jueves, 10 de febrero de 2011

Porque se me olvida querer olvidarte.

El día en el que desapareció de nuestro diccionario conjunto el verbo amar, perdió su significado general de cualquier diccionario de biblioteca normal, de calle. De hecho, ese mismo día desaparecieron de él todas aquellas palabras que pronunciamos un día al unísono. Se quedaron mis palabras llenas de sentimiento a distancia y tu silencio. Todas tus palabras se conjuntaron en un silencio vacío. Tu parte de nuestro diccionario se hizo transparente a mis ojos, como ya se había hecho a los ojos del resto mucho antes. Borraste la palabra perdón, incluso antes que yo. Y le añadiste a la palabra distancia las definiciones del verbo olvidar. Yo escribí debajo del sustantivo silencio las de rabia, dolor, impotencia y odio. Multipliqué el nombre odio, el verbo odiar y el adjetivo odiado por pena y tristeza. Se esfumaron las palabras bonitas, de amor y alegría, de risas y miradas. Poco a poco fuimos vaciando por completo nuestro diccionario, olvidando el modo que tuvimos de introducirle las palabras que los dos queríamos. Y ahí se quedará. Nuestro pequeño diccionario de bolsillo, tirado y sucio debajo de aquella cama, donde nacieron la mayoría de los vocablos de los dos. Se llenará de polvo y olvidaremos que algún día lo escribimos con ilusión y ganas. Se quedará en el olvido hasta que alguno de los dos lo quiera buscar, lo encuentre y lo rellene con los significados de la palabra recuerdo.

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