viernes, 11 de febrero de 2011

"ODIO".

¿Sabes? Hoy, once de febrero, haríamos siete meses. Y sería muy feliz de poder tenerte a mi lado, osea, que siguiera contigo. Y no como estamos ahora. Odio esta situación. Tener que aguantar las ganas de decirte algo, de repetirte feliz no-mes-aniversario o todas esas cosas que te podía decir antes y de las que pasaste. Recuerdo el once de enero, cuando abriste la caja, viste los textos y la camiseta y me recordaste el primer día que nos besamos. Te pedí que recordases alguna de esas cosas para no terminar sin saber nada el uno del otro. Ya no es que me haya quedado sin tu apoyo, es que estoy peor que si nunca lo hubiese tenido. Y tú, sonríes. Continúas con tu vida como si nadie importante se acabase de ir de ella para siempre. Y yo, me acuesto con otro hombre. Pienso que nadie lo hará como tú e intento recordar esos momentos contigo. Soy lo peor. digo en voz alta que te odio, que te odio mucho por no decir nada. Pero, en realidad, a quien odio, es a mí misma. Por no poder imitarte y hacer como si hubiese eliminado lo único que me molestaba en mi vida, lo único que me ponía triste. Quiero querer olvidarte, pero odio no querer hacerlo en realidad. Sí, lo sé, soy tonta.

jueves, 10 de febrero de 2011

Del amor al sexo [continuado] no siempre hay un paso. Del sexo [continuado] al amor, casi siempre.

Y aunque no se quieran, lo disimulan demasiado bien. Puedes decir que ella es una puta que se tira a todo lo que se mueve. Pero en el fondo, todos empezamos cada noche o incluso despertamos cada día, pensando en hacer eso. En tener un agujero donde meterla o un rabo que poder meter. Por este pensamiento, dejamos que pasen las cosas que pasan. Y sí, me refiero a terminar con el último de la barra en tu cama o yéndote con la primera que te prometa chupártela como nunca. La carne es débil y más si dejamos que nos controle. El sexo es deseo y el deseo un cúmulo de ganas a las que no debemos decir que no. Al sexo no se le puede decir que no. Y entonces es ahí, en este punto justo, cuando te empieza a gustar lo que estás probando, cuando descubres que puede haber algo mal. Sí señores, no nos engañemos y seamos sinceros con nosotros mismos y los que están al lado. Una vez alguien me dijo al oído en un banco frente al mar: "cuando una pareja no funciona en la cama, tarde o temprano dejará de funcionar en el resto de las cosas". Y es algo totalmente cierto. Esa pareja se acaba deshaciendo, porque termina por darse cuenta de que no tiene nada más por lo que tirar. El problema, si es que es un problema generalizado, sucede al revés. Cuando esa pareja que lo hace tan bien en la cama, tiene que intentar que le vaya igual de bien en todo el resto. Y cuando encuentras a una persona que te lo pone fácil para que suceda así, te das cuenta de que quieres algo más y que dure más. Entonces, ahí, se inicia la relación sin futuro cierto. Al fin y al cabo, el sexo, es la base de toda relación. Se aceptan argumentos capaces de tirar por el suelo esta teoría.

#2

Otro jueves más a la misma discoteca de siempre y con muchas ganas de fiesta. Supongo que tú pensarás lo mismo al otro lado, aunque espero que te mantengas encima de los balcones y no te me caigas y me hagas coger un vuelo de urgencia. Espero que tu día haya sido más productivo que estos míos, en los que sólo me dedico a ver Perdidos y poco más :) Bueno, hoy he ayudado a una señora que quería mear en el supermercado y me pidió que le agarrase la puerta que no tenía pestillo. Menos mal que estos cuatro meses han hecho que mi italianos sea muy muy fluido ;) Sigo esperando noticias de ti. Mañana te cuento mi noche. Mua!

Porque se me olvida querer olvidarte.

El día en el que desapareció de nuestro diccionario conjunto el verbo amar, perdió su significado general de cualquier diccionario de biblioteca normal, de calle. De hecho, ese mismo día desaparecieron de él todas aquellas palabras que pronunciamos un día al unísono. Se quedaron mis palabras llenas de sentimiento a distancia y tu silencio. Todas tus palabras se conjuntaron en un silencio vacío. Tu parte de nuestro diccionario se hizo transparente a mis ojos, como ya se había hecho a los ojos del resto mucho antes. Borraste la palabra perdón, incluso antes que yo. Y le añadiste a la palabra distancia las definiciones del verbo olvidar. Yo escribí debajo del sustantivo silencio las de rabia, dolor, impotencia y odio. Multipliqué el nombre odio, el verbo odiar y el adjetivo odiado por pena y tristeza. Se esfumaron las palabras bonitas, de amor y alegría, de risas y miradas. Poco a poco fuimos vaciando por completo nuestro diccionario, olvidando el modo que tuvimos de introducirle las palabras que los dos queríamos. Y ahí se quedará. Nuestro pequeño diccionario de bolsillo, tirado y sucio debajo de aquella cama, donde nacieron la mayoría de los vocablos de los dos. Se llenará de polvo y olvidaremos que algún día lo escribimos con ilusión y ganas. Se quedará en el olvido hasta que alguno de los dos lo quiera buscar, lo encuentre y lo rellene con los significados de la palabra recuerdo.

martes, 8 de febrero de 2011

#1

Dentro de una hora haré mi último examen. Ya te contaré qué tal me ha ido,porque no he estudiado nada de nada por darle vueltas a la cabeza. Deséame suerte en voz alta,que lo escucharé desde aquí. Mua.

Cuando sentir no vale de nada.

Es normal que te sientas perdida. Que quieras dar pasos adelante, pero sientas que los estás dando en la dirección equivocada. Que se te pase por la cabeza el mero hecho de dar un pequeño paso atrás, que todas esas personas a tu alrededor evitarán. Es normal que quieras recuperarlo. Pero no puedes recuperar a una persona que no quiere que eso ocurra, que no quiere ser recuperada. Era ya demasiado tiempo el que había pasado. Demasiados bajos y escasos altos que hacían que sólo tú tuvieses ganas de seguir. Pero, por eso mismo, no te puedes quedar ahí. Siempre le has intentado demostrar lo que sentías y por poco que él hiciese para ti siempre fue suficiente. Y no tendría que haber sido así. ¡Quiérete! ¡Cómo nunca nadie te haya querido! Y mira hacia delante, pequeña. Porque ahí delante, en todo ese camino que te queda por recorrer, encontrarás a millones de personas que valen la pena y que te querrán de verdad. No pienses en el futuro, en el qué vendrá. Porque llega sin más, sin avisar, aparece delante de ti y ni te lo habías planteado. Tú sí puedes estar tranquila, le has dicho todo lo que le tenías que decir y no te ha quedado ni una sola palabra sin escribir. Y mira él, no ha dicho ni mu. Le da igual que te quedes con la imagen de niñato e hijo de puta que te ha dejado. No le importa. Así que tú tienes la conciencia muy tranquila y te toca tirar a ti. Sonríe, porque vales la pena. Y si no lo ha podido ver, no ha sido porque no se lo hayas mostrado. Ha sido porque su careta de egoísta y prepotente que ha intentado llevar todo este tiempo, se lo ha impedido. Caminaréis vidas diferentes, quizás no una mejor que la otra, pero lo haréis. Así que no pienses en el siguiente paso que des en él. Piensa en ti, en que las huellas que vayas dejando, sean las que quieras dejar tú.

lunes, 7 de febrero de 2011

Circolarità.

No te atrevas a abrir la boca para negarlo. Mentirías. Juegas con demasiados puntos a tu favor y eso hace que siempre acabes ganando. Sabes perfectamente que recuerdo con total claridad la manera que tienes de agarrarme los muslos y abrirme las piernas lo suficiente. Y que me revuelvo en mi silla sólo con pensar la mirada que me pones cuando te decides a entrar. Porque en las distancia cortas, siempre saldría yo ganando. Y no puedes decirme que no. Mentirías. Cuando me coloco encima de ti y empiezo a moverme, me aprietas lo máximo posible a tu cuerpo y cierras los ojos, porque las ganas y el placer te impiden mantenerlos abiertos. O cuando decido descender hasta debajo de tu ombligo y me detengo durante unos minutos, hasta que entremezclas tus dedos en mi pelo y empiezas a acompañar los movimientos constantes e irregulares. Me encanta saber exactamente en que punto debo empezar a recorrer con la lengua en camino inverso y terminar en el éxtasis de ambos. Qué fácil resulta todo cuando conoces cada punto álgido del cuerpo del otro. Y lo bueno de las sorpresas, que llegan cuando menos te lo esperas. Como aquel movimiento extraño que hacías a veces o cuando decido tomar la iniciativa y te quedas sin saber responder. Un conjunto perfectamente integrado, diría yo. Pero en las distancias largas te haces más fuerte, mucho más fuerte que yo. Y, por desgracia, es algo que todavía no he aprendido a controlar. Quizás el dejar de recordar ayudaría. Pero mentiría.

domingo, 6 de febrero de 2011

"Siempre en estado de espera".

Cuando la única idea que se te pasa por la cabeza es meter a cualquiera que supere el cinco entre tus sábanas porque crees que es lo más fácil y decides olvidarte de cualquier tipo de sentimiento que te recuerde a tu yo pasado, llega un momento en el que descubres que simplemente te estás autoengañando. No se trata de que uno sea más guapo que el otro, ¡qué va! Siempre habrá tíos que te atraigan por equis o por i, pero se quedará en mera atracción física incapaz de llenar algo más allá. Bien sea por una competición absurda en la que te ves sin quererlo, porque sea el único capaz de hacerle apretar los dientes de rabia o porque te dice cochinadas con acento extranjero. Pero abres los ojos y dices que no. Recuerdas aquellas palabras y vuelves a tu yo verdadero. El romántico y que se derrite con un mísero detalle de la otra persona. Al que le has pedido que no cambie por ser simple y llanamente perfecto. Ese que tiene miedo de pensar en el tiempo que queda y teme aún más el después. Este yo necesita saber que todo irá bien. Abre la boca y dilo, por favor. Porque al resto de la gente no soy capaz de oírla. Por favor.

Él, pasado.

Había dejado de ser la última noche del año unas nueve horas antes. Sí, aquella mañana era la primera del nuevo año y más tarde se darían cuenta de que era su última mañana. Dando tumbos por aquellas calles, una noche más, llegaron al piso de las afueras acompañados por un sol sin ganas de salir. El error estuvo en sentarla sobre sus rodillas. Pero sabía que era el mejor error que podía haber cometido, por el simple hecho de ser ella, una vez más, una noche más con él. Dios, cómo la quería y las ganas de ella con las que se levantaba cada mañana, era algo inimaginable antes de conocerla. Estaba preciosa con aquel vestido negro que dejaba ver el lunar de su espalda. La obligó a andar lo más rápido posible que le permitiesen sus tacones recién estrenados. Para subir las escaleras, lo mejor fue cogerla en brazos. La apoyó sobre las sábanas y al instante aquellos tacones cayeron gracias al efecto del destino y la gravedad. Tiró del lazó atado al cuello y el vestido negro de encaje siguió el camino de los tacones. Otra vez, delante de él, aquel cuerpo perfectamente desnudo. Botones por el suelo y al lado el pantalón, también negro. Ya la tenía dónde quería, encima de él. La forma con la que lo besaba hacía imposible el pensar que fingía. Ella nunca fingía. Era de verdad. Aquella lengua podía llevarlo al punto más álgido del éxtasis. Sólo su lengua podía conseguir eso. Era simplemente genial. Pero él también sabía que recorrer las líneas de cuerpo, suavemente con su dedo índice, la conducía al mismo punto. Y volvían a la misma postura. Ella arriba, él abajo y aquellos movimientos que con tal perfección ejecutaban. Los dos se hacían uno. Un uno que rozaba la perfección. Perfección alcanzada gracias a los escasos rayos que conseguían atravesarlos. Escasos rayos que aquel sol sin ganas les regalaba como signo de realidad. Porque ellos habían sido una realidad sin arrepentimientos durante mucho tiempo atrás.

viernes, 4 de febrero de 2011

Brazos y rabos.

Es inútil continuar con esta venda en los ojos. Seguir negando lo evidente es de personas poco inteligentes. No por cesar en el pestañeo en la oscuridad va a desaparecer. Lo sabemos. Volverá el sol como en el mes de mayo un año después. Y saldremos a recibirlo como se merece. Celebrando que ya podemos volver a hacernos el amor en la arena con las olas de banda sonora. Pero esta vez sin marcas en la espalda que el sol se encapriche en que no se vayan en todo el año. Ya que la ropa nos queda en poca cosa, podemos tener la toalla preparada. ¿Qué te parece? O bueno, las toallas, que una no nos deja revolcarnos y movernos a nuestro antojo. Y que el nuevo amanecer que nos alarme de que llegamos tarde a casa, nos invite a bañarnos. Sí, hacer el amor en el mar. Porque la bañera es demasiado pequeña, ¿verdad? El verano. Estación que no permite devorarnos con la mirada y multiplica por tres el sudor que desprenden dos cuerpos al rozarse. Tres meses que te dejan total libertad a la hora de elegir sitio donde disfrutar, ¿playa o montaña? ¡Da igual, lo importante es el acto en sí! Podremos coger el coche y dejar nuestra huella en cada playa de la costa norte. Poder recoger un puñado de arena que aprieto cuando llego al éxtasis. Sí, quiero hacer una colección con todas esas arenas. Tú guarda gotas de cada mar salado en frascos. Entre los dos recordar los rayos de sol como único elemento que se cuela entre nuestros cuerpos desnudos. Y que ese sea el recuerdo más fuerte del verano. Un verano sin vendas en los ojos, ni negaciones estúpidas o tiempos imposibles. Pestañear y detener el pestañeo en el abrir.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Confías en mí?

No me puedo creer que se vuelva a ir. No se puede ir. Es la chica a la que más he conocido y es que conozco cada gesto que hace, cada manía que tiene y todos sus puntos erógenos. Sé que le tengo que besar en el cuello para poder quitarle el sujetador y besarle los pezones para que me agarre con sus piernas. Sé cual es su postura favorita en la cama y que le pone hacerlo en lugares públicos y oscuros. Sé qué movimientos tengo que hacer para conseguir que llegue al orgasmo cada vez que hacemos el amor y que le encanta que le invente cosas nuevas. Sé que cuando se sonroja al susurrarle frases que llevan entre líneas dos rombos, me está pidiendo que no calle. Me sé de memoria el tono de sus gritos y la intensidad de sus gemidos, dependiendo como se lo haga. La conozco como si hubiese sido mía toda su vida. Aún así en el aquel momento que fingí estar tan seguro, me entró el pánico. Así que, sólo por si acaso, le dije que sólo con recordar cómo es el momento en el que iniciamos la actuación sexual me vuelvo a correr. Sí, sé que suena estúpido que le haya soltado que la forma en la que me deja entrarle es lo mejor que me puede ofrecer. Pero no lo es. Sé que es la mejor manera que tuve para decirle que cada noche que me acueste, sea en esa cama o en cualquier otra, recodaré ese momento y la recordaré a ella. Nunca me voy a olvidar de ella. Por eso me niego a que se vuelva a ir. Me niego a creerlo. Pero como no puedo detenerla cambio el segundo verbo. Bueno, lo modifico. En un abrir y cerrar de ojos, será venir y nunca más ir.