martes, 23 de noviembre de 2010

Juegos a escondidas sin un adiós anticipado-

Un billar absurdo en el que sólo tú sabías jugar, un dos a uno para mí y mi rana, una victoria aplastante de catapultas en la que apenas me podía mover y un empate entre burbujas de agua de colores, terminaron por formar una mezcla que hace todavía este adiós más horrible. Porque jugar a media hora de ti no es lo mismo que hacerlo a dos mil kilómetros de tiempo. Las victorias pierden todo su sabor.

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