domingo, 12 de diciembre de 2010

25J. Pum!

Aquella mañana de viernes del principio del verano, no fue una más. Para ellos era más que especial. El disparo que les indicaba la salida. La primera vez que aquellas cuatro paredes se verían empañadas con sus ganas. Durante el pasillo él no dejó de besarla, por el simple hecho de que no era capaz de caminar si no era tocando su boca. La detuvo a los pies de la cama y sin pronunciar una palabra, empezó a desabrocharla. Mirándola fijamente a los ojos se arrodilló delante de ella para continuar el camino del destape. Incapaz de aguantar más tiempo de pie, ella lo empujó para colocarse encima y desnudarlo con fuerza. Y a pesar de que el sol cubría sus carnes, ellos son de hacerlo debajo de las sábanas. Sentir cómo se deslizan por sus nalgas, cómo se les escapan cuando intercambian los roles. Para poder agarrarlas justo ese segundo antes o pelear con ellas durante minutos de gemidos. Fue una mañana en la que las palabras necesarias fueron dichas justo antes de empezar. Una vez comenzaron la actuación, las palabras eran totalmente innecesarias. Es más, sobraban. Fueron sustituidas por esas miradas con las que se beben y los roces delicados entre esas partes carnales que tanto necesitan el contacto. De hecho, era la mejor manera para hacer insignificantes las palabras, mantener las lenguas ocupadas en lugares mucho más placenteros.

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