martes, 23 de noviembre de 2010

No sólo por lo que hicimos-

Nos creíamos invencibles, como dos monstruos gigantes a los que todos los niños temen e incluso algunos adultos al verlos al otro lado de la pantalla en una sala demasiado oscura. Pero las cosas cambiaron cuando nos tuvimos tan cerca. Habíamos estado más de una hora ocultando palabras, evitando recuerdos y devorándonos con miradas. ¿Por qué fingimos si eso no es lo nuestro? Actuamos como dos extraños que simplemente querían saber algo más del otro y era mentira. Lo único que deseábamos en aquel momento era besarnos, pasar de los ojos a los labios en medio segundo. Como dos tontos, supimos controlarnos, pararnos los pies mutuamente temiendo "complicar las cosas". Después de los dos besos y el "hasta la noche", vino un camino en coche bajo la lluvia de noche que me hizo recapacitar, pensar en lo que de verdad quería y en que sólo tenía horas para poder realizarlo. No quería perder más tiempo, dejar de ser una ingenua, hacerme la fuerte o simplemente dejarlo pasar. No estaba allí para eso. Estaba para todo lo contrario. Sé que la vieja excusa del "quiero hablar contigo" tampoco te la creíste. Aún así, aceptaste a quedarte. Y los dos nos quedamos el resto de la noche justo en el punto exacto en el que ambos queríamos estar todo este tiempo. "Me quedaría allí el resto de los días". "Lo mismo digo".

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