sábado, 22 de enero de 2011

¿Lo quieres tú?

-Mira, para que te dejes de montar películas tú sola te diré toda la verdad. Sí, me he follado un par de veces a la rubia esa que vive en mi misma ciudad. Lo hace genial, parece que haya inventado unas nuevas normas en el arte del sexo, nuevos movimientos jamás inventados y me sacia las ganas como pocas lo habían hecho antes. Con la camarera de aquel bar también tengo contacto. Dos veces nos hemos enrollado, pero sin llegar a nada más. Aunque, es cierto, ganas no me han faltado y quizás tampoco me falten ahora mismo. Pero no ha ido más allá del tonteo y la lengua. Y después todavía hay otra. La que me rompe la cabeza cada día. La que me pone de mala leche cada vez que me escribe algo. La que hace que encienda el ordenador y se me vaya la sonrisa de la calle. La que hace que haga todo lo contrario a lo que debería hacer. La que me hace caer cada vez que la veo. La que tiene el poder de mirarme y decírmelo todo. La que en la cama me hace olvidar que existe un mundo horrible detrás de ella. La que pone música a cada momento de mi vida. La que hace que se me acelere el corazón en cada cita. La que tiene el don de robarme palabras que antes ni había llegado a pensar. La que me impide mentir. La que cree en mí y con eso me sobra lo demás. La que me ha hecho plantearme las cosas de verdad. La que se preocupa por mí cada día. Ella es esa que me desquicia cada minuto hasta llegar a odiar que exista porque ha complicado mi vida como nadie antes lo había hecho. Pero ella es la que al minuto siguiente no me da ningún motivo y entiendo porque quiero pasar el tiempo que sea a su lado, una milésima de segundo me es suficiente.
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué no estás con ella y me dejas hacer mi vida en paz?
-Porque ella sabe quien es (sabes quien eres). Y que sólo el tiempo puede ponerme en el lado izquierdo de su (tu) cama o echarme de esa habitación para siempre.

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