jueves, 28 de abril de 2011

Hablar. O simplemente decir las cosas sin pensar.

Entre los dos y los tres años. Esta es la edad que se considera normal para que un humano empiece a hablar. Y de ahí en adelante comience a formar su vocabulario y su diccionario personal. Hablar se convierte en una sencilla operación. Abres la boca y dejas que las palabras salgan. Muchas veces son gilipolleces, otras son argumentos contundentes incapaces de venirse abajo, otras sinceridades que salen de dentro y otras veces, son palabras sin más, en vano. Todos sabemos hablar, bueno, llamémosle mejor articular palabra, dejar que salgan. Todos y cada uno de nosotros tenemos esa capacidad. El problema viene cuando cada uno la usa de una manera y cuando una persona convierte dicha capacidad en la operación más difícil de realizar en un determinado momento. Cuando eres pequeño usas las típicas cartas de dos frases con tres casillas para marcar: sí, no, quizás. Y a medida que vas creciendo te escondes en vasos llenos de alcohol, música alta, roces en movimientos que simulan bailes y demasiado lenguaje gestual y corporal. Pero la dificultad aumenta cuando se trata de hacer algo de día, sin alcohol, sin oscuridad, sin excusas disimuladas que escondan un verdadero propósito. Incluso existen frases ya hechas por los más valientes: ¿quieres venirte a cenar a casa?; espero verte esta noche, porque tengo muchas ganas de hacer el amor contigo; ¿quieres ver una película?; quiero que salgas, me muero de ganas de estar contigo. Son sólo ejemplos que a todos se nos pasan por la cabeza en algún momento determinado de nuestras vidas y que en cada uno de ellos y en cada una de nuestras cabezas ocultamos, callamos, dejamos pasar el tiempo y perdemos la oportunidad del “sí” o del “quizás” cuando el no lo tenemos ya de antemano. Perdemos recuerdos por miedo, vergüenza y cobardía. Perdemos momentos por ser unos gilipollas acobardados. Por ello es tiempo de subirse al pico más alto o de salir al balcón y gritar: ¡qué vivan los valientes creadores de dichas frases y que alguna vez en su vida han ganado recuerdos y momentos por haberlas pronunciado en voz alta! Gracias.

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