miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sinceridad-

- No te voy a engañar. Eso era algo que todos sabíamos, incluso vosotros dos, pero que nunca quisisteis ver.
- Supongo que todos huimos de las verdades que duelen.
- En aquel momento, aquellas palabras eran las que los dos queríais escuchar. De hecho, poco más se podía decir. Ninguno sabíamos qué deciros.
- Lo sé. Y las palabras con las que uno siempre queda bien, son las mejores.
- Sí. Las palabras que sólo valen para calmarte el día antes. Pero pronto descubres que no valen para nada. Que simplemente son imposibles.
- Quizás no lo pronto que ambos necesitábamos.
- Recuerda: nunca es tarde.
- Nunca digas nunca.

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