lunes, 31 de enero de 2011

11.7.2011

- Se me ha ocurrido algo.
- Miedo me das.
- Podemos quedar un día del verano para que me hagas fotos. Una sesión fotográfica. Eso es lo que quiero. Pero no una con arbolitos y flores por detrás a todo color. No, esas mariconadas no van conmigo. A mí me gusta lo erótico y pornográfico. Así que quiero proponerte una sesión de desnudo. Desnudo integral, para ser más exacta. Puedes decir “¿por qué no te la hace una amiga chica?”. Pero no quiero que me haga fotos una amiga, una chica. Porque ella me mirará con otros ojos, pupilas de amistad. Y lo que yo quiero es un ojo que me mire con deseo, que sepa reflejar con la cámara las ganas que tiene de acostarse conmigo. Una amiga no tiene ganas de follarme, tú en cambio ardes en ellas. Y no te tienes que preocupar de pensar cómo hacerlas, te voy a marcar las pautas. Quiero que reflejes todos los estados de un cuerpo femenino desnudo, pasando por varias etapas. Me harás varias fotos quitándome la ropa poco a poco, una por cada prenda que deje sobre las sábanas. Luego otras mientras me haces el amor. Sí, el durante. Una amiga no podría hacer esta parte y yo quiero que seas tú el que me ayude en las posturas. Tendrás que ingeniártelas para que sólo salga mi cuerpo en ellas mientras me conduces al éxtasis. No te quejes, es la única parte en la que tienes que esforzar “un poco”. Y la tercera etapa son las fotos de después. El pelo alborotado. Las gotas de sudor. La cara del cansancio. La sonrisa del placer. Puedes pensar también qué parte de mi cuerpo refleja mejor el resultado obtenido durante en el acto en sí. También te quiero pedir un capricho, porque siempre he deseado tener una foto en la que solamente lleve puesto un pantalón vaquero. ¿Te parece? Como recompensa, te dejaré que me fotografíes lo qué quieras, cómo quieras y dónde quieras. Para que te acuerdes de mí el resto de días que te quedan sin mí. ¿No es una buena idea? No puedes negarte ahora.
- Fui ingenuo al pensar que sólo querías hablar cinco minutos y nada más.

domingo, 30 de enero de 2011

Pompas de jabón.

Cuando era pequeña, lo que más me gustaba era que mi abuelo me comprase aquel bote de plástico con el que podía fabricar ilusión y fantasía. El bote que hacía pompas de jabón. Ese bote contenía algo especial que ayudaba a que las pompas saliesen grandes y perfectamente redondas, siempre que supieses soltar la cantidad de aire adecuada por la boca. Me divertía sentarme en el banco del parque al lado de mi casa haciendo pompas toda la tarde. A veces, pocas, se lo dejaba a mi hermana pequeña para que las hiciese ella y yo corría detrás para intentar atraparlas. Cuando llevas varios intentos, te das cuenta de que sólo con tocarlas se deshacían. Odiaba no poder sostener una sola pompa de aquellas. No podía retener un sólo poquito de aquella fantasía que salía del bote de plástico rosa. Pero lo que más detestaba de aquel bote, era que si se terminaba no había forma de poder crear las mismas pompas perfectas sin tener que comprar otro. Y comprar significaba que las pompas era diferentes, no eran las mías. Durante varios veranos recuerdo tener a mi madre buscando miles de formas de jabones diferentes para poder obtener las dichosas pompas perfectas. Y que al final no las pudiese retener y tuviese que dejar que se marchasen lejos, muy lejos. Es curioso ver como el futuro y el destino se encaprichan y hacen que tu vida se convierta en una metáfora de pompas de jabón. Lo único que me apetece ahora es dejar que esas pompas de jabón que parecen perfectas, se vayan lejos, a lo más alto de las nubes. Lo único que una hace cuando se da cuenta de que ha dejado de ser la niña de las pompas de jabón del bote de plástico rosa, es probar diferentes botes hasta encontrar el más vacío, el que no le fabrique ilusión y fantasía, el que sólo le ofrezca la parte real, de verdad, la que nunca se agotará: el bote de plástico y el palito pegado a la tapa que se usa para hacer las pompas. Has dejado de querer ver y retener las putas pompas de jabón. Suerte.

jueves, 27 de enero de 2011

Ganábamos a partes iguales.

Jugar bajo las sábanas al yo me dejo encontrar, tú busca. Sí, lo nuestro siempre fue un juego continuo. Y risas. Hacíamos el amor con unas ganas inmensas, una fuerza sobrenatural con tintes de romanticismo y plagados de sexo sin control. Tú encima, con esa cara de "te vas a enterar ahora". Yo esperaba impaciente por ver la siguiente jugada. Entonces hacías ese movimiento extraño, hacia arriba, adentro, hacia un lado, más adentro. Sabías que lo habías conseguido y sonreías. Abría los ojos, te miraba, te veía esa sonrisa de victoria y reía de placer. Siempre fue un juego de risas en el que ninguno de los dos perdía.

miércoles, 26 de enero de 2011

Porque me prometí que la vida serían etapas.

Vete, corre, huye, lárgate, ¡desaparece ya de mi vista! El mundo en general está lleno de zorras que la sabrán comer mejor que yo, ¿a qué esperas a ti que tanto te gusta viajar? Tú en particular estás rodeado de niñatas que se pueden morir de ganas por follar contigo una noche con la ayuda del alcohol. Si dices que lo que buscas es simplemente eso, vete detrás de ellas, sígueles su juego y disfruta. Pero no hagas todo eso queriendo tenerme a tu lado, directa o indirectamente. No tienes porqué preocuparte por mí, estaré mucho mejor sin saber nada de ti. Lo juro. El mundo en general está lleno de tíos a los que me apetecería follarme en cualquier rincón, playa o montaña, público o privado. Yo en particular estoy rodeada de tíos por los que no dudaría un segundo en meterme en su cama. ¿Que por qué no soy yo la que se larga y desaparece de la faz de la tierra? Porque sabes que a mí nunca se me ha dado bien dar el paso definitivo. Dejo las bases razonables para que tengas las cosas fáciles, otra vez. Coge las instrucciones y aplícate el cuento. Pero deja ya esta tontería que no sirve a ninguno. Las ganas se pasarán con el tiempo y con otros cuerpos. Y todo pasará. Porque la vida pasa. Por mucho que tú te detengas ella nunca sigue tu ritmo. No ganas nada. Continúa, avanza y pasa.

martes, 25 de enero de 2011

La culpa.

Exactamente eso es lo que no puedes hacer. No puedes pregonar a los cuatro vientos las ganas que me tienes. No puedes pensar en estar conmigo el resto del tiempo después de todo eso. No puedes pedirme que sea sincero con lo que siento por ti. Tú eres la que no me puedes pedir a mí nada. Porque no eres tú la que se siente culpable. Yo también cargo con el cincuenta por ciento de ese peso. O el sesenta, si me apuras. Un puto niñato al que una le baila un poco cerca de la polla y sólo piensa en tirársela. Sí, podría encajar en esa simple definición. Pero yo soy el único que sé que faltan muchas más palabras para poder definirme a día de hoy. En ese significado nos encajamos cualquier hombre sin excepciones de raza ni edad. E incluso las mujeres, si le cambias el sentido. Soy un puto niñato porque no ha pasado el tiempo suficiente como para considerarme un hombre. Y sí, cuando una tía está buena y se sabe mover se me pasa por la cabeza cómo sería follar con ella. Pero al instante siguiente la comparo contigo. Sí, idiota, contigo. Y a día de hoy, mi pensamiento siempre termina de la misma manera. Ninguna es como tú, ninguna hace que me quede prendado de su mirada sólo con verla unos segundos. Ninguna hace que salga de casa una noche pensando en volver a robarle un beso a pesar de saber que está con otro. Ninguna me deja con las ganas exactas como para volver a caer. Ninguna ha hecho que diga "serás mía" y quiera intentarlo. El alcohol, y no lo pongo como excusa, pero sí ha ayudado a que compartiese babas y sexo con alguna, pocas, dos. Y al día siguiente me da igual que no se despierten a mi lado o que no me dejen un mensaje. Yo tampoco lo hice, ni lo pensé. Y todo por una simple razón, ellas no eran tú. Ninguna del resto es como tú.

lunes, 24 de enero de 2011

Puedo hacerme la sorda,pero te escucho.

Cobarde. Admite que lo único que quieres es decirme dos frases por semana y conseguir sacarme una sonrisa para que en el fondo de mi cerebro sigas estando tú. Admite que lo demás te da igual, el cómo esté o el qué sienta. Dilo. Que lo único que quieres es tenerme por segura. Un seguro de sexo ilimitado e incondicional. Admite que todo esto lo haces con ese único motivo. Sé valiente por una vez y ¡admítelo!

domingo, 23 de enero de 2011

Fuego y quemaduras superficiales. Por ahora.

- ¿Volverás con él?
- No lo sé...
- ¿Cómo no vas a saberlo? No es por meterte prisa, pero a estas alturas eso también te lo tienes que plantear. Los minutos corren, los días pasan y el tiempo vuela.
- No puedo saberlo. En una relación tienen boca las dos personas que la forman. Por mucho que yo quiera o no, él también tiene algo que decidir.
- Tonterías. Él va a querer. ¿Cómo no va querer? Nunca antes había tenido a una mujer así a su lado. Bueno, en realidad nunca antes había tenido a una mujer a su lado. Y ahora, tampoco las tiene aunque lo intente. Las únicas que pueden simular dicha situación están bastante lejos de tu definición.
- No te pases. Soy una chica normal y él un chico normal. Deja que esté con quien quiera.
- No quiero. No quiero dejar que ese estúpido vaya a estar con quiera estar. Porque al final querrá volver, porque ahora quiere estar contigo, pero es un ciego estúpido que tú no te mereces. Puede que yo no sea el hombre perfecto o ni siquiera me pueda incluir dentro de la palabra hombre, pero lo intento. Y quiero estar contigo al volver. Quiero poder hacerte el amor en la playa en verano. Quiero estar a metros de ti, caminarlos y meterme entre tus sábanas. No sé si voy a terminar queriéndote. Pero sé que ahora mereces tener al lado a alguien que te valore. Y yo como mujer te pongo en lo más alto. Por eso no quiero que vuelvas con él, quiero hacerte mía hasta que te aburras y pueda sentirme orgulloso de haber compartido, al menos algo, contigo.

sábado, 22 de enero de 2011

Dueños de sus propias posturas sin definición.

Se dieron cuenta de que todavía tenían muchos, demasiados, recovecos que no habían llegado a pensar. Es cuestión de que la compenetración salga sola. Sin forzar se mueven al mismo compás, poco a poco hasta cambiar en el mismo minuto de velocidad y postura. Y de todo eso nacen formas y géneros a los que prefieren no poner nombre. Porque de repente el puede agarrarla, elevarla físicamente un poco y hacer que toque el techo con las yemas de los dedos de los pies. Porque de repente ella rompe el ambiente de calma y tranquilidad post-coital para jugar con su miembro y tomar la iniciativa. La teoría pasa a un tercer plano en el que los protagonistas son ellos y sus impulsos carnales. Entonces de los gemidos y susurros fuertes, pasa a gritar levemente su nombre en cada aliento. Y él sabe que ha encontrado el punto exacto para detenerse el tiempo que quieran y hacerle eterno.

¿Lo quieres tú?

-Mira, para que te dejes de montar películas tú sola te diré toda la verdad. Sí, me he follado un par de veces a la rubia esa que vive en mi misma ciudad. Lo hace genial, parece que haya inventado unas nuevas normas en el arte del sexo, nuevos movimientos jamás inventados y me sacia las ganas como pocas lo habían hecho antes. Con la camarera de aquel bar también tengo contacto. Dos veces nos hemos enrollado, pero sin llegar a nada más. Aunque, es cierto, ganas no me han faltado y quizás tampoco me falten ahora mismo. Pero no ha ido más allá del tonteo y la lengua. Y después todavía hay otra. La que me rompe la cabeza cada día. La que me pone de mala leche cada vez que me escribe algo. La que hace que encienda el ordenador y se me vaya la sonrisa de la calle. La que hace que haga todo lo contrario a lo que debería hacer. La que me hace caer cada vez que la veo. La que tiene el poder de mirarme y decírmelo todo. La que en la cama me hace olvidar que existe un mundo horrible detrás de ella. La que pone música a cada momento de mi vida. La que hace que se me acelere el corazón en cada cita. La que tiene el don de robarme palabras que antes ni había llegado a pensar. La que me impide mentir. La que cree en mí y con eso me sobra lo demás. La que me ha hecho plantearme las cosas de verdad. La que se preocupa por mí cada día. Ella es esa que me desquicia cada minuto hasta llegar a odiar que exista porque ha complicado mi vida como nadie antes lo había hecho. Pero ella es la que al minuto siguiente no me da ningún motivo y entiendo porque quiero pasar el tiempo que sea a su lado, una milésima de segundo me es suficiente.
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué no estás con ella y me dejas hacer mi vida en paz?
-Porque ella sabe quien es (sabes quien eres). Y que sólo el tiempo puede ponerme en el lado izquierdo de su (tu) cama o echarme de esa habitación para siempre.

Una, por suerte, entre tantas.

Descubrir que ninguno de los dos tenemos fondo cuando del centro exacto de la superficie se trata. Nada que tape la perfección. Nada que tape lo que suceda dentro de aquellas cuatro paredes. Cuando todo está encendido, cuando las ganas de apoderan incluso de los muebles, es cuando mejor lo hacemos. En un momento dado, repetimos postura hasta llegar a un preciso instante de originalidad. Agarras mis piernas y las colocas sobre tus hombros. Me acerco más a ti, casi del todo. Y continuas, sin perderte. Hacia dentro, hacia fuera, hacia dentro, hacia fuera. Y la necesidad de arañar las sábanas se apodera de mi uñas. Hasta llegas al punto justo en el que cerramos los ojos, mordemos los labios, suspiramos y nos dejamos llevar por el ritmo creado. Hacia dentro, hacia fuera, hacia dentro, hacia fuera. Y llegamos al final deseado. Esta vez los dos juntos, al mismo tiempo. Me miras y te devuelvo la mirada. Sonríes y te devuelvo la sonrisa. Me abrazas y celebramos que nunca perderemos esas cualidad.

La penúltima vez.

¿Preocupado porque se me hayan olvidado las partes del medio? Tranquilo, todavía las tengo demasiado presentes en mi sexo, en mis labios, en mi lengua, en mis pechos, en mis nalgas, en mis rodillas, en mis manos, en mis ojos, en mis pies… como para poder olvidar la última vez que hicimos el amor. No se me ha olvidado que después de llegar al orgasmo tengas los pies fríos, como en aquella película. No se me ha olvidado la manera suave de hacer sensual la postura más sucia. No se me ha olvidado como te acercaste al lado derecho de la cama, me abrazaste, suspiraste en mi oído y pediste permiso para entrar. No se me ha olvidado el modo en el que pides que te abrace y dejas que me duerma encima de ti. Tranquilo, todavía no se me ha olvidado ninguno de estos instantes… los tengo tan presentes como tú.

Y no te preocupes por la recaída, que sea la más fuerte.

- ¿Recuerdas cuándo fue?
- Nueve días atrás, noche de alcohol y luces baratas.
- ¿Recuerdas la secuencia?
- Todo fueron monosílabos negativos, hasta darte cuenta de que no somos capaces de abandonarnos.
- ¿Y lo de después?
- Abrir tu regalo. Bajarte las medias. Subirte a la escalera más alta. Contra la pared. Escapar de la mano. Besarte mil millones de veces, como aquellos meses. Volver al mismo punto. Desnudarte entera. Hacerte el amor como siempre, porque eso es algo imposible de cambiar, no por no poder, si no por no querer. Volver a dejar que cruces esa puerta, muy a mi pesar, por tercera vez en cuatro meses.
- Y a pesar de que todo volvió a ser perfecto, ¿sabes qué fue lo que me sigue haciendo sonreír?
- No sé..
- Que nunca nadie antes me había cantado nada por la ventana, ningún chico habría gritado mi nombre dos pisos por encima de mí. Y gritarme a los cuatro vientos el día exacto para volver a vernos.
- (8) Lindas pompas de jabón (8)

Terapia contra el miedo: sexo sin control.

- Tengo miedo.
- ¿Por irte?
- No. No me asusta marcharme,porque conozco todo aquello que me está esperando y sé que me encanta. Pero tengo miedo de no ser capaz de olvidarte. Y no me refiero a sacarte de la cabeza,no. Eso con un clic y luego dos más estaría hecho. Fuera de mi mundo. El tiempo haría el resto.
- Entonces,si tan fácil es olvidarme,¿qué temes?
- Temo no olvidar las ganas que tengo de acostarme contigo. Temo no olvidarme de tu cara cuando la metes la primera vez. Temo no dejar de escuchar tus gemidos en mi oído. Temo no dejar de sentir el tacto de tu lengua. Temo no olvidarme de la manera que tienes de abrazarme,siempre en el punto exacto,para que suene de verdad. Temo no encontrar más amantes como tú.
- Sabes que como yo no hay más. Y mejor es muy difícil.
- Me da igual lo difícil que sea,siempre que esa situación llegue a ser real.

Al menos, ella no.

Después de dos horas resistiéndose entre sus brazos, había llegado el momento. Menos mal que antes de empezar habían decidido que junto el sillón pequeño situado a los pies de la cama se quedaba la ropa de ella y que al lado contrario la de él. "Para encontrarla antes". Porque sus bragas estaban enredadas en los vaqueros de él, las medias sobre su camisa y jersey. Sólo su vestido de colores obedeció a la dirección hacia donde deberían haber ido las demás prendas. Por todo eso, a ella le llevó tanto tiempo el volver a vestirse. (Contando también que era lo que menos le apetecía). Él la observaba desde la cama sin sábanas, medio destapado, y sin perder detalle de cómo subía las bragas, se abrochaba el sujetador y cubrían aquellos colores el resto del cuerpo desnudo hasta ese momento. Le encantaba la manera que tenía de reírse, la manera de darse la vuelta en la cama, la manera pasional con la que le besaba, le encantaba ella. Y la había llegado a conocer demasiado bien. Conocía lo que le gustaba de verdad, conocía cómo hacérselo y conocía justo el momento en el que ella descendería por su cuerpo, la conocía a ella y le encantaba. Por eso, esa noche, no se cansó de repetírselo de mil maneras distintas. "Me encantas. Me encanta tu humedad. Creo que te lo había dicho ya antes. ¿Lo recuerdas? Me encanta el poder entrar en ti poco a poco, pero con un sólo movimiento. ¡Dios, me encantas! Y no puedo pensar en la manera que tienes de empezar, en el cómo entro en ti, porque lo pienso y creo que me corro una vez más. Me encantas.". Y ella sabía que echaría en falta aquellas palabras el resto de su vida, ella sabía que aquello ya no volvería a ocurrir, él no volvería a entrar sin llamar. Aunque él se resignaba a creerlo, confiaba en el después de esos meses sigue la vida normal. Sólo les queda entregarse al tiempo, pero sin descuidar sus cuerpos. Al menos ella.

El sexo es algo recíproco: verdad.

Según sus palabras dijeron,ella era a la primera que se lo hacía. Y como con cada gesto y manera que hablan de sexo y salen de él, sonó perfecto. De ella aprendió a descender por un cuerpo desnudo hacia el mayor de los precipicios. Supo dónde detenerse momentáneamente y acertar incluso con aquellas palabras,repetidas por el miedo a fallar. "Tranquilo,sabes demasiado bien cómo usar la lengua cuando se trata de mi cuerpo y mis ganas".

Probamos y acertaste.

No es que aquella nueva postura con forma animal no me gustase o me asustase. Todo lo contrario. Esa nueva sensación de entrar como nunca antes lo habíamos hecho, fue extraña, rara.. demasiado placentera, quizás. Y sí.. ese sentimiento fue el que me asustó. La necesidad de tapar la boca y agarrar lo más cercano, eso fue lo que me asustó, lo que hizo que me diese la vuelta y te mirase a los ojos. "Eres increíble, volvamos a nuestro punto favorito". Reconozco que aquello marcó un punto de inflexión y reflexión. ¡Malditas ganas! Aunque siempre sabes cómo salirte con la tuya. Caricia, abrazo, acercamiento, tocamiento y dentro, ya estabas otra vez dentro. Justo como querías. A estas alturas y todavía cosas nuevas y demasiado buenas. Odio mantener las ganas de repetir, esas ganas que se van, pero que tú sabes perfectamente cómo hacer que vuelvan. Una y otra vez.

lunes, 10 de enero de 2011

Encántasme!


Y eso que hicieron un descanso, una parada, un no por respuesta. Pero había una segunda parte demasiado conocida para ambos. El "solamente para eso" era la más vieja de las excusas jamás usadas, pero era lo que menos importaba. La cuestión era verse otra vez, estar juntos otra vez. Ni siquiera se permitieron el lujo de llegar a las sábanas. Lo único que los tapaba era el abrigo de ella. Si alguien se atreviese a quitárselo, la envidia le habría recorrido cada vena. Allí debajo se escondía la perfección materializada durante unos minutos intensos. Mientras todo al rededor estaba congelado, aquel punto ardía. ¿Nunca se les iban a ir las ganas? La noche de ayer fueron conscientes de que no. Nadie se lo va a hacer igual y nadie lo va a querer igual. Además, follar nunca habría significado tanto, follar nunca había estado tan cerca de hacer el amor.

No digas que no.


Bajará las escaleras, como si de las reales se tratasen. Sonará de fondo la misma música que los hizo coincidir. Al fondo lo encontrará, bien entre muñecos y seco o en las alturas y demasido mojado. Media vuelta y a bailar buscando aquellos ojos nuevos. "Una mirada vale más que muchas palabras". Se acercará disimuladamente, temiendo, en cierto modo, la palabra negativa. Se encontrarán, una tercera vez más. Pero esta vez será diferente. La tontería, el miedo a reproches y la auto-obligación a reprimir las ganas se han quedado en aquella conversación. Dará rienda suelta a lo que quiera de verdad, a besarlo, abrazarlo, sobarlo, morderlo, hasta que le entren las ganas de cama mutuas. Y sí, a eso, también le quiere dar rienda suelta.

También lo hicieron en el baño.


Y una vez más, al terminar, le hizo la misma pregunta: ¿te vienes a la ducha? Era imposible resistirse a ese baño caliente en agua fría. Una de las ventajas era la de no tener qe desnudarse para hacerlo, porque recorrían aquel pasillo enseñándolo todo, rozándose, tocándose, besándose. Un pasillo de menos de dos metros nunca había tardado tanto en caminarse. Entonces entraban adentro. Y aquella bañera se convertía en la mejor superficie para recogerlos. Agua derrapando por todo el cuerpo, besos encharcados y movimientos que parecían imposibles. Casi se olvidaban del jabón con las ganas. Pero lo recordaron al descubrir que con el aclarado venía una nueva versión del arte natural. Volvían a recorrer el pasillo de la misma manera, cambiando el desnudo seco por los sexos más húmedos. Ahora lo jodido era evitar las sábanas, volver a caer en su seducción, a sudar, otra vez más. Pero sin querer, habían aprendido a secarse tan despacio, que el placer era casi igual que el arte más natural.

jueves, 6 de enero de 2011

Nunca miraron a la pantalla.


Y si aquello se trataba de un pulso sobre quien aguantaba más tiempo encima,ella lo había ganado con mucha ventaja. En la cama la cosa podía cambiar. Él hacía trampas. Le sujataba las muñecas con fuerza y le impedía tocar su miembro viril. Jáh,ella nunca se dejó ganar tan fácilmente en este terreno. Usaba la cabeza y descubría nuevos métodos. Mejor dicho,usaba la lengua. Pero eso sólo conseguía hacerla perder tiempo. Él era incapaz de soportar aquella tortura erótica e intercambiaba sus cuerpos. Él ganaba,conocía demasiado bien aquel cuerpo delgado. Pero en el sofá,aquella vez,las cosas cambiaban. Ella,siempre,encima. Él,esa tortura,sabía que era imposible negarla.

Azul, gris y negro.


En ese instante,cuando lo tenía a menos de dos centímetros de la boca,vestido con aquel traje y de corbata, le hubiese hecho de todo. En realidad,aquellas palabras llegaron a salir de su boca,sabiendo que él jamás se negaría. Con la chaqueta fuera,era un obstáculo menos que sortear. Las ganas de aquel instante,reducirían a segundos el ritual de desnudarse mutuamente. Ni siquiera haría falta la sensualidad de la corbata negra. Desabotonar el pantalón y bajar las medias,lo facilitaba al máximo. Ninguna prenda habría tocado el suelo por completo,ni siquiera habría huído más allá de los tobillos. Follar con los tacones y la corbata en su sitio. Eso,sí que sería elegancia.

Los tacones, siempre, debajo del mueble a los pies de la cama.


Una vez más él con chaleco y ella con medias. Una vez más, suena su canción. Ella siempre los ha guiado al mismo punto. Y esta vez no iba a ser de otra manera. A pesar de todas esas ganas que invitan a acelerar el proceso, la una consiguió calmar al otro. Esta vez lo iban a empezar despacio, muy despacio. Mirándolo a los ojos, le iba aflojando la corbata poco a poco. Un tirón y beso, ese era el compás. Él se dejaba llevar, sintiéndola cada vez más adentro. Después el chaleco, su prenda favorita tirada sobre el mismo mueble que cada vez les ha sujetado la ropa. Le sacó la camisa de rayas y lentamente, botón a botón, él se quedó desnudo. Ahora le tocaba actuar a él. Besándola en la boca y repasando con la lengua su cuello le levantó los brazos. Bajó muy poco a poco la cremallera de su vestido. Fue terminar y ella se quedó en sujetador rojo y medias. Esas medias. La acostó sobre su cama y recorrió su cuerpo con cuidadosos mordisquitos, hasta detenerse en el punto de las medias. De rodillas él, sentada al borde de la cama ella, mirándose a los ojos, descubrió el tanga rojo. El resto.., lo de siempre, inventarse maneras de hacer el amor en cada rincón de la misma habitación.

Un hueco libre para rellenar.

Lo hace tan bien,que siempre ha dejado huella en alguna parte de mi cuerpecito. El primer beso en la mejilla. La primera marca en el cuello. Rozaduras en la espalda por culpa del colchón de arena en verano. Heridas en las rodillas para que llegase al éxtasis del placer. O el simple paso de su pulsera en mi muñeca. Y al día siguiente,siempre venía a recalcar dichas señales. En cambio ahora,lo único que me queda,es el dolor entre las piernas después de dos horas de sexo. Y al día siguiente,el vacío que ha dejado en el mismo sitio.