viernes, 15 de abril de 2011

- Estás muy guapo esta noche.

Me gusta salir en pantalón corto, vaquero y corto. Sé que mis piernas no son bonitas y mis tobillos son demasiado estrechos, pero me gusta enseñar esa parte de ellas. Justo por debajo de la rodilla. A ella también le gustan. Los pantalones, no las piernas. Aunque creo que eso también. Por eso, cuando me acuesto con ella yo me saco la sudadera y la dejo sobre la silla o, en su defecto, sobre la alfombra/suelo. Depende del estado de alcohol y, sobretodo, de las ganas de sexo. Dejo que sea ella la que me arranque la camiseta, porque sé que le encanta y a mí me gusta ver la cara con la que lo hace. Después la tumbo sobre la cama. Siempre poco a poco. Y sí, me dejo los pantalones puestos. Hasta bien entrado el apetito sexual, me los dejo. Ella se restriega contra ellos imaginándose lo que esconden y despertando lo que esconden. Y es ella la que decide el momento de que quitármelos. Aunque a veces también le gusta torturarme. Es mala. Y ese es uno de mis momentos preferidos. Cuando ella comienza a deslizarse en la cama, hacia abajo. Fuera cinto. Desabrocha también los pantalones. Y los baja lentamente. Suele llevarse con ellos la ropa interior de ambos, pero no me preocupa demasiado. El momento final ya es mío. Pantalón al suelo. La agarro y la coloco debajo de mí. Y justo ahí, empezamos.

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