miércoles, 29 de diciembre de 2010

Demasiada atracción sexual.

Me gusta hacer el amor con ganas, como vulgarmente se dice, me gusta follar. Moverme por toda la habitación y escurrirme en la cama entre las sábanas. Y que cuando él ve que mi cabeza está a muy pocos milímetros de la pared, me agarra de las piernas y tira de mí hasta el centro de la cama. Entonces es cuando mejor nos sale.

Excusas que invitan a despedidas.

Porque cuando me di la vuelta en la cama era para que lo intentaras por detrás, no porque me hubiese enfadado por el hecho de que me repitieras cada diez minutos que te la habías follado.

GRITA!

Y todo empieza en el mismo punto del no, pero con distinto final. Te llevo a casa (y nunca llegó). No vengas (y no se despegó). No puedes subir (y le abrió aquella puerta de par en par). Yo me voy a dormir (la mejor mentira). Fuera tacones, zapatillas y complementos. No le dejó minutos para quitarle la ropa y le sobraron para sacarle las medias (la primera de las tres veces que lo hizo). Después de tantas negativas que ni ellos se creían llegó el punto cumbre. Justo cuando él la agarró fuerte por los muslos y ya dentro de ella, la apoyó contra la pared mientras era rodeado por sus dos piernas. Justo ahí llegó el punto cumbre. Y aunque admitieron que no era lo mismo o que todo había cambiado, en el fondo, su fondo seguía igual que el primer día, intacto. Él presumía de su virginidad para que ella no lo tocase y la hacía enfadarse cantando no sé qué del jabón. Ella se divertía moviéndose sobre su espalda y jugando con su entrepierna. La rutina había cambiado, se conocían demasiado, pero desconocían hasta que punto eso era bueno o malo. Se limitaron a disfrutarlo.

Sábado noche. Navidad.

Ya no habrá mensajes de inicio, ni encuentro por casualidades preparadas, ni llamadas para huír, ni abandonos amigables, ni sexo en la calle, ni posturas obscenas entre sábanas, ni vibradores inoportunos, ni retenciones en la cama, ni ventanas oscuras e indiscretas. Sólo quedan las ganas levitando, las miradas sostenidas y una espera eterna con final próximo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Y soñó.

Subieron las escaleras hasta la primera planta a tropezones,puesto que el alcohol había minado en ellos la capacidad de percibir correctamente el espacio y el tiempo. Se encontraron la puerta abierta,como si su interior los estuviera esperando. Entraron en la primera habitación de la izquierda,la más grande,con televisión,sofá y dos colchones de noventa para juntar. De las cuatro paredes que la forman,una es todo cristal,dos ventanas enormes de cristal. Persianas alzadas y cortinas abiertas de par en par,no ocultaban nada a la vista de los vecinos de enfrente. Se desnudaron casi más con la boca que con las manos,ayudados por los pies. Tenían ganas de comerse enteros. Empezaron en el sofá,acostados,sentados. En el suelo no se detuvieron,a pesar del frío,aquello parecía un incendio. Papeles por el suelo,vasos rotos,y el siguiente lugar fue encima del escritorio. Lo intentaron encima también del radiador,pero la cama les quedaba demasiado cerca y era demasiado tentadora. Hasta que el sol cubrió sus cuerpos desnudos por completo,no dejaron de follarse. Pero una vez que los rayos llegaron a sus ojos,se toparon con la realidad: el cariño,el amor,las ganas de abrazarse,de acortarse sobre su cuerpo,de no dormirse nunca y no cansarse de mirarse a los ojos. Sabiendo que el día siguiente no existirá.

martes, 21 de diciembre de 2010

De 15 a 20 en poco tiempo.

Ella. Ingenua criatura capaz de imaginar que cada persona que camina por la tierra tiene el mismo fondo. Tiene veinte años para tomar la decisión de buscar oportunidades a dos mil kilómetros de todos aquellos que le harán falta cada mañana. Ser madura para afrontar determinadas situaciones como pérdidas familiares o afrontar fallos de amigos. Tiene veinte años para poder organizar cada etapa de su vida, cada movimiento profesional o familiar. Pero cuando se trata de amar, todo cambia. Se convierte en la niña estúpida de quince asquerosos años de la que cada inmaduro se puede reír cuanto quiera sin importarle una décima lo que ella sienta. A base de hostias, se da cuenta de quién es realmente cada uno, porque quien debió de luchar y por quien no mereció la pena. Caer y levantarse. Ahora tiene toda su vida por delante apra comportarse como una mujer de veinte años que es en cada uno de los aspectos de su vida. Y con mucha más razón, a la hora de amar.

martes, 14 de diciembre de 2010

Repeat.

Para evitar que el alcohol ensuciara la madera del suelo, decidieron que lo mejor era ingerirlo todo. Algunos no terminaron la noche en pie, otros solos en camas ajenas y ellos dos en la misma habitación. Allí estaba él, una vez más en su habitáculo internacional con otra persona del sexo contrario. Lleno de grados hasta arriba. Y ella, una chica encerrada en un cuerpo de una cuarentona. Cuarentona en el sentido completo de la palabra, vestidos justo por la rodilla, siempre camisa y nunca camiseta, tacones cómodos y no demasiado altos, maquillaje discreto y pelo domado. Con unas ganas desmesuradas por que algún tío le introdujese de una vez su pene, hasta dentro del todo, hasta el fondo. Sin importar quien sea, de donde, ni el idioma que hable. Las babas estaban bien al principio, pero ya es necesario pasar a palabras mayores. Actuaciones mayores. La estampa, los dos borrachos como cubas, ella con unas ganas de follar enormes y él con unas ganas de dormir del mismo tamaño. Es que ni siquiera llegaron a hacer el amago de quitarse la ropa o el intento de tocarse. Él se tiró en la cama y ella se quedo sola con sus dedos resignación, esperando al polvo de la mañana. Polvo que horas más tarde descubriría que tampoco iba a llegar nunca. Cuando él se despertó no se lo creía. ¿Quién era ella? Y al saberlo, ¿qué hacía metida en su cama? Sabía que lo hecho ahí se quedaba, así que se dio otra media vuelta y pensó "el alcohol me hará olvidar". El alcohol... al fin y al cabo, nuestra única salida en común.

lunes, 13 de diciembre de 2010

4710.

Se celebraban las fiestas del verano de su pueblo. Aquel día era el siguiente al más fuerte de los seis que duran. Era domingo. Nunca habían salido solos de noche hasta aquella. Delante de la sirena con senos bien esculpidos, lo agarró fuerte de la mano y huyeron de la masa de gente que permanecía atónita ante aquel pintor bohemio. Sus pasos los condujeron hacia la playa, de nuevo el mismo sitio que la primera vez. Fuegos de artificio decoraban la estampa. Jamás había tenido a alguien que la abrazase en silencio durante tal espectáculo, y él lo hizo sin necesidad de pedírselo. Después de esos quince minutos, la idea de irse de fiesta se esfumó de sus cabezas. A dos pasos tenían aquella cama que los había acogido dos días antes. Entre tropiezos de tacones, caricias obscenas que se colaban por debajo de la ropa y besos mordisqueados, llegaron. Velas. Música. Y vino. Y se comieron la noche. Él se despertó antes. Le sobraron minutos para levantarla a ella con besos en la mejilla que pasaron por la boca, cruzaron el cuello, atravesaron el camino del medio hasta perderse en lo más profundo de su anatomía. Al mismo tiempo que se despertaron sus cuerpos, lo hicieron sus ganas. Se abrazaban tan fuerte que parecían que se iban a romper entre ellos. Despacio, con los ojos cerrados y disfrutando de cada movimiento. El mejor amanecer del verano estaba a punto de ocurrir. Casi sin minutos de descanso, él se levantó y tiró de ella hacia la venta. Pero ella conocía la estructura y sabía que lo mejor estaba en la parte de atrás. Entonces, de repente, aparecieron dos cuerpos desnudos en el interior de un balcón con vistas a la playa de un segundo piso. Abrazándose con sonrisas y miradas. "Volvamos a la cama, te va a coger el frío". Y regresaron para quedarse dos horas más. Regresaron para seguir haciéndose el amor dos horas más a la luz del primer sol.

Una, y no más.

- ¿Pero cómo se le pudo pasar por la cabeza la idea de mandarlo todo a la cuneta sin preguntar?
- Porque el amor requiere de dos fuerzas más o menos equilibradas. Y cuando una de esas dos siente que está tirando sola, entran las dudas.
- ¿Dudas acerca de mí? Pero sin tener novia nunca, he apostado por una relación a dos mil kilómetros de distancia y porque ella se va a follar a los italianos. ¿Qué he hecho mal?
- No recordarle esto cada día. No es a mí a quien se lo tienes que decir, si no a ella cada mañana que se despierte abrazada a un peluche que lleva tu nombre y cada noche que se duerme con tu imagen como el final de su día. Entonces a ella no le volverán las dudas nunca.

domingo, 12 de diciembre de 2010

25J. Pum!

Aquella mañana de viernes del principio del verano, no fue una más. Para ellos era más que especial. El disparo que les indicaba la salida. La primera vez que aquellas cuatro paredes se verían empañadas con sus ganas. Durante el pasillo él no dejó de besarla, por el simple hecho de que no era capaz de caminar si no era tocando su boca. La detuvo a los pies de la cama y sin pronunciar una palabra, empezó a desabrocharla. Mirándola fijamente a los ojos se arrodilló delante de ella para continuar el camino del destape. Incapaz de aguantar más tiempo de pie, ella lo empujó para colocarse encima y desnudarlo con fuerza. Y a pesar de que el sol cubría sus carnes, ellos son de hacerlo debajo de las sábanas. Sentir cómo se deslizan por sus nalgas, cómo se les escapan cuando intercambian los roles. Para poder agarrarlas justo ese segundo antes o pelear con ellas durante minutos de gemidos. Fue una mañana en la que las palabras necesarias fueron dichas justo antes de empezar. Una vez comenzaron la actuación, las palabras eran totalmente innecesarias. Es más, sobraban. Fueron sustituidas por esas miradas con las que se beben y los roces delicados entre esas partes carnales que tanto necesitan el contacto. De hecho, era la mejor manera para hacer insignificantes las palabras, mantener las lenguas ocupadas en lugares mucho más placenteros.

Nuestra realidad.

Puede que nunca encuentren un camino conjunto, una historia que compartir, un final en común o incluso que no vuelvan a cruzar sus miradas. Pero en el fondo los dos saben que cada una de esas historias, son las que le encantarían que ocurriesen en un futuro instantáneo. Aceptar que las cosas se pierden, que todo lo pactado se está yendo de las manos, sea quizá la realidad más dura a la que se haya tenido que enfrentar nunca. Pero tarde o temprano, en el fondo ambos sabían que pasaría. Así que sin más, lo mejor es que hacerse a la idea y mirar de frente, ver lo que tiene delante. Disfrutar un año inolvidable que no ha hecho más que empezar y luego, crear su verdadero futuro con todo aquel que la quiera de verdad, ya sea su amistad, su amor o su sexo, pero que sea lo que sea, sea de verdad.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Treinta y uno de agosto.

Siempre negándose a aceptar la realidad. La realidad del poder que tiene el apetito sexual. Y más cuando de ellos dos se trata. Sabían que el día iba a ser largo. Todo empezaba cuando el sol todavía brillaba a última hora de la tarde y el alcohol empezaba a llenar vasos de plástico del supermercado. Buscarían un encuentro sorpresa, eso se habían dicho. "Noche de alcohol, amigos y rock de orquesta". Pero una vez que el sol desapareció, las cosas cambiaron. Era el último día del segundo mes que por teoría en el norte se corresponde con el verano. Justo catorce días antes de que todo cambiase de una forma radical que no podían evitar. De igual modo que él no pudo evitar marcar su número y descubrir que la noche hacía tiempo que había empezado. Ambos llegaron un poco tarde para escuchar los temas míticos de los noventa, pero era la hora exacta para escuchar cada mirada y cada gesto que el otro pronunciaba. Cuatro letras con rotulador y una verdad que todavía perdura. Se alejaron de la muchedumbre para buscar intimidad en aquella tienda de campaña fácil de usar. Camisetas que guardaban mensajes irónicos por el suelo se mezclaron con las hojas y el sudor. Pantalones que se quedan sostenidos por un milímetro en sus pies. Bragas, sujetador y calzoncillos que se pierden por cada esquina para no ser encontrados nunca. Y empezaron a hacer el amor como aquel paisaje se lo estaba pidiendo, salvajemente. No podía quedar ningún hilo de la lona sin ensuciar con sus cuerpos. Se negaban a que aquello terminase, estaba tan bien que lo último que querían era ponerle punto y final. Entonces, encontraron la mejor manera de hacerlo... pasar la primera noche juntos, desnudos, cubiertos por una manta de estrellas, ella arropada con sus brazos bocabajo y el tapado con su delicado cuerpo encima. Las partes que necesitaban más contacto intrapersonal estaban en el punto exacto como deberían estar siempre. Así, sí que pudieron ponerle el punto y seguido hasta el sol siguiente.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Infielmente tuya.

Y en un momento dado, ella se agarra con fuerza a su espalda y él se incorpora. Sentados los dos en mitad de la profundidad de la cama. Ella encima de él, sin dejar por un minuto que él se deslice hacia fuera. Entonces se vuelven a repetir los movimientos constantes, seguidos, lentos y rápidos al minuto siguiente hasta convertir este instante en uno de los puntos álgidos del acto. Abrazados tan fuerte, que da la impresión de que temen a que el mundo se termine y no quieran pasar por eso separados. Luego,ella se vuelve a tumbar en su sitio favorito: su pecho. Él le da un beso y pasan los mejores minutos, en silencio, abrazados, pensando que lo único que quieren es quedarse en ese momento y que pase el tiempo lo rápido que quiera.

Con insinuaciones.

Igual que un videoclip indie que parece no tener sentido. O un cortometraje en el que cada escena parece tener un guión independiente del resto. Esos son los recuerdos que permanecen. Imágenes sueltas. Frases dichas. Momentos puntuales. Movimientos descontrolados. Besos robados. No se trata de un plano secuencia que carece de cortes. Todo lo contrario. Alcohol y luego calle. Frases y dos cuerpos desnudos. Parecía que habían entrado de una manera inocente, pero les sobró tiempo para quitarse la ropa. Igual que en la magia, uno hace un chasquido y al otro se le cae todo. Ganas, ganas de besarse, ganas de tocarse y ganas de hacerlo. El juego en la cama se convierte en un invento continuo de formas y géneros. Demasiado alcohol en vena como para inventar un film de noventa minutos. Se acuesta el uno al lado del otro y en medio, pensamientos. Culpa, pero ganas. Toca esperar a la mañana siguiente para saborear el próximo beso. Como se suele de decir, el de los “buenos días”. La luz de la madrugada les da la bienvenida a la realidad del día después. No existe el arrepentimiento y se agradece la compañía y el beso de despedida. Y en el olvido se queda algo pendiente.

Ho voglia di te.

- ¿Sabes de qué tengo ganas?
- ¿De qué?
- De abrazarte con mis piernas, cruzando mis tobillos justo sobre la parte más baja de tu espalda, mientras me haces el amor en tu cama.

Follar contigo es arte de verdad.

¿Para que perder más tiempo si el sexo se les da tan bien y en la cama es el mejor sitio para hablar sinceramente de cualquier grano de arena que les moleste? Si en el fondo saben que están locamente enamorados el uno del otro. Que las dudas mantienen las ganas como el primer día en el que hicieron el amor debajo de aquella ventana, de la primera que fue testigo, la que no ve en su reflejo el mar. Joder, se les da tan bien el follar, que parece que hagan arte en cada acto, que incluso las sábanas sienten celos de ellos. Pero que a la vez, se desesperan e impacientan por saber cuándo volverán a abrigarlos. Desean que sea pronto, igual que ellos lo hacen.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Avd. C, portal nº117

Empezar como siempre. Luces baratas y de mala calidad. Focos que tergiversan rostros. Copas que confunden cuerpos. Ganas que marcan el camino una noche más. Él al fondo, detrás de las figuras de plástico durante los primeros minutos. Se llaman con las miradas y acuden como perras en celo. Pero es sólo el principio, lengua y nada más. Saben cuáles son los pasos a seguir. Alejarse más de dos centímetros incrementan las ganas hasta límites insospechables. Verano al norte nunca ha sido sinónimo de calor nocturno. Suerte en los pasos guiados por las farolas una vez más al edificio de la esquina. Esta vez es diferente, la luna aprieta. Por el camino se tropiezan con todas las paredes de la ciudad. Ella contra la pared, sostenida entre sus brazos, moviéndose al ritmo de la música lejana, provocando. Primer portal, primera parada. Lo empuja contra la puerta y se sienta encima de él, preparándolo. El verbo devorarse se quedó corto. Besos. Mordiscos. Dibujos con las lenguas en los cuellos. Y entran las manos en acción. Incluso la farola que los iluminaba se sonrojó. La calle fue testigo de cada movimiento sexual que protagonizaron. El éxtasis elevado a su punto máximo. Una escena pornográfica real, sólo interrumpida por un portazo en el interior. Siguieron los pasos guiados por las farolas hacia el edificio de la esquina. Esta vez, empezar como nunca, terminar como siempre.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Compostela, testigo de envidia.

- ¿Recuerdas cómo fue la primera vez?
- Como para poder olvidarlo...
- Donde tantas veces había deseado que pasase, en el sitio en el que todas las cosas grandes empiezan. Entre sábanas a cuadros con tonos naranjas.
- Y corazones de colorines cubriéndonos.
- Todo empezó en el salón.
- Nuestro rincón favorito de la casa.
- Y la excusa que meses más tarde nos sigue siendo perfecta.
- Sí, esa vez no duró algo más. Incluso aparecieron los protagonistas. Pero la típica excusa nunca más necesaria nos llevó a la habitación.
- Mi pequeña habitación. Cama, armario y escritorio. Decidimos donde colocar el ordenador para estar más cómodos. Eso sí que no nos duró mucho.
- ¿A qué dos idiotas se les ocurre ser capaz de aguantar las ganas teniendo a esa persona al lado en la cama?
- A nosotros.
- Me empezaste a desnudar.
- Me seguiste el ritmo.
- Apartaste el ordenador.
- Y te metiste dentro conmigo.
- Siempre fuimos de taparnos... por lo menos hasta la cintura.
- Entraba la luz por la ventana.
- La luz de la mañana.
- Somos de mañanas. De mañanas sin luz.
- Y empezamos a hacerlo. Empezaste a moverte de una manera que nadie sería capaz de inventarse.
- Tú me seguiste de un modo demasiado cómplice para ser la primera vez, pero era real.
- Lo hiciste tan bien, que desee que no terminase nunca.
- Quise hacer aquel momento eterno. Sabía que hacíamos un dúo de envidia, pero hasta ese momento no lo habría descubierto.
- Maldije el tiempo que me quedaba por delante.
- Te odié cuando supe que no mentías.
- Aún así nos arriesgamos. Repetimos.
- Y repetiremos. Y ganaremos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Giovedì, notte.

Y amanece una noche nueva y el miedo se apodera de mí. Me centro en pensar que es suficiente. Que sólo la confianza me debe correr por las venas. Pero los dos sabemos que eso es casi imposible en mi personalidad. La tranquilidad completa llegaría con más palabras, o mejor, más gestos. Por eso sé que la tranquilidad no llegará. 

Con más ganas que nunca.

Y ayer, una noche más se acostó pensando en él. Toda buena película romántica y fotos con torsos desnudos que sugieren comentarios obscenos hacen una mezcla explosiva en la cabeza de cualquiera. La simple idea de volver a recorrer su cuerpo con la lengua le provoca un nuevo escalofrío. Empezar lento, con palabras susurradas al oído y dos besos suaves. Se inicia el recorrido del placer. La segunda parada es la boca, en la que siempre es bueno no detenerse demasiado. Siempre hay tiempo de disfrutar de los besos durante el acto en sí. Bajar al cuello para jugar. Morderlo, morderla y evitar ser marcados. Las ganas de hacerle de todo cada vez son más irresistibles, pero el camino no puede terminar ahí. Su lengua desciende por cada poro de su piel sin encontrar ningún tipo de oposición. No hay que olvidar el beso correspondiente en la mancha del hombro, el detalle más significante. Pero esta vez la última parada no la lleva de nuevo a la boca y de ahí al cambio de posiciones. No. Esta noche se ha acostado con la escena en la que ella continúa el viaje hasta encontrar la oposición perfecta. Sigue bajando con su lengua más allá de su ombligo. Un poco más, un poco más abajo. Y justo ahí ella se detiene. Cada vez con más gusto y cada vez con más ganas. Minutos que se escapan en el tiempo hasta finalizar en el punto máximo del recorrido del placer.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

sino, todo lo contrario.

Porque aún sigues.

Quiero que sepas que gritaría a los cuatro vientos las ganas de hacerte el amor que cada mañana recorren mi cuerpo. Pero no lo hago porque Los Alpes impiden que el sonido llegue a tus oídos y esa es la parte más importante. El que lo sepa la gente, me la suda. Aunque en realidad, creo que se me nota en la cara cada vez que me preguntan por ti o cada vez que hablo de ti sin que me pregunten. Es así, esas cosas se notan. Dicen que por el brillo que se tiene en los ojos. Yo creo que es por la sonrisa que me sale cada vez que te imagino a medio desvestir quitándome las medias una noche más.

Haremos.

- ¿Hacéis un año juntos?
- Sí, el 13.
- Joder, cómo pasa el tiempo.
- Piensa que tú harías cinco meses el próximo 11.