viernes, 10 de junio de 2011

X.

Medias grises hasta la rodilla. Le sobraron una cuantas hora para descubrir que aquella era la prenda favorita colocada cubriendo sus piernecillas. Fue un cruce de miradas, un par de risas y previos comentarios calientes. Era una obsesión, conseguir aquello de ella. Sin indirectas ni tacto. No se trataba de conseguir una mujer para llevar al altar. Sólo una noche, poder sacar su mejor papel en la cama, en la habitación, en el piso. Y dejar huella escrita. Intentaba hacerlo, pero ella se resistía demasiado. No era una chica fácil. Para darse cuenta de eso, también le sobraron las horas. Pero en el camino a casa, pareció cambiar la versión. Volvieron juntos. Pero no revueltos... todavía. La noche la invitó a dejarse llevar. Y lo hizo. Ambos lo hicieron. Se desnudaron. Se tocaron. Y él le pidió que no se quitase las medias. Esas medias grises hasta la rodilla. La desnudó entera, excepto eso. Sus cuerpos ardían y en el ambiente sólo se respiraban ganas de sexo. Sexo del bueno, del que te hace olvidar todo lo demás. Imagen mental de ese chico de ojos claros, colocado de rodillas en la cama y agarrándola a ella por detrás. Una de las mejores. Aunque siendo sinceros, él se queda con los momentos en los que él estaba encima viendo su cara de placer, de pedir más, de gritar y gemir. Y al mismo tiempo rodearlo con sus piernecillas, tapadas con las medias. Aquellas medias grises hasta la rodilla. Esa es la imagen mental que a él se le quedaría grabada para el resto de sus días. Gran recuerdo. Poca y tardía huella.

jueves, 9 de junio de 2011

Retén sólo una mínima parte [de ella]

Puedes olvidarte de ella. Esas cosas pasan. Dicen que el tiempo lo cura y lo borra todo. Incluso las heridas de guerra más profundas y aquellos amores platónicos de nuestra infancia. Sí,es verdad,el tiempo es una fiera devastadora. Aún así,hay veces que conseguimos retener momentos,instantes que perdurarán para siempre dentro de nosotros. No te pido que la vayas a recordar el resto de tu vida por todo ese tiempo que habéis compartido,por todas vuestras cosas buenas y demás pamplinas del amor. No te pido que la recuerdes a ella en sí. Sólo te pido que seas incapaz de borrar la manera que tiene de mirarte cuando está encima de ti haciéndote el amor, cuando te hace caricias en la espalda con su dedo índice o cómo mete su mano en tu entrepierna y disfruta. Quizás no son los mejores momentos. O quizás tú hayas elegido otros. Pero la base es la misma. Recordar un momento,un instante en el que la hayas sentido como alguien especial. Hazlo. Recuérdala.

sábado, 4 de junio de 2011

¿Gracias?

- ¿Por qué? ¿Qué es lo que te gusta de mí? ¿Por qué te quieres quedar conmigo al final de cada noche? No lo entiendo...
- Porque me gustas. Porque contigo me siento muy a gusto, feliz. Me gustas porque te llamo borde un millón de veces al día y no te enfadas. Porque cada mañana te das la vuelta en la cama y me dejas que te abrace, aunque no me dejes morderte la oreja. Porque te sientas en la cama a modo de "creo que es el momento de que te vayas" y no enamorarnos.
- ¿Enamorarnos?
- Sí, enamorarnos. Porque cinco minutos más en tu cama cada mañana, significarían terminar enamorada de ti cuando llegue el final en julio.

Cuando ya no dejas paso para más razón.

Y es que existen momentos en los que no te da tiempo a pararte a pensar qué es lo que tenemos que hacer. En realidad, tiempo sí nos sobra en ese preciso momento. Pero lo que menos te apetece es pararte a pensar si eso que estás haciendo está bien o está mal. Posiblemente, porque lo que estás haciendo se sitúa en el polo opuesto a algo bueno. Bueno psicológicamente. Porque físicamente es, quizás, una de las mejores cosas que puede hacer el ser humano. Por eso, en ese preciso momento, no es bueno malgastar minutos o ni siquiera segundos, pensando en lo qué debemos hacer. A veces, el verbo deber es nuestro peor enemigo. Nos hace dudar. Intenta privarnos de aquello que nos produce el mayor de los placeres. ¿Y para qué? ¿Para evitarnos unos pares de horas de comeduras de olla? ¿O el romperle la cabeza a tu mejor amigo durante varios minutos de los siguientes cuatro días? No, no vale la pena. No vale la pena porque te pasarás cientos de minutos comiéndote la cabeza por no haberlo hecho, no haberte dejado llevar. Porque a tu amigo le hablarás de que no lo has hecho, de que el verbo deber fue más fuerte que el verbo querer. No vale la pena rechazar y evitar eso que nos gusta, que nos hace sentir bien. Porque la razón te dice que eso no está bien, que eso no es para ti. Porque, en realidad, nadie sabe lo qué es bueno para cada uno. Nadie sabe al cien por cien lo qué nos conviene. Lo único de lo que podemos estar totalmente seguros, es de esas cosas que nos hacen ser felices en ese preciso momento.