domingo, 5 de diciembre de 2010

Avd. C, portal nº117

Empezar como siempre. Luces baratas y de mala calidad. Focos que tergiversan rostros. Copas que confunden cuerpos. Ganas que marcan el camino una noche más. Él al fondo, detrás de las figuras de plástico durante los primeros minutos. Se llaman con las miradas y acuden como perras en celo. Pero es sólo el principio, lengua y nada más. Saben cuáles son los pasos a seguir. Alejarse más de dos centímetros incrementan las ganas hasta límites insospechables. Verano al norte nunca ha sido sinónimo de calor nocturno. Suerte en los pasos guiados por las farolas una vez más al edificio de la esquina. Esta vez es diferente, la luna aprieta. Por el camino se tropiezan con todas las paredes de la ciudad. Ella contra la pared, sostenida entre sus brazos, moviéndose al ritmo de la música lejana, provocando. Primer portal, primera parada. Lo empuja contra la puerta y se sienta encima de él, preparándolo. El verbo devorarse se quedó corto. Besos. Mordiscos. Dibujos con las lenguas en los cuellos. Y entran las manos en acción. Incluso la farola que los iluminaba se sonrojó. La calle fue testigo de cada movimiento sexual que protagonizaron. El éxtasis elevado a su punto máximo. Una escena pornográfica real, sólo interrumpida por un portazo en el interior. Siguieron los pasos guiados por las farolas hacia el edificio de la esquina. Esta vez, empezar como nunca, terminar como siempre.

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