domingo, 11 de marzo de 2012

La solución sexual.

A veces, parece que las cosas se tuercen de una forma irremediable. Pero lo cierto, es que la mayoría de estas veces sí tiene solución. Lo que pasa es que lo más fácil es dejar que pase, sin buscar ningún remedio para recuperar el transcurso de las cosas. Nuestra relación baila y se tambalea entre los dos tipos de veces. Las veces en las que las cosas viajan en línea recta. Y las veces en las que ella hace la solución mucho más fácil. Se trata de complicar las cosas y de que, pocos minutos después, ella aparezca en culote y una camisa abrochada con solamente dos botones. Esa camisa tiene la culpa de que todo salga bien. De que la solución a las tonterías que a veces descarrilen nuestra relación, sea la mejor. Es una camisa con transparencias que deja ver perfectamente el camino que dibujan sus curvas y no deja lugar para la imaginación en cuanto a su sujetador. Aunque muchas veces también, ella aparece sin él, facilitando más la solución. No se trata de resolver cuestiones de estado, todavía no hemos tenido que solucionar algo así. Se trata de saber pedir disculpas de una manera sexual, sensual y dulce. Aparece por la puerta del salón y se sienta en mis rodillas. Me abraza y aparta la mirada. Le agarro la cara y la beso. ¿Cómo no voy a querer besarla? Es ella. Me devuelve el beso y se acomoda encima de mis piernas. La abrazo, la acaricio y la erección es inevitable. Maldita camisa rosa. Y maldita mujer y su solución. Se empieza a mover de manera obscena y a acercar sus pezones a mi boca. Saco la lengua y los lamo. La aprieto contra mi pecho y empiezo a chupárselos. Noto como ella se va encendiendo más y más. Gime más fuerte y su intento por saciar mi erección y "la suya" se hace cada vez más evidente. Desabrocho el resto de botones, incluidos los del sujetador. La tengo completamente desnuda para mí. Sé que dentro de este espacio, la capacidad para realizar todos los movimientos que quiero es demasiado reducida. En cama todo sale mejor. Tengo libertad para colocarme encima y jugar con ella. Para pedirle que se coloque ella encima y sepa dominarme. La libertad para disfrutar completamente de los dos cuerpos y el placer que ambos desprenden con sus movimientos acompasados es brutal. Condones y lubricante. Se cierra el telón.

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