viernes, 4 de febrero de 2011

Brazos y rabos.

Es inútil continuar con esta venda en los ojos. Seguir negando lo evidente es de personas poco inteligentes. No por cesar en el pestañeo en la oscuridad va a desaparecer. Lo sabemos. Volverá el sol como en el mes de mayo un año después. Y saldremos a recibirlo como se merece. Celebrando que ya podemos volver a hacernos el amor en la arena con las olas de banda sonora. Pero esta vez sin marcas en la espalda que el sol se encapriche en que no se vayan en todo el año. Ya que la ropa nos queda en poca cosa, podemos tener la toalla preparada. ¿Qué te parece? O bueno, las toallas, que una no nos deja revolcarnos y movernos a nuestro antojo. Y que el nuevo amanecer que nos alarme de que llegamos tarde a casa, nos invite a bañarnos. Sí, hacer el amor en el mar. Porque la bañera es demasiado pequeña, ¿verdad? El verano. Estación que no permite devorarnos con la mirada y multiplica por tres el sudor que desprenden dos cuerpos al rozarse. Tres meses que te dejan total libertad a la hora de elegir sitio donde disfrutar, ¿playa o montaña? ¡Da igual, lo importante es el acto en sí! Podremos coger el coche y dejar nuestra huella en cada playa de la costa norte. Poder recoger un puñado de arena que aprieto cuando llego al éxtasis. Sí, quiero hacer una colección con todas esas arenas. Tú guarda gotas de cada mar salado en frascos. Entre los dos recordar los rayos de sol como único elemento que se cuela entre nuestros cuerpos desnudos. Y que ese sea el recuerdo más fuerte del verano. Un verano sin vendas en los ojos, ni negaciones estúpidas o tiempos imposibles. Pestañear y detener el pestañeo en el abrir.

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