lunes, 7 de febrero de 2011

Circolarità.

No te atrevas a abrir la boca para negarlo. Mentirías. Juegas con demasiados puntos a tu favor y eso hace que siempre acabes ganando. Sabes perfectamente que recuerdo con total claridad la manera que tienes de agarrarme los muslos y abrirme las piernas lo suficiente. Y que me revuelvo en mi silla sólo con pensar la mirada que me pones cuando te decides a entrar. Porque en las distancia cortas, siempre saldría yo ganando. Y no puedes decirme que no. Mentirías. Cuando me coloco encima de ti y empiezo a moverme, me aprietas lo máximo posible a tu cuerpo y cierras los ojos, porque las ganas y el placer te impiden mantenerlos abiertos. O cuando decido descender hasta debajo de tu ombligo y me detengo durante unos minutos, hasta que entremezclas tus dedos en mi pelo y empiezas a acompañar los movimientos constantes e irregulares. Me encanta saber exactamente en que punto debo empezar a recorrer con la lengua en camino inverso y terminar en el éxtasis de ambos. Qué fácil resulta todo cuando conoces cada punto álgido del cuerpo del otro. Y lo bueno de las sorpresas, que llegan cuando menos te lo esperas. Como aquel movimiento extraño que hacías a veces o cuando decido tomar la iniciativa y te quedas sin saber responder. Un conjunto perfectamente integrado, diría yo. Pero en las distancias largas te haces más fuerte, mucho más fuerte que yo. Y, por desgracia, es algo que todavía no he aprendido a controlar. Quizás el dejar de recordar ayudaría. Pero mentiría.

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