jueves, 9 de diciembre de 2010

Con insinuaciones.

Igual que un videoclip indie que parece no tener sentido. O un cortometraje en el que cada escena parece tener un guión independiente del resto. Esos son los recuerdos que permanecen. Imágenes sueltas. Frases dichas. Momentos puntuales. Movimientos descontrolados. Besos robados. No se trata de un plano secuencia que carece de cortes. Todo lo contrario. Alcohol y luego calle. Frases y dos cuerpos desnudos. Parecía que habían entrado de una manera inocente, pero les sobró tiempo para quitarse la ropa. Igual que en la magia, uno hace un chasquido y al otro se le cae todo. Ganas, ganas de besarse, ganas de tocarse y ganas de hacerlo. El juego en la cama se convierte en un invento continuo de formas y géneros. Demasiado alcohol en vena como para inventar un film de noventa minutos. Se acuesta el uno al lado del otro y en medio, pensamientos. Culpa, pero ganas. Toca esperar a la mañana siguiente para saborear el próximo beso. Como se suele de decir, el de los “buenos días”. La luz de la madrugada les da la bienvenida a la realidad del día después. No existe el arrepentimiento y se agradece la compañía y el beso de despedida. Y en el olvido se queda algo pendiente.

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