martes, 16 de noviembre de 2010

- Mírame.

No te voy a pedir nada, ni que me beses, ni que me abraces, ni que desees hacerme el amor como antes, ni que me invites a ninguna copa o a subir a tu piso. Nada. Nada excepto una cosa que no supondrá ningún esfuerzo para ti, tus sentimientos y tu cabeza. Quiero que me mires, que me mires de verdad, pero únicamente si es la mirada que te saldrá cuando me tengas delante. Quiero que me digas con tu mirada todo lo que te has tenido que callar estos días al otro lado del teléfono. Entonces, en el caso de que no seas capaz de decírmelo o yo no sea capaz de entenderte, dejaré que te vayas sin abrir la boca, no será necesario pedirte palabras para explicarme que no puedes mirarme como antes y que simplemente me ves. Pero si sucede lo contrario, si con tu mirada me lo dices casi todo, será necesario que abras la boca para poder explicarlo todo. Esto es algo que no está en nuestras manos, es algo que nos saldrá sin más. Sí a mí me pasará lo mismo, aunque tú siempre hayas sido más de miradas y yo de palabras, por el miedo a que descubras todo mi interior. ¿Preparado?

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