miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Confías en mí?

No me puedo creer que se vuelva a ir. No se puede ir. Es la chica a la que más he conocido y es que conozco cada gesto que hace, cada manía que tiene y todos sus puntos erógenos. Sé que le tengo que besar en el cuello para poder quitarle el sujetador y besarle los pezones para que me agarre con sus piernas. Sé cual es su postura favorita en la cama y que le pone hacerlo en lugares públicos y oscuros. Sé qué movimientos tengo que hacer para conseguir que llegue al orgasmo cada vez que hacemos el amor y que le encanta que le invente cosas nuevas. Sé que cuando se sonroja al susurrarle frases que llevan entre líneas dos rombos, me está pidiendo que no calle. Me sé de memoria el tono de sus gritos y la intensidad de sus gemidos, dependiendo como se lo haga. La conozco como si hubiese sido mía toda su vida. Aún así en el aquel momento que fingí estar tan seguro, me entró el pánico. Así que, sólo por si acaso, le dije que sólo con recordar cómo es el momento en el que iniciamos la actuación sexual me vuelvo a correr. Sí, sé que suena estúpido que le haya soltado que la forma en la que me deja entrarle es lo mejor que me puede ofrecer. Pero no lo es. Sé que es la mejor manera que tuve para decirle que cada noche que me acueste, sea en esa cama o en cualquier otra, recodaré ese momento y la recordaré a ella. Nunca me voy a olvidar de ella. Por eso me niego a que se vuelva a ir. Me niego a creerlo. Pero como no puedo detenerla cambio el segundo verbo. Bueno, lo modifico. En un abrir y cerrar de ojos, será venir y nunca más ir.

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