lunes, 13 de diciembre de 2010

Una, y no más.

- ¿Pero cómo se le pudo pasar por la cabeza la idea de mandarlo todo a la cuneta sin preguntar?
- Porque el amor requiere de dos fuerzas más o menos equilibradas. Y cuando una de esas dos siente que está tirando sola, entran las dudas.
- ¿Dudas acerca de mí? Pero sin tener novia nunca, he apostado por una relación a dos mil kilómetros de distancia y porque ella se va a follar a los italianos. ¿Qué he hecho mal?
- No recordarle esto cada día. No es a mí a quien se lo tienes que decir, si no a ella cada mañana que se despierte abrazada a un peluche que lleva tu nombre y cada noche que se duerme con tu imagen como el final de su día. Entonces a ella no le volverán las dudas nunca.

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