sábado, 17 de diciembre de 2011

Blue Valentine.

Y es entonces cuando abro los ojos, después de los primeros gemidos. Miro hacia abajo. Sobre mis rodillas. Y veo su cara. Bueno en realidad veo su pelo rubio y mis dedos confundiéndose con sus mechones. Y llega uno de los mejores momentos. Sin detenerse, levanta la mirada y me clava en mis pupilas su mirada azul clara transparente. Me muerdo el labio inferior. Ambos sabemos lo que significa. Y él continúa donde nunca lo había dejado hasta que se me hace imposible el continuar. Ganas. Sexo. Ganas de sexo.

domingo, 31 de julio de 2011

Definitivamente, quizás.

-          Sal. Las cosas han cambiado.
-          ¿Estás segura de que han cambiado? – acercándose a su cara y más peligrosamente a sus entrañas.
-          Sí. Por favor, sal. No quiero que te sigas acercando.
-          No voy a detenerme. Me pones. Te pongo. Ahí abajo está mi actual novia, como el resto la llama. Para mí es simplemente una persona segura con la que acostarme siempre que quiera. Pero el resto de la gente no piensa como nosotros dos.
-          Pues ve con ella.
-          No quiero. Tú me pones más y la idea de hacértelo aquí, en este cuarto de baño, me enciende más todavía. Déjate llevar. Sé que quieres seguirme.
Y antes de que ella pudiese seguir fingiendo y escondiendo sus ganas, él ya le había levantado el vestido y la había empezado a tocar. Sabía cómo hacerlo. Ese era su mayor problema. En realidad, su único problema. Era ya tarde y la ingesta de alcohol insuficiente como para controlar las ganas de follar. Se excusaría diciendo que no le había quedado otra opción.
Mientras estos pensamientos de culpa sin sentido y de negación a todo, paseaban por su cabeza, él se había arrodillado. Le apartó las bragas y sacó su lengua a jugar. Ahí fue cuando su instinto femenino tomó el control de toda su persona. Le agarró fuerte el pelo y empezó a gemir. Su instinto, su yo sin control, estaba actuando. Eso era algo que nunca había podido reprimir. Por suerte.
Aquello había empezado, detenerse ahora no iba a servir de nada. ¿Para qué? Para nada. Así que, decidió actuar. En medio del éxtasis que estaba sufriendo, pudo desabrocharle el pantalón y sacarle su miembro a la luz de aquel reducido cuarto de baño. Reducción que ellos agradecían. Casi se le había olvidado el tamaño y la forma que tenía. Sólo recordaba que no había queja.
Y empezó a actuar con las manos. Suave y despacio. Suave y rápido. Esos pasos sí que no se le habían olvidado. Había habido práctica. Pero el sexo es algo mutuo, según ella. Él había utilizado su lengua y no sabía si eso le provocaba un placer también a él. Así que se atrevió con la boca, lengua y dientes rozando con cuidado. En realidad, a ella no le disgustaba. Al contrario, le gustaba. Placer mutuo, ¿no?

viernes, 10 de junio de 2011

X.

Medias grises hasta la rodilla. Le sobraron una cuantas hora para descubrir que aquella era la prenda favorita colocada cubriendo sus piernecillas. Fue un cruce de miradas, un par de risas y previos comentarios calientes. Era una obsesión, conseguir aquello de ella. Sin indirectas ni tacto. No se trataba de conseguir una mujer para llevar al altar. Sólo una noche, poder sacar su mejor papel en la cama, en la habitación, en el piso. Y dejar huella escrita. Intentaba hacerlo, pero ella se resistía demasiado. No era una chica fácil. Para darse cuenta de eso, también le sobraron las horas. Pero en el camino a casa, pareció cambiar la versión. Volvieron juntos. Pero no revueltos... todavía. La noche la invitó a dejarse llevar. Y lo hizo. Ambos lo hicieron. Se desnudaron. Se tocaron. Y él le pidió que no se quitase las medias. Esas medias grises hasta la rodilla. La desnudó entera, excepto eso. Sus cuerpos ardían y en el ambiente sólo se respiraban ganas de sexo. Sexo del bueno, del que te hace olvidar todo lo demás. Imagen mental de ese chico de ojos claros, colocado de rodillas en la cama y agarrándola a ella por detrás. Una de las mejores. Aunque siendo sinceros, él se queda con los momentos en los que él estaba encima viendo su cara de placer, de pedir más, de gritar y gemir. Y al mismo tiempo rodearlo con sus piernecillas, tapadas con las medias. Aquellas medias grises hasta la rodilla. Esa es la imagen mental que a él se le quedaría grabada para el resto de sus días. Gran recuerdo. Poca y tardía huella.

jueves, 9 de junio de 2011

Retén sólo una mínima parte [de ella]

Puedes olvidarte de ella. Esas cosas pasan. Dicen que el tiempo lo cura y lo borra todo. Incluso las heridas de guerra más profundas y aquellos amores platónicos de nuestra infancia. Sí,es verdad,el tiempo es una fiera devastadora. Aún así,hay veces que conseguimos retener momentos,instantes que perdurarán para siempre dentro de nosotros. No te pido que la vayas a recordar el resto de tu vida por todo ese tiempo que habéis compartido,por todas vuestras cosas buenas y demás pamplinas del amor. No te pido que la recuerdes a ella en sí. Sólo te pido que seas incapaz de borrar la manera que tiene de mirarte cuando está encima de ti haciéndote el amor, cuando te hace caricias en la espalda con su dedo índice o cómo mete su mano en tu entrepierna y disfruta. Quizás no son los mejores momentos. O quizás tú hayas elegido otros. Pero la base es la misma. Recordar un momento,un instante en el que la hayas sentido como alguien especial. Hazlo. Recuérdala.

sábado, 4 de junio de 2011

¿Gracias?

- ¿Por qué? ¿Qué es lo que te gusta de mí? ¿Por qué te quieres quedar conmigo al final de cada noche? No lo entiendo...
- Porque me gustas. Porque contigo me siento muy a gusto, feliz. Me gustas porque te llamo borde un millón de veces al día y no te enfadas. Porque cada mañana te das la vuelta en la cama y me dejas que te abrace, aunque no me dejes morderte la oreja. Porque te sientas en la cama a modo de "creo que es el momento de que te vayas" y no enamorarnos.
- ¿Enamorarnos?
- Sí, enamorarnos. Porque cinco minutos más en tu cama cada mañana, significarían terminar enamorada de ti cuando llegue el final en julio.

Cuando ya no dejas paso para más razón.

Y es que existen momentos en los que no te da tiempo a pararte a pensar qué es lo que tenemos que hacer. En realidad, tiempo sí nos sobra en ese preciso momento. Pero lo que menos te apetece es pararte a pensar si eso que estás haciendo está bien o está mal. Posiblemente, porque lo que estás haciendo se sitúa en el polo opuesto a algo bueno. Bueno psicológicamente. Porque físicamente es, quizás, una de las mejores cosas que puede hacer el ser humano. Por eso, en ese preciso momento, no es bueno malgastar minutos o ni siquiera segundos, pensando en lo qué debemos hacer. A veces, el verbo deber es nuestro peor enemigo. Nos hace dudar. Intenta privarnos de aquello que nos produce el mayor de los placeres. ¿Y para qué? ¿Para evitarnos unos pares de horas de comeduras de olla? ¿O el romperle la cabeza a tu mejor amigo durante varios minutos de los siguientes cuatro días? No, no vale la pena. No vale la pena porque te pasarás cientos de minutos comiéndote la cabeza por no haberlo hecho, no haberte dejado llevar. Porque a tu amigo le hablarás de que no lo has hecho, de que el verbo deber fue más fuerte que el verbo querer. No vale la pena rechazar y evitar eso que nos gusta, que nos hace sentir bien. Porque la razón te dice que eso no está bien, que eso no es para ti. Porque, en realidad, nadie sabe lo qué es bueno para cada uno. Nadie sabe al cien por cien lo qué nos conviene. Lo único de lo que podemos estar totalmente seguros, es de esas cosas que nos hacen ser felices en ese preciso momento.

martes, 31 de mayo de 2011

Cuarta etapa.

Han pasado tres etapas. Diferente duración de tiempo. Cada una de ellas tiene sus pros y sus contras [como casi todo en esta vida,por suerte]. Alguna la reduciría y otra la ampliaría. Es cierto. Pero el tiempo es algo que se queda fuera de nuestro alcance. No podemos congelar un momento, alargar un instante o hacer que dos horas de conviertan en dos minutos. Ni siquiera se me presentó la posibilidad de poder elegir en cual quedarme. El curso de los días y los meses hicieron que las cosas se sucedieran como se han sucedido. Apartas sentimientos, eliges placeres que nunca habías barajado antes o te paras de pronto en seco. Sí, es cierto que en cada una de ellas he podido sentarme en un banco, mirarlas de frente y examinarlas. Pero todos sabemos que eso no sirve de absolutamente nada. No me gustó que la primera fuese tan larga, la segunda tuvo el recorrido preciso y necesario y la tercera se me fue de las manos. Lo reconozco. Y de nuevo se ha ido sin pasar por mis manos, sin tener en cuenta la opinión que mi lengua baraje, sin darle esa oportunidad a ese órgano que tanto probó de él. Una tercera etapa que termina sin haberlo sospechado. Pero que ha terminado sin remedio. Y dará comienzo una cuarta etapa. Todavía no sé cuándo. Pero empezará, de verdad. Lo [tengo que] promet[er]o. No sé cómo será, si se parecerá a alguna de las tres anteriores o si será algo nuevo que no alcanzo a pensar ahora mismo. Pero me gusta contagiarme de positivismo [cuando me dejo]. Y quiero pensar que eso "las cosas siempre siempre suceden por algo" y que "lo que espera delante, es mejor que lo pasado".

lunes, 30 de mayo de 2011

Bones.

Él. Es esa persona a la que quisieras conocer fuera de todo lo que un año de excesos significa. Esa persona por la que te mueres de ganas de pasear una tarde o ver una película de vampiros adolescentes. Esa persona con la que inicias algo en una cama y desearías poder tener un algo más después del punto y seguido del séptimo mes. Esa persona que cuando te falta la echas demasiado de menos. Esa persona de la que duele escuchar un adiós sin explicaciones. No lo sé, ni lo sabré. Pero quizás, sólo quizás, él sea esa persona.

martes, 17 de mayo de 2011

O noso día. Dezasete de maio :)

Por medo a que non chegase ocurrir, nunca lle gustou imaxinar o seu seguinte encontro. Sabía que todo o escenario estaría envolto cunha manta negra, unha oscuridade parcial sobre as súas cabezas. Iso era o que nunca ía cambiar, para ben ou para mal, sempre se tiña que facer de noite. Nunca antes e sempre despois. Tamén sabían que non podían estar tan preto o un do outro máis minutos dos que conxugaban unha hora. Iso tamén era imposible. Podían evitarse coa mirada ou fuxir o un do outro a distancia necesaria para non sentirse mutuamente. Pero cruzar as súas miradas ou rozarse coa roupa, significaba poñerlle fin ás ganas contidas nos seus ósos. Aínda que ó final era o que ían facer, pero gustáballes aumentalas e sacialas todas xuntas cando ningún dos dous puidese soportalas máis.
Un antro cheo de xente, no que indo só a música chegaba ós oídos… acompañado, a música era o de menos. O alcol enchería as súas venas e arterias ó límite. Miradas e roces corporais mesturaríanse ó mesmo tempo. Bicos que culminan en pasos cara calquera saída cun final cuberto de sábanas naquelas catro paredes.
Non lle gustaba nada imaxinar se ocorrería un seguinte encontro por medo. Pero sabía que era inevitable o gusto que lle recorría o corpo ó pensar en que podería repetirse. Sorte, azar, destino e un paso firme cara adiante. Desexo.

jueves, 28 de abril de 2011

Hablar. O simplemente decir las cosas sin pensar.

Entre los dos y los tres años. Esta es la edad que se considera normal para que un humano empiece a hablar. Y de ahí en adelante comience a formar su vocabulario y su diccionario personal. Hablar se convierte en una sencilla operación. Abres la boca y dejas que las palabras salgan. Muchas veces son gilipolleces, otras son argumentos contundentes incapaces de venirse abajo, otras sinceridades que salen de dentro y otras veces, son palabras sin más, en vano. Todos sabemos hablar, bueno, llamémosle mejor articular palabra, dejar que salgan. Todos y cada uno de nosotros tenemos esa capacidad. El problema viene cuando cada uno la usa de una manera y cuando una persona convierte dicha capacidad en la operación más difícil de realizar en un determinado momento. Cuando eres pequeño usas las típicas cartas de dos frases con tres casillas para marcar: sí, no, quizás. Y a medida que vas creciendo te escondes en vasos llenos de alcohol, música alta, roces en movimientos que simulan bailes y demasiado lenguaje gestual y corporal. Pero la dificultad aumenta cuando se trata de hacer algo de día, sin alcohol, sin oscuridad, sin excusas disimuladas que escondan un verdadero propósito. Incluso existen frases ya hechas por los más valientes: ¿quieres venirte a cenar a casa?; espero verte esta noche, porque tengo muchas ganas de hacer el amor contigo; ¿quieres ver una película?; quiero que salgas, me muero de ganas de estar contigo. Son sólo ejemplos que a todos se nos pasan por la cabeza en algún momento determinado de nuestras vidas y que en cada uno de ellos y en cada una de nuestras cabezas ocultamos, callamos, dejamos pasar el tiempo y perdemos la oportunidad del “sí” o del “quizás” cuando el no lo tenemos ya de antemano. Perdemos recuerdos por miedo, vergüenza y cobardía. Perdemos momentos por ser unos gilipollas acobardados. Por ello es tiempo de subirse al pico más alto o de salir al balcón y gritar: ¡qué vivan los valientes creadores de dichas frases y que alguna vez en su vida han ganado recuerdos y momentos por haberlas pronunciado en voz alta! Gracias.

viernes, 15 de abril de 2011

- Estás muy guapo esta noche.

Me gusta salir en pantalón corto, vaquero y corto. Sé que mis piernas no son bonitas y mis tobillos son demasiado estrechos, pero me gusta enseñar esa parte de ellas. Justo por debajo de la rodilla. A ella también le gustan. Los pantalones, no las piernas. Aunque creo que eso también. Por eso, cuando me acuesto con ella yo me saco la sudadera y la dejo sobre la silla o, en su defecto, sobre la alfombra/suelo. Depende del estado de alcohol y, sobretodo, de las ganas de sexo. Dejo que sea ella la que me arranque la camiseta, porque sé que le encanta y a mí me gusta ver la cara con la que lo hace. Después la tumbo sobre la cama. Siempre poco a poco. Y sí, me dejo los pantalones puestos. Hasta bien entrado el apetito sexual, me los dejo. Ella se restriega contra ellos imaginándose lo que esconden y despertando lo que esconden. Y es ella la que decide el momento de que quitármelos. Aunque a veces también le gusta torturarme. Es mala. Y ese es uno de mis momentos preferidos. Cuando ella comienza a deslizarse en la cama, hacia abajo. Fuera cinto. Desabrocha también los pantalones. Y los baja lentamente. Suele llevarse con ellos la ropa interior de ambos, pero no me preocupa demasiado. El momento final ya es mío. Pantalón al suelo. La agarro y la coloco debajo de mí. Y justo ahí, empezamos.

viernes, 8 de abril de 2011

Á.

Me muero de ganas de decírtelo. De que sepas que nunca me tuviste que dar por segura, que no te iba a esperar el resto de mis días. Ni siquiera uno más. Sólo tenía que ocurrir esto. Aunque quizás ahora no sea el momento. O sea el momento menos bueno. Pero así ha sido. Me muero de ganas de decirte que cada noche que vivimos, es él quien me arropa. Me muero de ganas de decirte que espero a esas noches sólo por poder acostarme con él. Me muero de ganas de decirte lo especial que me siento cuando hablo con él. Me muero de ganas de decirte que hemos follado en el primer beso, que se la he chupado en el segundo y que somos capaces de estar juntos sin sábanas de por medio. Y lo hacemos genial. Me muero de ganas de decirte que no pensaba encontrar a nadie así, pero que lo he encontrado y no sé cuánto durará. Es cierto, no sé ni siquiera si esta noche voy a regresar a casa oliendo a él o que no me hará falta pijama porque son sus brazos los que cubrirán mi cuerpo en su cama. Pero me da igual no saber el final de esto, es lo que menos me interesa. Porque me muero de ganas de decirte que existe alguien más, que ya no pienso en ti, que se me han quitado las ganas de volver a intentarlo contigo y que desde ya, me quiero sólo a mí.

jueves, 31 de marzo de 2011

FELICES 26!

Veintiséis años ya y con la misma cabeza de terco con la que te conocí hace cuatro años. El niño que da la impresión de que lo maduró todo junto y rápido y que ahora, por muchos años que pasen, él seguirá exactamente igual. Sólo con bastante alcohol de por medio y a veces intuir cuales son sus puntos débiles, puedes hacer que cambie de opinión e incluso te dé la razón, por momentos. Aunque a la mañana siguiente no se acuerde casi ni de su nombre. Supongo que hoy todos los que decimos haber compartido y compartimos algo contigo, sea lo que sea, sí nos acordamos de este día; no como el niño, al que le tienes que recordar en el mismo día que es tu cumpleaños. Sí, continúa pensando que ahí reside uno de los puntos de tu encanto. Este año te doy unas felicidades enormes a dos mil kilómetros de distancia, porque la vida así lo ha querido. Sé que en el fondo estás muy agradecido de que sea así, para no temer a la pesada que vendrá a tirarme de las orejas y a darme la brasa de noche. No hace falta que escondas que te gusta un poquito, eh? ¡Je, je, je! Se supone que lo que toca es decirte lo maravilloso que eres, pero olvídate, no te voy a decir nada de eso, que bastante genio te crees como para subirte un poco más los humos, ¡je, je, je! Pero sí puedo aprovechar y darte las gracias por  hacer que siempre viva en la realidad que me rodea y mantenga los pies en la tierra, gracias por todos los momentos que hayamos podido compartir y las conversaciones que me has hecho escucharte, ¡je, je, je! Estoy segura que por delante nos quedará, por lo menos, algún momento más que vivir juntos. En serio, me alegro de poder felicitarte este día como una especie de amiga que soy, ¡je, je, je!

Un beso muy fuerte, due baci italiani, y que la celebración sea con cabeza, que nos conocemos, ¡bicho!
Muchas felicidades Dani, tanti auguri! (en italiano J)

jueves, 17 de marzo de 2011

¿Hasta cuándo?

Sé que tengo que dejar de mirarla, que tengo que seguir sin pensar en él, sé que no puedo seguir hablándole cada día, cada vez que lo vea aparecer. Pero ya no sé cómo llevar todo esto. Nada está asegurado y asusta. Lo incierto, da miedo. No tener las cosas por seguro hace que tengas una sensación de inseguridad contigo misma y que te falte algo para sentirte entera. Esto sucede cuando has dejado que esa persona sea tan importante para tu existencia. Has dejado que se meta tan adentro que te sientes a medias si no la tienes segura a tu lado, de la manera que tú quieres. Y eso a veces es imposible que suceda. Entonces, en algún momento que ves su cara, crees que no vas a ser capaz de seguir. Ver a esa persona te da fuerzas. Pero saber que son fuerzas engañosas, te mina mucho más que si no supieses nada. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una felicidad completa? Vivir en una realidad que nosotros dibujamos, no es vivir en la realidad de verdad. Y todo lo resolvemos diciendo que somos felices. Falsa felicidad. Falsa realidad. Es todo lo que la esperanza nos puede proporcionar.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Ojala caiga el diluvio universal.

Me gusta no pertenecer al mundo del ruido y del caos, de los coches y la contaminación en grandes cantidades. Me gusta estar rodeada de verde, azul, playa y eternos paseos, como el primero por la playa. Me gusta tener que coger un autobús cuando no podemos usar el coche para desplazarnos a esa otra parte de altos edificios y descontrol urbano. Lo admito, me gustaba la idea de poder hacerlo en el asiento del medio de aquel autobús. Bueno, en realidad, fueron dos, el de ida y el de vuelta. Ahora una sonrisa picarona y las ganas inmensas que tengo de follarte, impedirían más que mi palabra que la negación saliese de mi boca o de mis manos. No sólo te hubiese dejado introducir la mano en mis vaqueros aquella tarde. Ahora no. Ahora incluso yo te obligaría a que nuestros cuerpos se amoldasen a aquellos asientos y se perdiesen del radar del ojo del conductor. Morbo sí, pero no en dimensiones de tan alto riesgo. Por suerte ese autobús lleva gente, pero a nuestro alrededor habría asientos vacíos, lejos de las miradas cotillas. Aunque realmente, poco me importaría que aquellas noches se masturbasen pensando en nuestra escena. Dos cuerpos tapados estratégicamente entre lo que el espacio desnudo fuese el necesario. De hecho, yo encima de ti, en cualquiera de las posturas posibles dentro de aquel autobús, no dejaría casi un mínimo de piel al aire. Tu cuerpo cubriría el resto y nuestras manos se encargarían de tocar sin destapar. El arte de la provocación encubierta. Ahora pienso qué grande sería ese momento. Ahora no me gusta pensar en que te dije que no en aquel momento. Ahora me pongo pensando en hacerlo así contigo. Bueno, así y de cualquier manera. Quiero terminar conversaciones con el tiempo y que aquel mismo autobús, a aquella misma hora, pero con motivo diferente, nos dé también una segunda oportunidad.

martes, 1 de marzo de 2011

La constante discontinua incierta.

Caminaban agarrados de la mano y escupiendo palabras sin ningún ápice de romanticismo ni amor. Caminaban sin destino y hablaban del futuro que les separaría. ¡Qué manera más estúpida tuvieron de perder el tiempo! ¿Perder el tiempo? Puede que ahora, la distancia, la falta de sexo, haya hecho que nada tenga sentido y todo suene a incitaciones futuras que ni se llegarán a producir. Pero en el fondo aquello sucedió así de esa manera, porque tenía que suceder así. Es decir, hicieron el amor las veces adecuadas para que a ella no se le borre de las pupilas su mancha blanca del hombro izquierdo y a él sus movimientos encima, debajo, de lado y un largo etcétera. Está claro que ellos nunca perdieron el tiempo. Las palabras del final sabido, eran marcas del miedo, del temor, del no querer que se acercase tanto a ellos. Y ahora, sólo una parte conserva ese miedo, al final, al volver, al no. Suda ganas y respira deseo, pero siente miedo, falta y rechazo a medias. Las palabras serán uniones o puentes entre la relación. Sólo las mismas pupilas que retienen sus cuerpos desnudos, sus movimientos y posturas, determinarán el tipo.

viernes, 11 de febrero de 2011

"ODIO".

¿Sabes? Hoy, once de febrero, haríamos siete meses. Y sería muy feliz de poder tenerte a mi lado, osea, que siguiera contigo. Y no como estamos ahora. Odio esta situación. Tener que aguantar las ganas de decirte algo, de repetirte feliz no-mes-aniversario o todas esas cosas que te podía decir antes y de las que pasaste. Recuerdo el once de enero, cuando abriste la caja, viste los textos y la camiseta y me recordaste el primer día que nos besamos. Te pedí que recordases alguna de esas cosas para no terminar sin saber nada el uno del otro. Ya no es que me haya quedado sin tu apoyo, es que estoy peor que si nunca lo hubiese tenido. Y tú, sonríes. Continúas con tu vida como si nadie importante se acabase de ir de ella para siempre. Y yo, me acuesto con otro hombre. Pienso que nadie lo hará como tú e intento recordar esos momentos contigo. Soy lo peor. digo en voz alta que te odio, que te odio mucho por no decir nada. Pero, en realidad, a quien odio, es a mí misma. Por no poder imitarte y hacer como si hubiese eliminado lo único que me molestaba en mi vida, lo único que me ponía triste. Quiero querer olvidarte, pero odio no querer hacerlo en realidad. Sí, lo sé, soy tonta.

jueves, 10 de febrero de 2011

Del amor al sexo [continuado] no siempre hay un paso. Del sexo [continuado] al amor, casi siempre.

Y aunque no se quieran, lo disimulan demasiado bien. Puedes decir que ella es una puta que se tira a todo lo que se mueve. Pero en el fondo, todos empezamos cada noche o incluso despertamos cada día, pensando en hacer eso. En tener un agujero donde meterla o un rabo que poder meter. Por este pensamiento, dejamos que pasen las cosas que pasan. Y sí, me refiero a terminar con el último de la barra en tu cama o yéndote con la primera que te prometa chupártela como nunca. La carne es débil y más si dejamos que nos controle. El sexo es deseo y el deseo un cúmulo de ganas a las que no debemos decir que no. Al sexo no se le puede decir que no. Y entonces es ahí, en este punto justo, cuando te empieza a gustar lo que estás probando, cuando descubres que puede haber algo mal. Sí señores, no nos engañemos y seamos sinceros con nosotros mismos y los que están al lado. Una vez alguien me dijo al oído en un banco frente al mar: "cuando una pareja no funciona en la cama, tarde o temprano dejará de funcionar en el resto de las cosas". Y es algo totalmente cierto. Esa pareja se acaba deshaciendo, porque termina por darse cuenta de que no tiene nada más por lo que tirar. El problema, si es que es un problema generalizado, sucede al revés. Cuando esa pareja que lo hace tan bien en la cama, tiene que intentar que le vaya igual de bien en todo el resto. Y cuando encuentras a una persona que te lo pone fácil para que suceda así, te das cuenta de que quieres algo más y que dure más. Entonces, ahí, se inicia la relación sin futuro cierto. Al fin y al cabo, el sexo, es la base de toda relación. Se aceptan argumentos capaces de tirar por el suelo esta teoría.

#2

Otro jueves más a la misma discoteca de siempre y con muchas ganas de fiesta. Supongo que tú pensarás lo mismo al otro lado, aunque espero que te mantengas encima de los balcones y no te me caigas y me hagas coger un vuelo de urgencia. Espero que tu día haya sido más productivo que estos míos, en los que sólo me dedico a ver Perdidos y poco más :) Bueno, hoy he ayudado a una señora que quería mear en el supermercado y me pidió que le agarrase la puerta que no tenía pestillo. Menos mal que estos cuatro meses han hecho que mi italianos sea muy muy fluido ;) Sigo esperando noticias de ti. Mañana te cuento mi noche. Mua!

Porque se me olvida querer olvidarte.

El día en el que desapareció de nuestro diccionario conjunto el verbo amar, perdió su significado general de cualquier diccionario de biblioteca normal, de calle. De hecho, ese mismo día desaparecieron de él todas aquellas palabras que pronunciamos un día al unísono. Se quedaron mis palabras llenas de sentimiento a distancia y tu silencio. Todas tus palabras se conjuntaron en un silencio vacío. Tu parte de nuestro diccionario se hizo transparente a mis ojos, como ya se había hecho a los ojos del resto mucho antes. Borraste la palabra perdón, incluso antes que yo. Y le añadiste a la palabra distancia las definiciones del verbo olvidar. Yo escribí debajo del sustantivo silencio las de rabia, dolor, impotencia y odio. Multipliqué el nombre odio, el verbo odiar y el adjetivo odiado por pena y tristeza. Se esfumaron las palabras bonitas, de amor y alegría, de risas y miradas. Poco a poco fuimos vaciando por completo nuestro diccionario, olvidando el modo que tuvimos de introducirle las palabras que los dos queríamos. Y ahí se quedará. Nuestro pequeño diccionario de bolsillo, tirado y sucio debajo de aquella cama, donde nacieron la mayoría de los vocablos de los dos. Se llenará de polvo y olvidaremos que algún día lo escribimos con ilusión y ganas. Se quedará en el olvido hasta que alguno de los dos lo quiera buscar, lo encuentre y lo rellene con los significados de la palabra recuerdo.

martes, 8 de febrero de 2011

#1

Dentro de una hora haré mi último examen. Ya te contaré qué tal me ha ido,porque no he estudiado nada de nada por darle vueltas a la cabeza. Deséame suerte en voz alta,que lo escucharé desde aquí. Mua.

Cuando sentir no vale de nada.

Es normal que te sientas perdida. Que quieras dar pasos adelante, pero sientas que los estás dando en la dirección equivocada. Que se te pase por la cabeza el mero hecho de dar un pequeño paso atrás, que todas esas personas a tu alrededor evitarán. Es normal que quieras recuperarlo. Pero no puedes recuperar a una persona que no quiere que eso ocurra, que no quiere ser recuperada. Era ya demasiado tiempo el que había pasado. Demasiados bajos y escasos altos que hacían que sólo tú tuvieses ganas de seguir. Pero, por eso mismo, no te puedes quedar ahí. Siempre le has intentado demostrar lo que sentías y por poco que él hiciese para ti siempre fue suficiente. Y no tendría que haber sido así. ¡Quiérete! ¡Cómo nunca nadie te haya querido! Y mira hacia delante, pequeña. Porque ahí delante, en todo ese camino que te queda por recorrer, encontrarás a millones de personas que valen la pena y que te querrán de verdad. No pienses en el futuro, en el qué vendrá. Porque llega sin más, sin avisar, aparece delante de ti y ni te lo habías planteado. Tú sí puedes estar tranquila, le has dicho todo lo que le tenías que decir y no te ha quedado ni una sola palabra sin escribir. Y mira él, no ha dicho ni mu. Le da igual que te quedes con la imagen de niñato e hijo de puta que te ha dejado. No le importa. Así que tú tienes la conciencia muy tranquila y te toca tirar a ti. Sonríe, porque vales la pena. Y si no lo ha podido ver, no ha sido porque no se lo hayas mostrado. Ha sido porque su careta de egoísta y prepotente que ha intentado llevar todo este tiempo, se lo ha impedido. Caminaréis vidas diferentes, quizás no una mejor que la otra, pero lo haréis. Así que no pienses en el siguiente paso que des en él. Piensa en ti, en que las huellas que vayas dejando, sean las que quieras dejar tú.

lunes, 7 de febrero de 2011

Circolarità.

No te atrevas a abrir la boca para negarlo. Mentirías. Juegas con demasiados puntos a tu favor y eso hace que siempre acabes ganando. Sabes perfectamente que recuerdo con total claridad la manera que tienes de agarrarme los muslos y abrirme las piernas lo suficiente. Y que me revuelvo en mi silla sólo con pensar la mirada que me pones cuando te decides a entrar. Porque en las distancia cortas, siempre saldría yo ganando. Y no puedes decirme que no. Mentirías. Cuando me coloco encima de ti y empiezo a moverme, me aprietas lo máximo posible a tu cuerpo y cierras los ojos, porque las ganas y el placer te impiden mantenerlos abiertos. O cuando decido descender hasta debajo de tu ombligo y me detengo durante unos minutos, hasta que entremezclas tus dedos en mi pelo y empiezas a acompañar los movimientos constantes e irregulares. Me encanta saber exactamente en que punto debo empezar a recorrer con la lengua en camino inverso y terminar en el éxtasis de ambos. Qué fácil resulta todo cuando conoces cada punto álgido del cuerpo del otro. Y lo bueno de las sorpresas, que llegan cuando menos te lo esperas. Como aquel movimiento extraño que hacías a veces o cuando decido tomar la iniciativa y te quedas sin saber responder. Un conjunto perfectamente integrado, diría yo. Pero en las distancias largas te haces más fuerte, mucho más fuerte que yo. Y, por desgracia, es algo que todavía no he aprendido a controlar. Quizás el dejar de recordar ayudaría. Pero mentiría.

domingo, 6 de febrero de 2011

"Siempre en estado de espera".

Cuando la única idea que se te pasa por la cabeza es meter a cualquiera que supere el cinco entre tus sábanas porque crees que es lo más fácil y decides olvidarte de cualquier tipo de sentimiento que te recuerde a tu yo pasado, llega un momento en el que descubres que simplemente te estás autoengañando. No se trata de que uno sea más guapo que el otro, ¡qué va! Siempre habrá tíos que te atraigan por equis o por i, pero se quedará en mera atracción física incapaz de llenar algo más allá. Bien sea por una competición absurda en la que te ves sin quererlo, porque sea el único capaz de hacerle apretar los dientes de rabia o porque te dice cochinadas con acento extranjero. Pero abres los ojos y dices que no. Recuerdas aquellas palabras y vuelves a tu yo verdadero. El romántico y que se derrite con un mísero detalle de la otra persona. Al que le has pedido que no cambie por ser simple y llanamente perfecto. Ese que tiene miedo de pensar en el tiempo que queda y teme aún más el después. Este yo necesita saber que todo irá bien. Abre la boca y dilo, por favor. Porque al resto de la gente no soy capaz de oírla. Por favor.

Él, pasado.

Había dejado de ser la última noche del año unas nueve horas antes. Sí, aquella mañana era la primera del nuevo año y más tarde se darían cuenta de que era su última mañana. Dando tumbos por aquellas calles, una noche más, llegaron al piso de las afueras acompañados por un sol sin ganas de salir. El error estuvo en sentarla sobre sus rodillas. Pero sabía que era el mejor error que podía haber cometido, por el simple hecho de ser ella, una vez más, una noche más con él. Dios, cómo la quería y las ganas de ella con las que se levantaba cada mañana, era algo inimaginable antes de conocerla. Estaba preciosa con aquel vestido negro que dejaba ver el lunar de su espalda. La obligó a andar lo más rápido posible que le permitiesen sus tacones recién estrenados. Para subir las escaleras, lo mejor fue cogerla en brazos. La apoyó sobre las sábanas y al instante aquellos tacones cayeron gracias al efecto del destino y la gravedad. Tiró del lazó atado al cuello y el vestido negro de encaje siguió el camino de los tacones. Otra vez, delante de él, aquel cuerpo perfectamente desnudo. Botones por el suelo y al lado el pantalón, también negro. Ya la tenía dónde quería, encima de él. La forma con la que lo besaba hacía imposible el pensar que fingía. Ella nunca fingía. Era de verdad. Aquella lengua podía llevarlo al punto más álgido del éxtasis. Sólo su lengua podía conseguir eso. Era simplemente genial. Pero él también sabía que recorrer las líneas de cuerpo, suavemente con su dedo índice, la conducía al mismo punto. Y volvían a la misma postura. Ella arriba, él abajo y aquellos movimientos que con tal perfección ejecutaban. Los dos se hacían uno. Un uno que rozaba la perfección. Perfección alcanzada gracias a los escasos rayos que conseguían atravesarlos. Escasos rayos que aquel sol sin ganas les regalaba como signo de realidad. Porque ellos habían sido una realidad sin arrepentimientos durante mucho tiempo atrás.

viernes, 4 de febrero de 2011

Brazos y rabos.

Es inútil continuar con esta venda en los ojos. Seguir negando lo evidente es de personas poco inteligentes. No por cesar en el pestañeo en la oscuridad va a desaparecer. Lo sabemos. Volverá el sol como en el mes de mayo un año después. Y saldremos a recibirlo como se merece. Celebrando que ya podemos volver a hacernos el amor en la arena con las olas de banda sonora. Pero esta vez sin marcas en la espalda que el sol se encapriche en que no se vayan en todo el año. Ya que la ropa nos queda en poca cosa, podemos tener la toalla preparada. ¿Qué te parece? O bueno, las toallas, que una no nos deja revolcarnos y movernos a nuestro antojo. Y que el nuevo amanecer que nos alarme de que llegamos tarde a casa, nos invite a bañarnos. Sí, hacer el amor en el mar. Porque la bañera es demasiado pequeña, ¿verdad? El verano. Estación que no permite devorarnos con la mirada y multiplica por tres el sudor que desprenden dos cuerpos al rozarse. Tres meses que te dejan total libertad a la hora de elegir sitio donde disfrutar, ¿playa o montaña? ¡Da igual, lo importante es el acto en sí! Podremos coger el coche y dejar nuestra huella en cada playa de la costa norte. Poder recoger un puñado de arena que aprieto cuando llego al éxtasis. Sí, quiero hacer una colección con todas esas arenas. Tú guarda gotas de cada mar salado en frascos. Entre los dos recordar los rayos de sol como único elemento que se cuela entre nuestros cuerpos desnudos. Y que ese sea el recuerdo más fuerte del verano. Un verano sin vendas en los ojos, ni negaciones estúpidas o tiempos imposibles. Pestañear y detener el pestañeo en el abrir.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Confías en mí?

No me puedo creer que se vuelva a ir. No se puede ir. Es la chica a la que más he conocido y es que conozco cada gesto que hace, cada manía que tiene y todos sus puntos erógenos. Sé que le tengo que besar en el cuello para poder quitarle el sujetador y besarle los pezones para que me agarre con sus piernas. Sé cual es su postura favorita en la cama y que le pone hacerlo en lugares públicos y oscuros. Sé qué movimientos tengo que hacer para conseguir que llegue al orgasmo cada vez que hacemos el amor y que le encanta que le invente cosas nuevas. Sé que cuando se sonroja al susurrarle frases que llevan entre líneas dos rombos, me está pidiendo que no calle. Me sé de memoria el tono de sus gritos y la intensidad de sus gemidos, dependiendo como se lo haga. La conozco como si hubiese sido mía toda su vida. Aún así en el aquel momento que fingí estar tan seguro, me entró el pánico. Así que, sólo por si acaso, le dije que sólo con recordar cómo es el momento en el que iniciamos la actuación sexual me vuelvo a correr. Sí, sé que suena estúpido que le haya soltado que la forma en la que me deja entrarle es lo mejor que me puede ofrecer. Pero no lo es. Sé que es la mejor manera que tuve para decirle que cada noche que me acueste, sea en esa cama o en cualquier otra, recodaré ese momento y la recordaré a ella. Nunca me voy a olvidar de ella. Por eso me niego a que se vuelva a ir. Me niego a creerlo. Pero como no puedo detenerla cambio el segundo verbo. Bueno, lo modifico. En un abrir y cerrar de ojos, será venir y nunca más ir.

lunes, 31 de enero de 2011

11.7.2011

- Se me ha ocurrido algo.
- Miedo me das.
- Podemos quedar un día del verano para que me hagas fotos. Una sesión fotográfica. Eso es lo que quiero. Pero no una con arbolitos y flores por detrás a todo color. No, esas mariconadas no van conmigo. A mí me gusta lo erótico y pornográfico. Así que quiero proponerte una sesión de desnudo. Desnudo integral, para ser más exacta. Puedes decir “¿por qué no te la hace una amiga chica?”. Pero no quiero que me haga fotos una amiga, una chica. Porque ella me mirará con otros ojos, pupilas de amistad. Y lo que yo quiero es un ojo que me mire con deseo, que sepa reflejar con la cámara las ganas que tiene de acostarse conmigo. Una amiga no tiene ganas de follarme, tú en cambio ardes en ellas. Y no te tienes que preocupar de pensar cómo hacerlas, te voy a marcar las pautas. Quiero que reflejes todos los estados de un cuerpo femenino desnudo, pasando por varias etapas. Me harás varias fotos quitándome la ropa poco a poco, una por cada prenda que deje sobre las sábanas. Luego otras mientras me haces el amor. Sí, el durante. Una amiga no podría hacer esta parte y yo quiero que seas tú el que me ayude en las posturas. Tendrás que ingeniártelas para que sólo salga mi cuerpo en ellas mientras me conduces al éxtasis. No te quejes, es la única parte en la que tienes que esforzar “un poco”. Y la tercera etapa son las fotos de después. El pelo alborotado. Las gotas de sudor. La cara del cansancio. La sonrisa del placer. Puedes pensar también qué parte de mi cuerpo refleja mejor el resultado obtenido durante en el acto en sí. También te quiero pedir un capricho, porque siempre he deseado tener una foto en la que solamente lleve puesto un pantalón vaquero. ¿Te parece? Como recompensa, te dejaré que me fotografíes lo qué quieras, cómo quieras y dónde quieras. Para que te acuerdes de mí el resto de días que te quedan sin mí. ¿No es una buena idea? No puedes negarte ahora.
- Fui ingenuo al pensar que sólo querías hablar cinco minutos y nada más.

domingo, 30 de enero de 2011

Pompas de jabón.

Cuando era pequeña, lo que más me gustaba era que mi abuelo me comprase aquel bote de plástico con el que podía fabricar ilusión y fantasía. El bote que hacía pompas de jabón. Ese bote contenía algo especial que ayudaba a que las pompas saliesen grandes y perfectamente redondas, siempre que supieses soltar la cantidad de aire adecuada por la boca. Me divertía sentarme en el banco del parque al lado de mi casa haciendo pompas toda la tarde. A veces, pocas, se lo dejaba a mi hermana pequeña para que las hiciese ella y yo corría detrás para intentar atraparlas. Cuando llevas varios intentos, te das cuenta de que sólo con tocarlas se deshacían. Odiaba no poder sostener una sola pompa de aquellas. No podía retener un sólo poquito de aquella fantasía que salía del bote de plástico rosa. Pero lo que más detestaba de aquel bote, era que si se terminaba no había forma de poder crear las mismas pompas perfectas sin tener que comprar otro. Y comprar significaba que las pompas era diferentes, no eran las mías. Durante varios veranos recuerdo tener a mi madre buscando miles de formas de jabones diferentes para poder obtener las dichosas pompas perfectas. Y que al final no las pudiese retener y tuviese que dejar que se marchasen lejos, muy lejos. Es curioso ver como el futuro y el destino se encaprichan y hacen que tu vida se convierta en una metáfora de pompas de jabón. Lo único que me apetece ahora es dejar que esas pompas de jabón que parecen perfectas, se vayan lejos, a lo más alto de las nubes. Lo único que una hace cuando se da cuenta de que ha dejado de ser la niña de las pompas de jabón del bote de plástico rosa, es probar diferentes botes hasta encontrar el más vacío, el que no le fabrique ilusión y fantasía, el que sólo le ofrezca la parte real, de verdad, la que nunca se agotará: el bote de plástico y el palito pegado a la tapa que se usa para hacer las pompas. Has dejado de querer ver y retener las putas pompas de jabón. Suerte.

jueves, 27 de enero de 2011

Ganábamos a partes iguales.

Jugar bajo las sábanas al yo me dejo encontrar, tú busca. Sí, lo nuestro siempre fue un juego continuo. Y risas. Hacíamos el amor con unas ganas inmensas, una fuerza sobrenatural con tintes de romanticismo y plagados de sexo sin control. Tú encima, con esa cara de "te vas a enterar ahora". Yo esperaba impaciente por ver la siguiente jugada. Entonces hacías ese movimiento extraño, hacia arriba, adentro, hacia un lado, más adentro. Sabías que lo habías conseguido y sonreías. Abría los ojos, te miraba, te veía esa sonrisa de victoria y reía de placer. Siempre fue un juego de risas en el que ninguno de los dos perdía.

miércoles, 26 de enero de 2011

Porque me prometí que la vida serían etapas.

Vete, corre, huye, lárgate, ¡desaparece ya de mi vista! El mundo en general está lleno de zorras que la sabrán comer mejor que yo, ¿a qué esperas a ti que tanto te gusta viajar? Tú en particular estás rodeado de niñatas que se pueden morir de ganas por follar contigo una noche con la ayuda del alcohol. Si dices que lo que buscas es simplemente eso, vete detrás de ellas, sígueles su juego y disfruta. Pero no hagas todo eso queriendo tenerme a tu lado, directa o indirectamente. No tienes porqué preocuparte por mí, estaré mucho mejor sin saber nada de ti. Lo juro. El mundo en general está lleno de tíos a los que me apetecería follarme en cualquier rincón, playa o montaña, público o privado. Yo en particular estoy rodeada de tíos por los que no dudaría un segundo en meterme en su cama. ¿Que por qué no soy yo la que se larga y desaparece de la faz de la tierra? Porque sabes que a mí nunca se me ha dado bien dar el paso definitivo. Dejo las bases razonables para que tengas las cosas fáciles, otra vez. Coge las instrucciones y aplícate el cuento. Pero deja ya esta tontería que no sirve a ninguno. Las ganas se pasarán con el tiempo y con otros cuerpos. Y todo pasará. Porque la vida pasa. Por mucho que tú te detengas ella nunca sigue tu ritmo. No ganas nada. Continúa, avanza y pasa.

martes, 25 de enero de 2011

La culpa.

Exactamente eso es lo que no puedes hacer. No puedes pregonar a los cuatro vientos las ganas que me tienes. No puedes pensar en estar conmigo el resto del tiempo después de todo eso. No puedes pedirme que sea sincero con lo que siento por ti. Tú eres la que no me puedes pedir a mí nada. Porque no eres tú la que se siente culpable. Yo también cargo con el cincuenta por ciento de ese peso. O el sesenta, si me apuras. Un puto niñato al que una le baila un poco cerca de la polla y sólo piensa en tirársela. Sí, podría encajar en esa simple definición. Pero yo soy el único que sé que faltan muchas más palabras para poder definirme a día de hoy. En ese significado nos encajamos cualquier hombre sin excepciones de raza ni edad. E incluso las mujeres, si le cambias el sentido. Soy un puto niñato porque no ha pasado el tiempo suficiente como para considerarme un hombre. Y sí, cuando una tía está buena y se sabe mover se me pasa por la cabeza cómo sería follar con ella. Pero al instante siguiente la comparo contigo. Sí, idiota, contigo. Y a día de hoy, mi pensamiento siempre termina de la misma manera. Ninguna es como tú, ninguna hace que me quede prendado de su mirada sólo con verla unos segundos. Ninguna hace que salga de casa una noche pensando en volver a robarle un beso a pesar de saber que está con otro. Ninguna me deja con las ganas exactas como para volver a caer. Ninguna ha hecho que diga "serás mía" y quiera intentarlo. El alcohol, y no lo pongo como excusa, pero sí ha ayudado a que compartiese babas y sexo con alguna, pocas, dos. Y al día siguiente me da igual que no se despierten a mi lado o que no me dejen un mensaje. Yo tampoco lo hice, ni lo pensé. Y todo por una simple razón, ellas no eran tú. Ninguna del resto es como tú.

lunes, 24 de enero de 2011

Puedo hacerme la sorda,pero te escucho.

Cobarde. Admite que lo único que quieres es decirme dos frases por semana y conseguir sacarme una sonrisa para que en el fondo de mi cerebro sigas estando tú. Admite que lo demás te da igual, el cómo esté o el qué sienta. Dilo. Que lo único que quieres es tenerme por segura. Un seguro de sexo ilimitado e incondicional. Admite que todo esto lo haces con ese único motivo. Sé valiente por una vez y ¡admítelo!

domingo, 23 de enero de 2011

Fuego y quemaduras superficiales. Por ahora.

- ¿Volverás con él?
- No lo sé...
- ¿Cómo no vas a saberlo? No es por meterte prisa, pero a estas alturas eso también te lo tienes que plantear. Los minutos corren, los días pasan y el tiempo vuela.
- No puedo saberlo. En una relación tienen boca las dos personas que la forman. Por mucho que yo quiera o no, él también tiene algo que decidir.
- Tonterías. Él va a querer. ¿Cómo no va querer? Nunca antes había tenido a una mujer así a su lado. Bueno, en realidad nunca antes había tenido a una mujer a su lado. Y ahora, tampoco las tiene aunque lo intente. Las únicas que pueden simular dicha situación están bastante lejos de tu definición.
- No te pases. Soy una chica normal y él un chico normal. Deja que esté con quien quiera.
- No quiero. No quiero dejar que ese estúpido vaya a estar con quiera estar. Porque al final querrá volver, porque ahora quiere estar contigo, pero es un ciego estúpido que tú no te mereces. Puede que yo no sea el hombre perfecto o ni siquiera me pueda incluir dentro de la palabra hombre, pero lo intento. Y quiero estar contigo al volver. Quiero poder hacerte el amor en la playa en verano. Quiero estar a metros de ti, caminarlos y meterme entre tus sábanas. No sé si voy a terminar queriéndote. Pero sé que ahora mereces tener al lado a alguien que te valore. Y yo como mujer te pongo en lo más alto. Por eso no quiero que vuelvas con él, quiero hacerte mía hasta que te aburras y pueda sentirme orgulloso de haber compartido, al menos algo, contigo.

sábado, 22 de enero de 2011

Dueños de sus propias posturas sin definición.

Se dieron cuenta de que todavía tenían muchos, demasiados, recovecos que no habían llegado a pensar. Es cuestión de que la compenetración salga sola. Sin forzar se mueven al mismo compás, poco a poco hasta cambiar en el mismo minuto de velocidad y postura. Y de todo eso nacen formas y géneros a los que prefieren no poner nombre. Porque de repente el puede agarrarla, elevarla físicamente un poco y hacer que toque el techo con las yemas de los dedos de los pies. Porque de repente ella rompe el ambiente de calma y tranquilidad post-coital para jugar con su miembro y tomar la iniciativa. La teoría pasa a un tercer plano en el que los protagonistas son ellos y sus impulsos carnales. Entonces de los gemidos y susurros fuertes, pasa a gritar levemente su nombre en cada aliento. Y él sabe que ha encontrado el punto exacto para detenerse el tiempo que quieran y hacerle eterno.

¿Lo quieres tú?

-Mira, para que te dejes de montar películas tú sola te diré toda la verdad. Sí, me he follado un par de veces a la rubia esa que vive en mi misma ciudad. Lo hace genial, parece que haya inventado unas nuevas normas en el arte del sexo, nuevos movimientos jamás inventados y me sacia las ganas como pocas lo habían hecho antes. Con la camarera de aquel bar también tengo contacto. Dos veces nos hemos enrollado, pero sin llegar a nada más. Aunque, es cierto, ganas no me han faltado y quizás tampoco me falten ahora mismo. Pero no ha ido más allá del tonteo y la lengua. Y después todavía hay otra. La que me rompe la cabeza cada día. La que me pone de mala leche cada vez que me escribe algo. La que hace que encienda el ordenador y se me vaya la sonrisa de la calle. La que hace que haga todo lo contrario a lo que debería hacer. La que me hace caer cada vez que la veo. La que tiene el poder de mirarme y decírmelo todo. La que en la cama me hace olvidar que existe un mundo horrible detrás de ella. La que pone música a cada momento de mi vida. La que hace que se me acelere el corazón en cada cita. La que tiene el don de robarme palabras que antes ni había llegado a pensar. La que me impide mentir. La que cree en mí y con eso me sobra lo demás. La que me ha hecho plantearme las cosas de verdad. La que se preocupa por mí cada día. Ella es esa que me desquicia cada minuto hasta llegar a odiar que exista porque ha complicado mi vida como nadie antes lo había hecho. Pero ella es la que al minuto siguiente no me da ningún motivo y entiendo porque quiero pasar el tiempo que sea a su lado, una milésima de segundo me es suficiente.
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué no estás con ella y me dejas hacer mi vida en paz?
-Porque ella sabe quien es (sabes quien eres). Y que sólo el tiempo puede ponerme en el lado izquierdo de su (tu) cama o echarme de esa habitación para siempre.

Una, por suerte, entre tantas.

Descubrir que ninguno de los dos tenemos fondo cuando del centro exacto de la superficie se trata. Nada que tape la perfección. Nada que tape lo que suceda dentro de aquellas cuatro paredes. Cuando todo está encendido, cuando las ganas de apoderan incluso de los muebles, es cuando mejor lo hacemos. En un momento dado, repetimos postura hasta llegar a un preciso instante de originalidad. Agarras mis piernas y las colocas sobre tus hombros. Me acerco más a ti, casi del todo. Y continuas, sin perderte. Hacia dentro, hacia fuera, hacia dentro, hacia fuera. Y la necesidad de arañar las sábanas se apodera de mi uñas. Hasta llegas al punto justo en el que cerramos los ojos, mordemos los labios, suspiramos y nos dejamos llevar por el ritmo creado. Hacia dentro, hacia fuera, hacia dentro, hacia fuera. Y llegamos al final deseado. Esta vez los dos juntos, al mismo tiempo. Me miras y te devuelvo la mirada. Sonríes y te devuelvo la sonrisa. Me abrazas y celebramos que nunca perderemos esas cualidad.

La penúltima vez.

¿Preocupado porque se me hayan olvidado las partes del medio? Tranquilo, todavía las tengo demasiado presentes en mi sexo, en mis labios, en mi lengua, en mis pechos, en mis nalgas, en mis rodillas, en mis manos, en mis ojos, en mis pies… como para poder olvidar la última vez que hicimos el amor. No se me ha olvidado que después de llegar al orgasmo tengas los pies fríos, como en aquella película. No se me ha olvidado la manera suave de hacer sensual la postura más sucia. No se me ha olvidado como te acercaste al lado derecho de la cama, me abrazaste, suspiraste en mi oído y pediste permiso para entrar. No se me ha olvidado el modo en el que pides que te abrace y dejas que me duerma encima de ti. Tranquilo, todavía no se me ha olvidado ninguno de estos instantes… los tengo tan presentes como tú.

Y no te preocupes por la recaída, que sea la más fuerte.

- ¿Recuerdas cuándo fue?
- Nueve días atrás, noche de alcohol y luces baratas.
- ¿Recuerdas la secuencia?
- Todo fueron monosílabos negativos, hasta darte cuenta de que no somos capaces de abandonarnos.
- ¿Y lo de después?
- Abrir tu regalo. Bajarte las medias. Subirte a la escalera más alta. Contra la pared. Escapar de la mano. Besarte mil millones de veces, como aquellos meses. Volver al mismo punto. Desnudarte entera. Hacerte el amor como siempre, porque eso es algo imposible de cambiar, no por no poder, si no por no querer. Volver a dejar que cruces esa puerta, muy a mi pesar, por tercera vez en cuatro meses.
- Y a pesar de que todo volvió a ser perfecto, ¿sabes qué fue lo que me sigue haciendo sonreír?
- No sé..
- Que nunca nadie antes me había cantado nada por la ventana, ningún chico habría gritado mi nombre dos pisos por encima de mí. Y gritarme a los cuatro vientos el día exacto para volver a vernos.
- (8) Lindas pompas de jabón (8)

Terapia contra el miedo: sexo sin control.

- Tengo miedo.
- ¿Por irte?
- No. No me asusta marcharme,porque conozco todo aquello que me está esperando y sé que me encanta. Pero tengo miedo de no ser capaz de olvidarte. Y no me refiero a sacarte de la cabeza,no. Eso con un clic y luego dos más estaría hecho. Fuera de mi mundo. El tiempo haría el resto.
- Entonces,si tan fácil es olvidarme,¿qué temes?
- Temo no olvidar las ganas que tengo de acostarme contigo. Temo no olvidarme de tu cara cuando la metes la primera vez. Temo no dejar de escuchar tus gemidos en mi oído. Temo no dejar de sentir el tacto de tu lengua. Temo no olvidarme de la manera que tienes de abrazarme,siempre en el punto exacto,para que suene de verdad. Temo no encontrar más amantes como tú.
- Sabes que como yo no hay más. Y mejor es muy difícil.
- Me da igual lo difícil que sea,siempre que esa situación llegue a ser real.

Al menos, ella no.

Después de dos horas resistiéndose entre sus brazos, había llegado el momento. Menos mal que antes de empezar habían decidido que junto el sillón pequeño situado a los pies de la cama se quedaba la ropa de ella y que al lado contrario la de él. "Para encontrarla antes". Porque sus bragas estaban enredadas en los vaqueros de él, las medias sobre su camisa y jersey. Sólo su vestido de colores obedeció a la dirección hacia donde deberían haber ido las demás prendas. Por todo eso, a ella le llevó tanto tiempo el volver a vestirse. (Contando también que era lo que menos le apetecía). Él la observaba desde la cama sin sábanas, medio destapado, y sin perder detalle de cómo subía las bragas, se abrochaba el sujetador y cubrían aquellos colores el resto del cuerpo desnudo hasta ese momento. Le encantaba la manera que tenía de reírse, la manera de darse la vuelta en la cama, la manera pasional con la que le besaba, le encantaba ella. Y la había llegado a conocer demasiado bien. Conocía lo que le gustaba de verdad, conocía cómo hacérselo y conocía justo el momento en el que ella descendería por su cuerpo, la conocía a ella y le encantaba. Por eso, esa noche, no se cansó de repetírselo de mil maneras distintas. "Me encantas. Me encanta tu humedad. Creo que te lo había dicho ya antes. ¿Lo recuerdas? Me encanta el poder entrar en ti poco a poco, pero con un sólo movimiento. ¡Dios, me encantas! Y no puedo pensar en la manera que tienes de empezar, en el cómo entro en ti, porque lo pienso y creo que me corro una vez más. Me encantas.". Y ella sabía que echaría en falta aquellas palabras el resto de su vida, ella sabía que aquello ya no volvería a ocurrir, él no volvería a entrar sin llamar. Aunque él se resignaba a creerlo, confiaba en el después de esos meses sigue la vida normal. Sólo les queda entregarse al tiempo, pero sin descuidar sus cuerpos. Al menos ella.

El sexo es algo recíproco: verdad.

Según sus palabras dijeron,ella era a la primera que se lo hacía. Y como con cada gesto y manera que hablan de sexo y salen de él, sonó perfecto. De ella aprendió a descender por un cuerpo desnudo hacia el mayor de los precipicios. Supo dónde detenerse momentáneamente y acertar incluso con aquellas palabras,repetidas por el miedo a fallar. "Tranquilo,sabes demasiado bien cómo usar la lengua cuando se trata de mi cuerpo y mis ganas".

Probamos y acertaste.

No es que aquella nueva postura con forma animal no me gustase o me asustase. Todo lo contrario. Esa nueva sensación de entrar como nunca antes lo habíamos hecho, fue extraña, rara.. demasiado placentera, quizás. Y sí.. ese sentimiento fue el que me asustó. La necesidad de tapar la boca y agarrar lo más cercano, eso fue lo que me asustó, lo que hizo que me diese la vuelta y te mirase a los ojos. "Eres increíble, volvamos a nuestro punto favorito". Reconozco que aquello marcó un punto de inflexión y reflexión. ¡Malditas ganas! Aunque siempre sabes cómo salirte con la tuya. Caricia, abrazo, acercamiento, tocamiento y dentro, ya estabas otra vez dentro. Justo como querías. A estas alturas y todavía cosas nuevas y demasiado buenas. Odio mantener las ganas de repetir, esas ganas que se van, pero que tú sabes perfectamente cómo hacer que vuelvan. Una y otra vez.

lunes, 10 de enero de 2011

Encántasme!


Y eso que hicieron un descanso, una parada, un no por respuesta. Pero había una segunda parte demasiado conocida para ambos. El "solamente para eso" era la más vieja de las excusas jamás usadas, pero era lo que menos importaba. La cuestión era verse otra vez, estar juntos otra vez. Ni siquiera se permitieron el lujo de llegar a las sábanas. Lo único que los tapaba era el abrigo de ella. Si alguien se atreviese a quitárselo, la envidia le habría recorrido cada vena. Allí debajo se escondía la perfección materializada durante unos minutos intensos. Mientras todo al rededor estaba congelado, aquel punto ardía. ¿Nunca se les iban a ir las ganas? La noche de ayer fueron conscientes de que no. Nadie se lo va a hacer igual y nadie lo va a querer igual. Además, follar nunca habría significado tanto, follar nunca había estado tan cerca de hacer el amor.

No digas que no.


Bajará las escaleras, como si de las reales se tratasen. Sonará de fondo la misma música que los hizo coincidir. Al fondo lo encontrará, bien entre muñecos y seco o en las alturas y demasido mojado. Media vuelta y a bailar buscando aquellos ojos nuevos. "Una mirada vale más que muchas palabras". Se acercará disimuladamente, temiendo, en cierto modo, la palabra negativa. Se encontrarán, una tercera vez más. Pero esta vez será diferente. La tontería, el miedo a reproches y la auto-obligación a reprimir las ganas se han quedado en aquella conversación. Dará rienda suelta a lo que quiera de verdad, a besarlo, abrazarlo, sobarlo, morderlo, hasta que le entren las ganas de cama mutuas. Y sí, a eso, también le quiere dar rienda suelta.

También lo hicieron en el baño.


Y una vez más, al terminar, le hizo la misma pregunta: ¿te vienes a la ducha? Era imposible resistirse a ese baño caliente en agua fría. Una de las ventajas era la de no tener qe desnudarse para hacerlo, porque recorrían aquel pasillo enseñándolo todo, rozándose, tocándose, besándose. Un pasillo de menos de dos metros nunca había tardado tanto en caminarse. Entonces entraban adentro. Y aquella bañera se convertía en la mejor superficie para recogerlos. Agua derrapando por todo el cuerpo, besos encharcados y movimientos que parecían imposibles. Casi se olvidaban del jabón con las ganas. Pero lo recordaron al descubrir que con el aclarado venía una nueva versión del arte natural. Volvían a recorrer el pasillo de la misma manera, cambiando el desnudo seco por los sexos más húmedos. Ahora lo jodido era evitar las sábanas, volver a caer en su seducción, a sudar, otra vez más. Pero sin querer, habían aprendido a secarse tan despacio, que el placer era casi igual que el arte más natural.

jueves, 6 de enero de 2011

Nunca miraron a la pantalla.


Y si aquello se trataba de un pulso sobre quien aguantaba más tiempo encima,ella lo había ganado con mucha ventaja. En la cama la cosa podía cambiar. Él hacía trampas. Le sujataba las muñecas con fuerza y le impedía tocar su miembro viril. Jáh,ella nunca se dejó ganar tan fácilmente en este terreno. Usaba la cabeza y descubría nuevos métodos. Mejor dicho,usaba la lengua. Pero eso sólo conseguía hacerla perder tiempo. Él era incapaz de soportar aquella tortura erótica e intercambiaba sus cuerpos. Él ganaba,conocía demasiado bien aquel cuerpo delgado. Pero en el sofá,aquella vez,las cosas cambiaban. Ella,siempre,encima. Él,esa tortura,sabía que era imposible negarla.

Azul, gris y negro.


En ese instante,cuando lo tenía a menos de dos centímetros de la boca,vestido con aquel traje y de corbata, le hubiese hecho de todo. En realidad,aquellas palabras llegaron a salir de su boca,sabiendo que él jamás se negaría. Con la chaqueta fuera,era un obstáculo menos que sortear. Las ganas de aquel instante,reducirían a segundos el ritual de desnudarse mutuamente. Ni siquiera haría falta la sensualidad de la corbata negra. Desabotonar el pantalón y bajar las medias,lo facilitaba al máximo. Ninguna prenda habría tocado el suelo por completo,ni siquiera habría huído más allá de los tobillos. Follar con los tacones y la corbata en su sitio. Eso,sí que sería elegancia.

Los tacones, siempre, debajo del mueble a los pies de la cama.


Una vez más él con chaleco y ella con medias. Una vez más, suena su canción. Ella siempre los ha guiado al mismo punto. Y esta vez no iba a ser de otra manera. A pesar de todas esas ganas que invitan a acelerar el proceso, la una consiguió calmar al otro. Esta vez lo iban a empezar despacio, muy despacio. Mirándolo a los ojos, le iba aflojando la corbata poco a poco. Un tirón y beso, ese era el compás. Él se dejaba llevar, sintiéndola cada vez más adentro. Después el chaleco, su prenda favorita tirada sobre el mismo mueble que cada vez les ha sujetado la ropa. Le sacó la camisa de rayas y lentamente, botón a botón, él se quedó desnudo. Ahora le tocaba actuar a él. Besándola en la boca y repasando con la lengua su cuello le levantó los brazos. Bajó muy poco a poco la cremallera de su vestido. Fue terminar y ella se quedó en sujetador rojo y medias. Esas medias. La acostó sobre su cama y recorrió su cuerpo con cuidadosos mordisquitos, hasta detenerse en el punto de las medias. De rodillas él, sentada al borde de la cama ella, mirándose a los ojos, descubrió el tanga rojo. El resto.., lo de siempre, inventarse maneras de hacer el amor en cada rincón de la misma habitación.

Un hueco libre para rellenar.

Lo hace tan bien,que siempre ha dejado huella en alguna parte de mi cuerpecito. El primer beso en la mejilla. La primera marca en el cuello. Rozaduras en la espalda por culpa del colchón de arena en verano. Heridas en las rodillas para que llegase al éxtasis del placer. O el simple paso de su pulsera en mi muñeca. Y al día siguiente,siempre venía a recalcar dichas señales. En cambio ahora,lo único que me queda,es el dolor entre las piernas después de dos horas de sexo. Y al día siguiente,el vacío que ha dejado en el mismo sitio.