domingo, 17 de octubre de 2010

Poca resistencia.

- Calla, que no quiero cambiar el mundo, ni siquiera que me prometas amor eterno. Lo único que te había pedido era fidelidad a sabiendas mías. Si incluso te he dejado que tocases y comieses lo que te viniese en gana, que nada de eso se echaría en cara el día que nos volvamos a ver. Pero eres un niño, y he aprendido que a esos no se les puede pedir nada, mienten, engañan y creen que con dos toques todo volverá al principio. Que sepas que habría funcionado de haber estado ahí, dos palabras tuyas mirándome a los ojos habrían sido el perdón definitivo. Pero ya no, aquí no, con ellos no. Todo ha cambiado, tú lo has estropeado.
- No digas eso, ¡retíralo y perdóname!
- No lo hagas, no quiero que lo digas y menos delante de mí.
- Lo haré porque te quiero, de verdad.
- ¡Qué grandes te quedan esas palabras!
- Son pequeñas si las comparo con todo lo que siento por ti.
- Mientes.
- Sabes que no y por eso te asusta.
- No soy yo la que me asusto, erais vosotros.
- No, eran ellos, yo no me asusto de quererte. Y por eso te lo digo. Que sepas que no tuve nada que ver con eso y que es mentira. Quiero oírte.
- Y yo sentirte.

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