martes, 30 de noviembre de 2010

Lucha de gigantes.

- ¿Recuerdas la historia que te cuentan cuando eras pequeña? 
- Sí.
- Que el mundo es bonito, que todo es paz y amor. Cada día te compran una Barbie nueva, con ropa nueva, con una profesión nueva... pero siempre Ken a su lado. Igual que en las películas que la empresa Disney fabricó para nosotras, de chicas guapas que siempre tienen a un príncipe azul predestinado. Joder, y ahora hemos crecido y vemos la realidad. Crecemos y nos empeñamos en hacer que el mundo que nos rodea sea feo, casi horrible, sin paz y poco amor. Lo único que buscamos, al fin y al cabo, es sexo. ¡Y caray si no nos conformamos cuando lo tenemos! Y aún así, la publicidad sigue usando el mismo argumento que Disney y Barbie usaban para vender: el príncipe azul.
- ¿Y existe?
- ¿Que si existe? Que se lo pregunten a Angelina o a Sara. No, los príncipes azules de las películas no existen. Pero tampoco las princesas, nadie se salva, nadie es perfecto. Por suerte. 
- Entonces me niego a seguir viviendo si no hay príncipes ni princesas.
- No digas eso, que esa es la esencia de la vida. Lo bonito de poder encontrar a un príncipe que no es perfecto, es que sólo lo verás tú así. Cuando después de haber luchado por él, logras estar con él, eso es precioso. Ken y los príncipes son bonitos para jugar con ellos y ver sus películas cuando somos niñas. Pero en la vida real, lo que valoras es lo que te cuesta tener. Olvídate de crecer y que todo sea fácil.
- ¿Tampoco es así?
- ¡Ja, ja, ja! No, es muy difícil y complicado. Pero no hay de qué preocuparse, nacemos para luchar por sobrevivir y poder vivir momentos de felicidad. La vida es un camino de rosas con muchas espinas y tienes que pelear por arrancar cada una que te vayas encontrando.
- ¿Lo conseguiré?
- Sólo si quieres que así sea.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Me.

Ella, antigua estúpida obsesión sin sentido. Viste ajustada, con minifaldas y tanga y lycra para la parte de arriba. Que todo lo que ponga resalte su diminuto, aunque bien esculturado cuerpo. Ni siquiera ha llegado a saborear los dieciséis años y tiene las sábanas ensuciadas por más de dieciséis hombres. El tiempo se nos va de las manos, pero ella sabe como disfrutarlo. Desconoce el significado del verbo amar, no sólo por su corta edad, si no porque no entra dentro de su capacidad de entendimiento. El hecho de que su cuerpo pueda pertenecerle a ella y a otro hombre nada más, es algo que sólo le sucede una noche. Para ella más de dos son demasiadas. Aún así, como todos, quiere dar a la vez una doble imagen. Hay un hombre que se sigue dejando engañar, o quizás esa no sea la palabra cuando él hace lo mismo. Le costó abrir los ojos, pero ahora que sabe que a ella lo de abrir las piernas no le cuesta nada, él también se aprovecha. En la cama pueden formar un dúo perfecto, sexo salvaje y sin control, pero también sin sentimiento. Eso al final acaba por desgastar el físico y derrotar lo interno. Aún así, no puede hacer nada, a ella le encanta. Tontear a escondidas con todo aquel que le atraiga, es su mayor hobby. Además, a todos los termina metiendo en la cama. Sin duda, ella es la puta que todo hombre quiere tener debajo del brazo.

R.

- Pues quizás sólo era que tenía unas ganas inmensas de hacerte el amor como nunca y como siempre.
- ¿Y cómo se supone que debo interpretar eso? ¿Soy tu puta más preciada y por ello debo sentirme afortunada?
- Te encanta esa palabra e irte de víctima. Ya si las mezclas en la misma frase, consigues hacerme daño, que es lo que quieres, ¿no?
- No, no quiero hacerte daño. Hasta hace dos minutos sería lo último que te haría.
- ¿Hasta hace dos minutos? ¿Pero que coño ha cambiado hace dos putos minutos?
- Todo.
- ¿Quieres partir de la base de que ya no había nada que cambiar?
- ¿No había nada?
- No, en la teoría.
- ¿Sabes? ¡A la mierda la teoría! Estoy hasta de saberme la teoría y no poder llevarla a cabo. Porque todos sabemos qué debemos hacer, cuales son nuestras obligaciones como personas que somos, pero en la práctica todos intentamos romper esos cánones, evitar las reglas e intentar ser diferente del resto de la manada. Así que ahora no me vengas tú con la teoría. Es cierto que encima de nosotros no cuelga ya la pegatina de PAREJA, pero sí nos sentimos así, sí actuamos como tal. Me preocupo de ti como si fueses mi novio, pienso en ti, en poder hablar contigo, en querer estar contigo, en acostarme contigo, en que me beses, en besarte, en abrazarte y que me abraces fuerte cuando esté desnuda en tu cama. ¿Y soy tu novia en la teoría? No, pero actúo como tal. Y no me digas que tú no lo has hecho hasta que se te ha calentado demás la polla, porque sé que mentirías. Pues haz el favor de no decirme que sólo eran ganas de follar, ¿vale?
- ¡Menudo discurso por semejante gilipollez!
- Para ti todo son siempre gilipolleces y estupideces. Ya nada me extraña.
- ¿Eres tonta? ¡Dime en qué momento he dicho yo que sólo te quería follar! ¡Dímelo! Entonces me callo y me voy ahora mismo.
- Fue lo primero que dijiste al acostarte a mi lado.
- ¿Estás segura? Porque, ¿sabes qué es lo que yo creo? Que siempre necesitas tener a alguien a quien culpar para sentirte bien contigo misma. Te acostaste con ese tío y has puesto de excusa que fue la semana que yo me sentí como la mierda. Y ahora sientes lo complicado que se nos está poniendo todo, porque tú también tienes necesidades y tampoco estás tan enamorada como deberías y pensabas, pero yo tengo la culpa de no ser capaz de llevar tu querida relación a distancia. No, no he dicho que sólo te quisiera ver para poder follar contigo. Está claro que me encanta acostarme contigo, porque si no no estaría aquí ahora mismo, pero si fuese por el simple placer de meterla en un agujero lo habría hecho mucho antes y muchas más veces. E incluso el tuyo sería el último elegido, no por ser peor que el resto, si no porque el tuyo lleva incorporado demasiado sentimiento. Así que no me vengas jodiendo tú la cabeza con esas tonterías de sólo sexo, de puta y tal y cual. No. Sólo dije que tenía unas ganas locas por acostarme contigo, por volver a compartirlo todo contigo, como antes, como siempre hemos hecho nosotros siendo nosotros.
- No necesito tener nadie en quien cargar mi culpa, ni creo que no vamos a ser capaces de soportarlo. Pero sí tienes razón de alguna manera. Porque lo que tengo es miedo a perderte. Tuve miedo al acostarme con ese tío y luego he vuelto a tener miedo al enterarme de cosas y al volver a separarme de ti. Y de eso sí que necesitaría echarte a ti la culpa. Lo siento.
- No lo sientas. Me he pasado cada día desde que te has ido culpándote de tener que terminar lo nuestro. Yo sí que lo siento.
- ¿Sabes que ninguno de los dos tiene la culpa,verdad?
- Sí.
- Por eso todo se nos hace tan jodidamente complicado.
- Sí.
- ¿Vamos a poder seguir al final?
- Nadie puede saberlo.
- Pero ¿qué crees?
- Ahora mismo puedo creer que tendré muchísimas ganas de volver contigo, porque a día de hoy pienso en la próxima vez que te vuelva a ver, para poder estar contigo. Pero te repito que nadie puede saber si vamos a querer estar juntos.
- No quiero que se me vayan las ganas.
- Si al final se nos van, será que no estamos destinados a estar juntos. Es lo que tenemos que pensar.
- Y si al final conseguimos juntarnos, ¿es por qué mi vida y la tuya están destinadas a vivir juntas la eternidad?
- Creo que sí.
- Entonces esperemos que el destino se encapriche en dibujar este camino.

QG.

Tu sexo es carne de aceituna de un olivo en la carretera.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El que no juega, no gana-

O eso pensaba hasta que horas más tarde tuvimos nuestra prórroga particular y personal. No sólo marcamos para ganar y resolverlo todo en nuestro terreno, en el terreno de juego que cada mañana que despertamos sin en el otro odiamos. Marcamos y goleamos mutuamente. Dicen que un mundial o una Eurocopa tardan cuatro años en repetirse. Lo cierto es que lo nuestro empieza dentro de veinte días y no existe un equipo perdedor y otro ganador, o los dos perdemos, o los dos ganamos. ¿Nos la jugamos?

16-20H.

1-0. Minutos de espera desconocidos, saludos negados, cruces de miradas inexistentes. Perdíamos. 1-1. Plan nuevo, plan sorpresa. Te sientas a mi lado y me sonrojo, como si fuera la primera vez. Después de tanto tiempo, a solas nos quedamos sin prestarle atención a la distancia que había pasado. Empatamos entre naranja y espuma de cebada. 2-1. Cuando mejor estábamos. Miradas inevitables. Miradas rechazadas. Porqués sin respuesta posible. Rozamientos con demasiadas ganas y demasiadas cabezas en tan poco espacio lógico. Recuerdos que dolían y gustaban oír al mismo tiempo. Había pasado todo y no había cambiado casi nada. No. Perdías. 3-1. Carretera, risas, noche, lluvia, tú y yo. ¿El final habitual? En la cama. ¿El final real? Dos besos y "hasta la noche". Perdí.

Erróneos supuestos, acertadas equivocaciones-

- Necesito saber que para él durante estos días tampoco va a haber ningún otro cuerpo compartiendo las mismas sábanas que él.
- Pero eso no lo puedes saber, si no es él el que te lo diga.
- Tengo miedo a preguntárselo.
- ¿Por qué?
- Porque sé cual será su respuesta y no quiero oírla.
- Quizás te equivocas.
- Sé que no me equivoco. Lo he tenido entre las mías el suficiente tiempo como para saber que no me equivoco nunca con él.
- ¿Nunca?
- Nunca.
- Te equivocas. Te has equivocado no hace mucho tiempo. Y esta vez también te puedes equivocar. Cállate, dale una oportunidad, daros una oportunidad y dejaros de tonterías.

Tripul[áb]amos barcos-

Si no fuera por el miedo que tengo a perderte, te habría dejado hace mucho tiempo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Juegos a escondidas sin un adiós anticipado-

Un billar absurdo en el que sólo tú sabías jugar, un dos a uno para mí y mi rana, una victoria aplastante de catapultas en la que apenas me podía mover y un empate entre burbujas de agua de colores, terminaron por formar una mezcla que hace todavía este adiós más horrible. Porque jugar a media hora de ti no es lo mismo que hacerlo a dos mil kilómetros de tiempo. Las victorias pierden todo su sabor.

No sólo por lo que hicimos-

Nos creíamos invencibles, como dos monstruos gigantes a los que todos los niños temen e incluso algunos adultos al verlos al otro lado de la pantalla en una sala demasiado oscura. Pero las cosas cambiaron cuando nos tuvimos tan cerca. Habíamos estado más de una hora ocultando palabras, evitando recuerdos y devorándonos con miradas. ¿Por qué fingimos si eso no es lo nuestro? Actuamos como dos extraños que simplemente querían saber algo más del otro y era mentira. Lo único que deseábamos en aquel momento era besarnos, pasar de los ojos a los labios en medio segundo. Como dos tontos, supimos controlarnos, pararnos los pies mutuamente temiendo "complicar las cosas". Después de los dos besos y el "hasta la noche", vino un camino en coche bajo la lluvia de noche que me hizo recapacitar, pensar en lo que de verdad quería y en que sólo tenía horas para poder realizarlo. No quería perder más tiempo, dejar de ser una ingenua, hacerme la fuerte o simplemente dejarlo pasar. No estaba allí para eso. Estaba para todo lo contrario. Sé que la vieja excusa del "quiero hablar contigo" tampoco te la creíste. Aún así, aceptaste a quedarte. Y los dos nos quedamos el resto de la noche justo en el punto exacto en el que ambos queríamos estar todo este tiempo. "Me quedaría allí el resto de los días". "Lo mismo digo".

Siempre lo haces difícil-

Historia de cuando la resistencia es de un simple no a dos centímetros de los labios, pidiendo una repetición a la que caer. Y así fue. Choque de labios y cabezales en el mismo lugar de hace dos mil kilómetros de tiempo. Sinceridad entre sábanas, lo podríamos titular. Pero me quedo con el simple hecho de tenerte en mi cama otra vez y poder abrazarte como antes.

¿Qué ha pasado?-

Corrí el riesgo de con una pregunta y dos respuestas todo se terminase en aquel preciso instante. Pedía demasiada sinceridad, la que siempre había negado. Todavía desconozco el motivo que me impulsó a expulsar mis palabras. Supongo que el saber de mis actos y la necesidad de destapar la venda de la ignorancia convertida en falsa felicidad. Sé que no significo el fin de lo que sea que exista en medio de ti y de mí, pero no sé si nos ha hecho más fuertes en algún otro aspecto. Sé que ahora, sea en el lugar que sea, corres peligro. Y sabes que cada noche, él roza mi piel. Yo te puedo asegurar que no irá más allá de cuatro palabras y dos risas sin ningún tipo de importancia o pretensión. ¿Tú me puedes prometer lo mismo? Siento que me he perdido.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Ingenuo el mundo ajeno-

Cuatro horas de sexo, veinte minutos de conversación telefónica con la excusa de oír esa voz y un te quiero más sincero que nunca. Todo nuestro esperado y ansiado encuentro se podría resumir de esta manera errónea a la perfección.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sinceridad-

- No te voy a engañar. Eso era algo que todos sabíamos, incluso vosotros dos, pero que nunca quisisteis ver.
- Supongo que todos huimos de las verdades que duelen.
- En aquel momento, aquellas palabras eran las que los dos queríais escuchar. De hecho, poco más se podía decir. Ninguno sabíamos qué deciros.
- Lo sé. Y las palabras con las que uno siempre queda bien, son las mejores.
- Sí. Las palabras que sólo valen para calmarte el día antes. Pero pronto descubres que no valen para nada. Que simplemente son imposibles.
- Quizás no lo pronto que ambos necesitábamos.
- Recuerda: nunca es tarde.
- Nunca digas nunca.

martes, 16 de noviembre de 2010

- Mírame.

No te voy a pedir nada, ni que me beses, ni que me abraces, ni que desees hacerme el amor como antes, ni que me invites a ninguna copa o a subir a tu piso. Nada. Nada excepto una cosa que no supondrá ningún esfuerzo para ti, tus sentimientos y tu cabeza. Quiero que me mires, que me mires de verdad, pero únicamente si es la mirada que te saldrá cuando me tengas delante. Quiero que me digas con tu mirada todo lo que te has tenido que callar estos días al otro lado del teléfono. Entonces, en el caso de que no seas capaz de decírmelo o yo no sea capaz de entenderte, dejaré que te vayas sin abrir la boca, no será necesario pedirte palabras para explicarme que no puedes mirarme como antes y que simplemente me ves. Pero si sucede lo contrario, si con tu mirada me lo dices casi todo, será necesario que abras la boca para poder explicarlo todo. Esto es algo que no está en nuestras manos, es algo que nos saldrá sin más. Sí a mí me pasará lo mismo, aunque tú siempre hayas sido más de miradas y yo de palabras, por el miedo a que descubras todo mi interior. ¿Preparado?

Palabras sobre actos.

Se convirtió en una historia demasiado complicada de explicar con detalles en una tarde, demasiado llena de momentos difíciles y cosas que aclarar como para poder hacerlo en una tarde o en sólo una noche. Aún así y de todas formas, lo tendrán que hacer. Al final seguramente sea mucho más fácil de lo que puedan imaginar. Las palabras, aunque no tanto como los actos, también sufren por no poder salir. Y saldrán. Saldrán solas, algunas harán daño queriendo, otras sin querer, otras irán llenas de sentimientos. Y mentimos al decir que no sabemos cuales serán las finales, quien él que pondrá en punto y final. Pero así es mucho más fácil, engañarnos de que quizás nosotros no la vemos, pero en el fondo queda algún tipo de esperanza que se irá con el primer hola, o incluso con la primera mirada que crucemos de frente. Al final.

Martes 16.

Se supone que a partir de las 00.00 ya comienza un día nuevo,no? Entonces,echando cuentas hoy ya es martes 16,no? Así que ya puedo decir que mañana estoy en casa? Joder,qué bien suenan al fin esas palabras! Ryanair... espero que entre tú y mi mala suerte no lo estropeéis,gracias!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Más vale tarde.

Porque todo lo bueno se hace esperar y tú no eres la excepción. Con una conversación más como las acordadas, vuelves a hacer que me salte una sonrisa. Y por fin te despides.. "hablamos a la noche", qué gusto poder oír esas palabras a tan pocas horas de que pise la realidad cerca de ti. Hagámoslo fácil, ¿vale?

Arcoiris.

Aquel día... bueno, en realidad, aquella noche, que con tanta ilusión pinchaba en la pantalla de la compañía, no llegaría a imaginar como irían cambiando las cosas a lo largo de todo el tiempo del medio. Vagamos por puntos de la gamma de grises que podemos imaginar con nuestras retinas, pero sin tener clara la luz, la oscuridad o alguno de los colores primarios. La luz vendrá con la realidad de frente. La oscuridad con las palabras del punto final. Y los colores primarios el resto de las horas que desocupemos juntos y ocupemos separados. Marcamos trazos con algunas frases, líneas rectas con las verdades, curvas con las respuestas y círculos con los sueños y las ideas mentales. Son momentos en los que los colores se nos muestran difusos, aunque en realidad toda nuestra vida vaga por momentos, colores y trazos difusos. Y eso es lo bonito de la esencia de todo esto.

Webber, Webber!

Y, aunque no pudo ser querido Webber, felicidades por el pedazo de campeonato que has hecho. Ni tu equipo te ayudaba, ni con tu compañero te llevabas bien y peleabas contra un bicampeón del mundo en Ferrari, el niño mimado de la Fórmula 1 y el vigente campeón. Te lo merecías, pero la presión ha vuelto a vencer. Eres grande y algún día subirás a lo más alto. Por lo demás, ver a Lewis bañar al reciente vencedor del título junto con la cara que se le habrá quedado a Alonso ya en la mitad de la carrera por sentirse impotente, sí ha valido la pena. Sin más, toca esperar al próximo campeonato. Felicidades, niño alemán!

Bruselas 2010-

Haber cumplido un sueño de la infancia, no tiene precio. Porque cuando jugabas inocente con aquella ficha indiscreta al monopoli, desconocías que en un futuro no demasiado lejano, la verías a tamaño real. 52 centímetros de bronce. El Manenken Pis. Aunque fue un viaje bañado por demasiada agua, fue un viaje para enamorarse de una ciudad más. Bruselas. Me he quedado con ganas de volver para ir a la famosa cervecería con 2.000 tipos de birres y a ver la versión femenina del Manenken. Pero con tiempo, más adelante, tendré más días para pasar en esta ciudad europea. Como se suele decir, volveré ;)

jueves, 11 de noviembre de 2010

11/11

Otro más. Undici. Novembre,

Deseo que el siguiente sea juntos, a pesar de todo.

Sé que no es aquí dónde me gustaría estar en este día, igual que hace un mes. Sé que no es dónde nos tocaría estar a los dos. Pero el destino a veces se vuelve caprichoso y nos hace pasar por estos malos momentos. Separados. Sí, se suponía que hoy la tarta tenía cuatro velas, pero esa tarta no existe. No hay nada peor que celebrar un cuarto no-mesaniversario. Porque no es algo que tengamos que celebrar... es un día que todavía hace más daño en nuestro calendario. Pero me sigo acordando. Cada mañana de cada once de cada mes, recordaré que no es así cómo lo había planeado. Teníamos que estar una celebración en mi cama, otra en la tuya, otra en la mía... y así sucesivamente. No cada uno en la suya, a dos mil kilómetros de separación, solos o acompañados por alguien que no entiende el significado de estos días. Por lo menos espero que hayas tenido un buen día 11.

Algún día.

Lo hicimos. Más de un cordial saludo. Más de una palabra. Más de una frase. Sin importar el significado, si era trascendental o simplemente cosas que salen sin querer. Incluso hemos llegado a saber un poco más de cada uno. Y cuántas cosas nos hemos perdido del otro. Lo bueno es que parecemos tener tiempo, ese que corre cuando no quieres que lo haga y ralentiza su velocidad cuando lo que deseas que haga es que vuele. Cuando normalmente el tiempo escasea, a nosotros parece que nos llegará. Porque no partimos de cero. No estamos en un período de conocernos, es demasiado lo que ya sabemos el uno del otro y ni siquiera nos interesan las cosas que le haya ocurrido a la otra parte durante todo este tiempo. Es mejor. Es gracioso, al final no costaba tanto, ¿no? Es buena una nueva etapa. Es bonita.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El "niño" de la camisa roja.

No sé porqué, pero lo recuerdo. Estoy segura de que eras tú. Hay gente que dice que cree en las señales, cuando no sabes a qué te puedes aferrar y a que no, ocurren señales a tu alrededor que te ayudan a decidirte. O también pasa que ves señales en el presente que parecen corresponderse con el pasado y que te ayudan a dar el siguiente paso. Una vez escribí algo del chico de la camisa roja. Todavía no teníamos idea de cualquier red social, usábamos el messenger. Y a aquello se le llamaba nick. Él, el chico que me había acompañado durante mi período de transición llevaba la camisa a juego con el traje de ese color, rojo, en nuestro primer fin de año juntos. Desde aquel día él se convirtió en mi chico de la camisa roja, dándole también título a una especie de diario que sólo yo conozco y algún día, él debería hacerlo también. Lo que yo desconocía hasta conocerte de verdad, es que el concepto del chico de la camisa roja podría tener un significado futuro en aquel momento. ¿Recuerdas una de las primeras veces que nos vimos? Sí, sé que nunca habías reconocido nuestras primeras miradas cortadas inesperadamente por un fatal accidente. Creía que simplemente te estabas haciendo el fuerte. Y tenía razón. Tú me la has dado hace poco, queriendo. El primer momento que tengo guardado en mis retinas de ti es en fin de año. Nos cruzamos las miradas... y algo más. Te interpusiste en mi camino cuando me dirigía una vez más a ir tras él. Me obligaste a darte un beso para poder proseguir. Y lo hice. Extraño, ¿no? Ese fue nuestro primer beso. Mi primer beso con el niño de la camisa roja.

martes, 9 de noviembre de 2010

La eternidad.

Hay veces que es difícil de entender cómo la gente puede hacer las cosas tan fáciles. El simple hecho de creer en otra persona, el hecho de estar seguros de que esa persona te quiere de la misma manera y cantidad hace que las cosas salgan mucho más fáciles. O por lo menos te da más pie a que te sea más fácil de disimular que todo va bien, cuando cada día se tuerce más. Las personas podemos creer en el amor o simplemente no hacerlo. Es eso, es cuestión de creencias. O eso es lo que piensan los que gritan a los cuatro vientos que no creen en el amor. Pero el amor es algo muy diferente. El amor se trata de encontrar a la persona indicada en el momento menos correcto. Sólo en ese instante te das cuenta de que lo que sientes por esa persona es amor y te dejas de tonterías de si existe o no. No, no se trata de creer o no creer, se trata de decidir si lo sientes o no lo sientes en ese momento. Cada uno de nosotros tenemos, como mínimo, un momento de esos. Los menos afortunados, tienen más. Pero al fin y al cabo, todos tenemos uno, el momento en el que nos enamoramos. Otra cosa muy distinta es hablar del amor eterno. Tan sólo aquellas parejas que han conseguido permanecer unidas hasta el fin de sus días son las que pueden decir sí creen que existe o es todo otro invento más del consumismo. Admito que nunca se lo había preguntado a mis abuelos, pero la idea de que me digan que no, asusta. Como siempre, preferimos seguir viviendo en la ignorancia de que todo lo que nos da miedo, no existe.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Hasta el final.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

Tiempo de transición-

Sólo cuando esté a un día de pisar la realidad que abandoné podré cerrar los ojos y desear que nada haya cambiado o por el contrario cruzar los dedos para que todo salga bien en teoría, mal en la práctica y el tiempo vuelva a ser una pesadilla. Pase lo que pase, ten bien presente que mi idea no fue nunca la de abandonarte y que durante todo este tiempo no lo he hecho ni un sólo día. No quiero que pienses que el abandonarnos fue una idea tomada por iniciativa personal. Las cosas surgieron así sin más, sin que ninguno de los dos las hubiese planeado. Ahora sí que somos los dos los que tenemos que planear como lo vamos a hacer. Lo hemos intentado y no sé hasta que punto ha ido mal o bien. Cuestión de días, tiempo y palabras.

Le corresponde a él-

¿Cómo le iba a decir a aquella chica que tanto había dado y sigue dando por ese hijo de puta que él ya se ha follado a otras? Llamadlo cobarde, mentiroso o cualquier adjetivo parecido que se os pase por la cabeza. Es mejor que ella siga teniendo la duda y sea feliz. Dentro de pocos días todo eso cambiará, pero no porque yo haya intervenido. Lo siento, no puedo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Cualquiera,menos el negro.

Es como si llegaras al mundo con una caja de lápices. Tu caja puede ser de ocho o de dieciséis. Pero lo que importa es lo que haces con los colores que te dan. No debe importar si coloreas dentro o fuera de las líneas. Yo coloreo fuera de la página, que no me limiten.

Ahí. Aquí. Siempre.

- Siento decírtelo, pero... es un chico que merece la pena.
- Lo sé, por eso me da tanta rabia que nos pase todo esto.
- Hazle saber que estarás ahí siempre que él quiera, pase lo que pase.
- Ya se lo he dicho, él lo sabe.
- No, no lo sabe. Cuando lo tengas delante, míralo a los ojos y díselo. Entonces lo sabrá.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Altro modo di guardare.

- ¿Sabes qué dijo Marilyn Monroe cuando consiguió su primer trabajo serio en Hollywood?
- ¿Qué?
- A partir de ahora... solo chuparé pollas que me gusten.

Non vicino.

- Incluso tienes ropa nueva que ni siquiera me suena. Estamos más distanciados de lo que yo creía en un principio.
- ¿Por haberme comprado un par de camisas?
- Por haberlo hecho sin preguntarme cómo te quedaban, por haberlo hecho y no contármelo con la misma ilusión que la primera vez. Tienes razón, no eres capaz de soportar la distancia.

Ghostbuster, mine.

La mirada es la primera impresión ya pasada, la reconoces en cualquier otra parte del mundo o incluso del más minúsculo bar de pueblo. Da igual lo tapados que vayamos, era imposible no reconocernos. Y pusimos las cartas sobre la mesa. Bueno, en realidad, la carta se quedó de pie, delante de ti, con dudas para no hacer daño. Dudas que fueron resueltas y le dimos al botón del play. O del start, no hace falta que nos pogamos titismiquis. Seguramente era una noche de caza cualquiera, algún fantasma más habría en el local. Sin embargo nos probamos de segundas, ¿o tú era de primeras? ¡Qué pena, ya ni lo recuerdo! La cuestión fue que estábamos ahí, de pie, justo en la ranura de la puerta principal, en la ranura de la única puerta del bar, para ser sinceros. Y nos quedamos allí… ¡ah, no! Yo me fui. Volví a huír para endulzarme, sin saber que en realidad era un cubito más de sal lo que me iba a tomar. Pero regresé. Igual que en el póker, con las ideas bien claras y las cartas exactas sabiendo cómo teníamos que jugar. Pensé en ti y, por suerte, tiempo más tarde, jugamos.


lunes, 1 de noviembre de 2010

Háblame.

No te había pedido nunca nada. No te pedí que me entendieras. No te pedí que te quedaras desde el principio. No te pedí nunca un beso que no me quisieras dar. No te pedí llevar las cosas a mi manera. No te pedí que te callaras cuando las últimas palabras sonaron tan mal. No te pedí que te metieras en mi cama cada noche, aunque las ganas de hacerlo no me faltaban cada día. No te pedí que me quisieras, ni que sintieses algo parecido. Ni siquiera te pedí que me esperases, aunque era lo único que necesitaba hacer en aquel preciso momento antes de que subieras al autobús. Por eso ahora, creo que tengo el derecho de poder pedirte unos minutos, unas palabras, un porqué. Por favor, no te quedes callado, encerrado sin decir nada a nadie. Háblame o grítame, o enfádate porque creas que he sido yo la culpable. Pero no te quedes callado.

Yo el principio y tú el final.

No te confundas, yo nunca le habría puesto fecha de fin a lo nuestro. No busques excusas. Ya no tienes que hacerlo. Todas esas que te esperan, se quedarán contentas y tú más, no lo niegues. Gracias por haber dado tú el paso, a mí seguramente me habría costado mucho más. Ahora las cosas están como se supone que deberían estar desde el 17, ¿no? Bueno, mejor dicho, ahora las cosas están como querías que estuvieran desde el 17. Por esas cosas de que la conciencia y la culpa son los dolores más grandes. Quédate tranquilo, vive y sé feliz.

Cobarde.

Y yo que interpretaba una conversación a la cara cuando dos personas se ven físicamente, se tienen uno delante del otro y abren sus bocas para expulsar palabras. ¡Qué ilusa! ¿No? Al parecer las nuevas generaciones entienden por conversación a la cara los privados del Tuenti. Y tú no podías ser la excepción que confirma la regla.

Penas bañadas en alcohol.

Para pasar de una conversación obligada a durar más de cinco minutos a dormir en cama de un extraño.