martes, 8 de febrero de 2011

Cuando sentir no vale de nada.

Es normal que te sientas perdida. Que quieras dar pasos adelante, pero sientas que los estás dando en la dirección equivocada. Que se te pase por la cabeza el mero hecho de dar un pequeño paso atrás, que todas esas personas a tu alrededor evitarán. Es normal que quieras recuperarlo. Pero no puedes recuperar a una persona que no quiere que eso ocurra, que no quiere ser recuperada. Era ya demasiado tiempo el que había pasado. Demasiados bajos y escasos altos que hacían que sólo tú tuvieses ganas de seguir. Pero, por eso mismo, no te puedes quedar ahí. Siempre le has intentado demostrar lo que sentías y por poco que él hiciese para ti siempre fue suficiente. Y no tendría que haber sido así. ¡Quiérete! ¡Cómo nunca nadie te haya querido! Y mira hacia delante, pequeña. Porque ahí delante, en todo ese camino que te queda por recorrer, encontrarás a millones de personas que valen la pena y que te querrán de verdad. No pienses en el futuro, en el qué vendrá. Porque llega sin más, sin avisar, aparece delante de ti y ni te lo habías planteado. Tú sí puedes estar tranquila, le has dicho todo lo que le tenías que decir y no te ha quedado ni una sola palabra sin escribir. Y mira él, no ha dicho ni mu. Le da igual que te quedes con la imagen de niñato e hijo de puta que te ha dejado. No le importa. Así que tú tienes la conciencia muy tranquila y te toca tirar a ti. Sonríe, porque vales la pena. Y si no lo ha podido ver, no ha sido porque no se lo hayas mostrado. Ha sido porque su careta de egoísta y prepotente que ha intentado llevar todo este tiempo, se lo ha impedido. Caminaréis vidas diferentes, quizás no una mejor que la otra, pero lo haréis. Así que no pienses en el siguiente paso que des en él. Piensa en ti, en que las huellas que vayas dejando, sean las que quieras dejar tú.

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