cochinadas. Ella deseó que aquellos dedos no se apartasen de su cuerpo en toda la noche. Recorrían. Entraban. Salían. Re-corrían maravillosamente bien. Sus manos estaban hechas a medida para encontrarse en sus partes bajas. Él en las de ella. Ella en las de él. Se corrían.

1 comentario:

koveri dijo...

La pasión es irrefenable en muchas ocasiones, en esta ocasión.

Ella y él.
Carentes de amor.
Llevados por el deseo.