miércoles, 29 de agosto de 2012

Son las 3.30 de la mañana.


Son las 3.30 de la mañana. Cuatro paredes y una cama. Cutre y confortable al mismo tiempo. Pero estás sola. Sola con tus diez dedos. Dicen que es el mes de la masturbación, ¿no? Maravillosa palabra. Pero seamos realistas, dos dedos no producen el mismo placer que un miembro viril descubriendo tu interior. Vale que sí, que introducirte un dedo, dos o los que quieras – en gustos femeninos queda mucho todavía por descubrir – te provoca gusto, excitación, orgasmo de segundos de duración – tampoco entraré a valorar el tiempo que tarda cada una de nosotras en correrse y el tiempo durante el cual está gozando –. Pero no es lo mismo que un hombre que sabe lo que hace te sepa penetrar o incluso te sepa masturbar con su miembro. Está claro que las mujeres debemos valorar lo que sabemos y podemos hacer con nuestras manos o los llamados ¿juguetes sexuales? Podemos darnos placer a nosotras mismas, hacer parte de las acciones que hace un hombre. Entremos en detalles… las mujeres podemos pensar en como empieza un polvo corriente. Podemos meternos en situación mental, imaginándonos como sería tener en ese momento una polla al lado. Pero tenemos algo mejor. Nos conocemos. Sabemos qué es lo que nos gusta, lo que deseamos y lo que nos pone cachondas en ese preciso instante. Puede que no tengamos un pene al lado, pero tenemos un vibrador o, en su defecto, dos dedos. Sabemos que nos gusta que no toquen los pezones, que los aprieten, que los muerdan – vale que no podemos mordérnoslos a nosotras mismas, pero sí tocarlos de la manera que más nos encienda –. Y puedes incluso imaginar como lo haría el mejor tío – o tía – que te lo haya hecho en toda tu vida, o que simplemente te apetezca imaginarte a las 3.30 de esta madrugada. Puedes bajar ya a tu clítoris o esperar y seguir fantaseando. Seguir pensando en qué le harías al tío que tuvieses al lado. Pensar en cómo le tocarías la polla o como se la chuparías. Incluso en las guarradas que los dos querrías decir y escuchar. Tienes total libertad para susurrar la cantidad que te plazca de obscenidades. Estás tú, tus sábanas y las cuatro paredes de tu habitación. Y tus dedos. Te tocas el culo y aprietas las nalgas, porque lo que quieres es sentirte deseada por un hombre y que él te haga creer que tienes el culo que él más quiere tener entre sus palmas en ese momento. Te deseas como mujer y adoras tu cuerpo. Eres libre para perderte entre tus sábanas y tus fantasías sexuales. Puedes incluso cambiar el lugar, las sábanas por la ropa sucia del escritorio. O la cama por la silla que tienes al lado. Puedes follar donde quieras y tocarte exactamente en los mismos lugares. Incluso puedes tocarte con gente delante que no tiene la más remota idea de lo que está pasando dentro de tus bragas. Te estás metiendo un dedo para jugar y encender tu parte inferior. Imaginando que el hombre que te podría acompañar esa noche te podría estar observando y ayudando con otro dedo suyo. Entonces metes otro. Otro que piensas que es el de él. Sabes como tocarte y sabes cuales son los puntos clave para correrte en cuestión de segundos. Depende de las ganas que tengas a las 3.30 de la mañana, puedes ir a por ellos o seguir jugando contigo misma. Y sigues. Sigues porque una de las mejores partes del polvo ideal de esa noche, es en la que tú te masturbas, te tocas los pezones, te muerden los pezones, juegan con tus nalgas, y al compás de tus dedos dentro de ti, aparece una lengua conocida que interrumpe el ritmo. Y te imaginas que él está ahí abajo, con su boca, su lengua y su mirada penetrante. Su lengua penetrante. Su polla penetrante. Él penetrándote. Y tú, entre tus sábanas y tus cuatro paredes no te detienes. Sigues con tus dos dedos dentro de ti que ahora ansían esos puntos clave. No pierdes el tiempo. No tienes porqué hacerlo. Así que decides que te quieres correr ya. Que quieres seguir tocándote mientras piensas en que desearías tener su polla en la boca mientras te tocas y que él está sintiendo el mismo placer que tú en ese momento. Abres la boca y marcas un cuatro por cuatro con tus dedos. Despacio pero profundamente penetrante. Masturbándote como tú más desearías que él lo hiciese en ese momento. A las 3.30 de la mañana puede que él te despierte para echar un polvo de diez minutos y él se corra como no hizo en toda la noche. O puede que te estés masturbando tú sola y el placer sea intenso en las mismas cantidades. ¡Viva el mes de la masturbación!

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