martes, 25 de enero de 2011

La culpa.

Exactamente eso es lo que no puedes hacer. No puedes pregonar a los cuatro vientos las ganas que me tienes. No puedes pensar en estar conmigo el resto del tiempo después de todo eso. No puedes pedirme que sea sincero con lo que siento por ti. Tú eres la que no me puedes pedir a mí nada. Porque no eres tú la que se siente culpable. Yo también cargo con el cincuenta por ciento de ese peso. O el sesenta, si me apuras. Un puto niñato al que una le baila un poco cerca de la polla y sólo piensa en tirársela. Sí, podría encajar en esa simple definición. Pero yo soy el único que sé que faltan muchas más palabras para poder definirme a día de hoy. En ese significado nos encajamos cualquier hombre sin excepciones de raza ni edad. E incluso las mujeres, si le cambias el sentido. Soy un puto niñato porque no ha pasado el tiempo suficiente como para considerarme un hombre. Y sí, cuando una tía está buena y se sabe mover se me pasa por la cabeza cómo sería follar con ella. Pero al instante siguiente la comparo contigo. Sí, idiota, contigo. Y a día de hoy, mi pensamiento siempre termina de la misma manera. Ninguna es como tú, ninguna hace que me quede prendado de su mirada sólo con verla unos segundos. Ninguna hace que salga de casa una noche pensando en volver a robarle un beso a pesar de saber que está con otro. Ninguna me deja con las ganas exactas como para volver a caer. Ninguna ha hecho que diga "serás mía" y quiera intentarlo. El alcohol, y no lo pongo como excusa, pero sí ha ayudado a que compartiese babas y sexo con alguna, pocas, dos. Y al día siguiente me da igual que no se despierten a mi lado o que no me dejen un mensaje. Yo tampoco lo hice, ni lo pensé. Y todo por una simple razón, ellas no eran tú. Ninguna del resto es como tú.

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