domingo, 28 de noviembre de 2010

R.

- Pues quizás sólo era que tenía unas ganas inmensas de hacerte el amor como nunca y como siempre.
- ¿Y cómo se supone que debo interpretar eso? ¿Soy tu puta más preciada y por ello debo sentirme afortunada?
- Te encanta esa palabra e irte de víctima. Ya si las mezclas en la misma frase, consigues hacerme daño, que es lo que quieres, ¿no?
- No, no quiero hacerte daño. Hasta hace dos minutos sería lo último que te haría.
- ¿Hasta hace dos minutos? ¿Pero que coño ha cambiado hace dos putos minutos?
- Todo.
- ¿Quieres partir de la base de que ya no había nada que cambiar?
- ¿No había nada?
- No, en la teoría.
- ¿Sabes? ¡A la mierda la teoría! Estoy hasta de saberme la teoría y no poder llevarla a cabo. Porque todos sabemos qué debemos hacer, cuales son nuestras obligaciones como personas que somos, pero en la práctica todos intentamos romper esos cánones, evitar las reglas e intentar ser diferente del resto de la manada. Así que ahora no me vengas tú con la teoría. Es cierto que encima de nosotros no cuelga ya la pegatina de PAREJA, pero sí nos sentimos así, sí actuamos como tal. Me preocupo de ti como si fueses mi novio, pienso en ti, en poder hablar contigo, en querer estar contigo, en acostarme contigo, en que me beses, en besarte, en abrazarte y que me abraces fuerte cuando esté desnuda en tu cama. ¿Y soy tu novia en la teoría? No, pero actúo como tal. Y no me digas que tú no lo has hecho hasta que se te ha calentado demás la polla, porque sé que mentirías. Pues haz el favor de no decirme que sólo eran ganas de follar, ¿vale?
- ¡Menudo discurso por semejante gilipollez!
- Para ti todo son siempre gilipolleces y estupideces. Ya nada me extraña.
- ¿Eres tonta? ¡Dime en qué momento he dicho yo que sólo te quería follar! ¡Dímelo! Entonces me callo y me voy ahora mismo.
- Fue lo primero que dijiste al acostarte a mi lado.
- ¿Estás segura? Porque, ¿sabes qué es lo que yo creo? Que siempre necesitas tener a alguien a quien culpar para sentirte bien contigo misma. Te acostaste con ese tío y has puesto de excusa que fue la semana que yo me sentí como la mierda. Y ahora sientes lo complicado que se nos está poniendo todo, porque tú también tienes necesidades y tampoco estás tan enamorada como deberías y pensabas, pero yo tengo la culpa de no ser capaz de llevar tu querida relación a distancia. No, no he dicho que sólo te quisiera ver para poder follar contigo. Está claro que me encanta acostarme contigo, porque si no no estaría aquí ahora mismo, pero si fuese por el simple placer de meterla en un agujero lo habría hecho mucho antes y muchas más veces. E incluso el tuyo sería el último elegido, no por ser peor que el resto, si no porque el tuyo lleva incorporado demasiado sentimiento. Así que no me vengas jodiendo tú la cabeza con esas tonterías de sólo sexo, de puta y tal y cual. No. Sólo dije que tenía unas ganas locas por acostarme contigo, por volver a compartirlo todo contigo, como antes, como siempre hemos hecho nosotros siendo nosotros.
- No necesito tener nadie en quien cargar mi culpa, ni creo que no vamos a ser capaces de soportarlo. Pero sí tienes razón de alguna manera. Porque lo que tengo es miedo a perderte. Tuve miedo al acostarme con ese tío y luego he vuelto a tener miedo al enterarme de cosas y al volver a separarme de ti. Y de eso sí que necesitaría echarte a ti la culpa. Lo siento.
- No lo sientas. Me he pasado cada día desde que te has ido culpándote de tener que terminar lo nuestro. Yo sí que lo siento.
- ¿Sabes que ninguno de los dos tiene la culpa,verdad?
- Sí.
- Por eso todo se nos hace tan jodidamente complicado.
- Sí.
- ¿Vamos a poder seguir al final?
- Nadie puede saberlo.
- Pero ¿qué crees?
- Ahora mismo puedo creer que tendré muchísimas ganas de volver contigo, porque a día de hoy pienso en la próxima vez que te vuelva a ver, para poder estar contigo. Pero te repito que nadie puede saber si vamos a querer estar juntos.
- No quiero que se me vayan las ganas.
- Si al final se nos van, será que no estamos destinados a estar juntos. Es lo que tenemos que pensar.
- Y si al final conseguimos juntarnos, ¿es por qué mi vida y la tuya están destinadas a vivir juntas la eternidad?
- Creo que sí.
- Entonces esperemos que el destino se encapriche en dibujar este camino.

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