domingo, 6 de febrero de 2011

"Siempre en estado de espera".

Cuando la única idea que se te pasa por la cabeza es meter a cualquiera que supere el cinco entre tus sábanas porque crees que es lo más fácil y decides olvidarte de cualquier tipo de sentimiento que te recuerde a tu yo pasado, llega un momento en el que descubres que simplemente te estás autoengañando. No se trata de que uno sea más guapo que el otro, ¡qué va! Siempre habrá tíos que te atraigan por equis o por i, pero se quedará en mera atracción física incapaz de llenar algo más allá. Bien sea por una competición absurda en la que te ves sin quererlo, porque sea el único capaz de hacerle apretar los dientes de rabia o porque te dice cochinadas con acento extranjero. Pero abres los ojos y dices que no. Recuerdas aquellas palabras y vuelves a tu yo verdadero. El romántico y que se derrite con un mísero detalle de la otra persona. Al que le has pedido que no cambie por ser simple y llanamente perfecto. Ese que tiene miedo de pensar en el tiempo que queda y teme aún más el después. Este yo necesita saber que todo irá bien. Abre la boca y dilo, por favor. Porque al resto de la gente no soy capaz de oírla. Por favor.

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