lunes, 23 de julio de 2012

Ascensores y anos en perfectas combinaciones.


Igual que una de esas escasas noches en las que borracha yacías con él. Igual. Los grados de alcohol, en su justa medida, siempre incitan al descontrol y a que lo hagas mejor. En su justa medida. Ascensores y anos en perfectas combinaciones. Ganas de más, de llegar más lejos. Los grados de alcohol en su justa medida siempre ayudan. Ayudan al sexo y desayudan al amor. Ahora mismo me encuentro escribiendo estas letras cuando en realidad lo que me apetece es escribir un mensaje de amor correspondido. Por el contrario, escribo letras de sexo salvaje sin condón ni control. Sexo después de una botella de lambrusco y con ganas rojas prohibidas. Sexo encima de una toalla encima de una cama. Ahora mismo, después de un Martini de dos minutos tengo ganas de buen sexo. De tu sexo. Yo, mi cuerpo interno, mi boca en general y mi lengua en particular, tenemos ganas. Ganas de sexo encima de cuerpo sin perder de vista el guión de tus ojos azules. El alcohol en su justa medida es mi mejor amigo para dejarme llevar. Para dejarnos llevar. Para dejarme llevar encima de ti. Profanando camas ajenas, sofás compartidos y lenguas escondidas. ¡Qué ganas tengo de follarte entre estas cuatro paredes! Pocas veces había tenido tantas ganas. Pocas veces te había sentido tan lejos, tan fuera. Tengo tantas ganas, que sé que me quedaré con ellas. Por eso tengo tantas. Ganas de hacerlo, de hacerlo bien, aún sabiendo que eso no hará que te quedes entre mis piernas muchos meses más.

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