sábado, 16 de febrero de 2013

Ya nadie hace el amor.


Me gustan los inicios de una relación, los intentos de relación fallida y las noches de recuperación de un amor perdido que vuelve con el alcohol. Todas ellas tienen en común esos fines de semana de sexo y descontrol. O esas noches de borrachera de jueves universitarios. 
     Así empieza todo, con prisa y sin calma en la cama. A la mayoría les asusta el día y se refugian en las noches para dar lo mejor al otro. En la noche somos más interesantes, más guapos y dicen que follamos mejor. Al principio me refiero. Aunque eso conlleva a follar mejor también por las mañanas. "El polvo mañanero" que prosigue a toda noche de sexo. Siempre que la compañía no asuste. 
     Como decía, el alcohol nos desinhibe y dejamos que descubran esa parte de nosotros que dice ser actor porno. Todo empieza por las noches alcoholizadas y continúa los fines de semana. Nos convertimos en auténticos depredadores de quien nos acompaña y nos bebemos lo más profundo de ellos sin reparar en finuras desagradables. De noche, todos somos putas. O esperamos que quien nos acompañe lo sea. Ya nadie hace el amor. Hacer el amor enamora y asusta a partes iguales. Solo buscamos portales y camas universitarias para saciar nuestras carnes. Las noches en las que te follas a un desconocido te superas a ti mismo y aguantas toda la noche sudando y haciendo sudar, con un descanso de una hora para estar a punto para el “polvo mañanero”. Cuando encaminas algo durantes los primeros fines de semana, los descansos los utilizas para sobrevivir. No nos asustan las alturas de las encimeras, los platos de ducha húmedos ni el frío de las baldosas y los azulejos. Pedimos altos para comer y utilizamos los portátiles con películas de Oscar con la excusa de tumbarnos uno delante del otro y dejar vía libre a manos y órganos sexuales. “No te muevas, no te des la vuelta, hagámoslo así”. Y cuando sentimos que de verdad hemos perdido a esa persona, recuperamos la esencia del porno cuando ella nos deja. Volvemos a esas noches de 24 horas follando en las que no nos negamos a nada, volviendo a recuperar la esencia sexual que explotó en amor. 
     Pero esa es otra historia, porque quedan pocos que hagan el amor.

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