lunes, 13 de septiembre de 2010

Y llegó el día... ciao, ragazzi!


Porque la vida son ciclos y mañana empieza uno nuevo en la mía. Torino, Italia, me espera. Como dice una pequeña persona, será como desconectar de mi vida real, que es toda la que dejo, a todos y todo lo que se me queda aquí. Cada uno de vosotros sabe perfectamente la falta que me hará allá, cada uno de manera diferente, pero todos me haréis mucha falta. No habrá fines de semana para volver a casa a discutir con la Enana, lavar la ropa y recoger tápers. No tendré a un rubio al que tocarle los huevos cada día, cada hora a cada minuto. Me quedo sin una pelirroja a la que reñirle por quedarse en casa tantos días. Tampoco tendré al chico de rizos con el que discutir, estar a punto de pegarnos y luego pasar cada día en la playa juntitos. Mi chico moreno por naturaleza que este año se me quedó blanco, se queda aquí y no podrá deducir el tiempo que durarán mis relaciones. Ninguna gemela me preparará más vídeos de despedida, cenas sorpresa o me agarrará la mano dirección Padrón a setenta en tercera con las luces de posición y sin gasolina. Allá no habrá Oxidon para encontrarme con los pobrenses y bailar con ellos. Cuando nombre a las wipiflys me tomarán por loca, no porque su compañía haga que tus noches sean surrealistas, si no porque no tienen el honor de conocerlas. No estará el bus número 15 cargado de periodistas que amenizan mañanas, tardes y noches.Tampoco tendré el móvil lleno de llamadas perdidas, llamadas recibidas, mensajes de no puedo, fotos fallidas, noches de sábado, días que no sigas una rutina, ni buenos días, ni buenas noches del chico de la media sonrisa y la manchita en el hombro izquierdo.

No, en mi vida italiana ninguno de vosotros me acompañará físicamente, pero si espero que el Tuenti y el Skype nos una como cada día. Sólo quiero pediros una cosa: esperarme, el tiempo pasa rápido y el 17 de diciembre como muy tarde estoy aquí.

Gracias a todos, por todo el tiempo compartido, y especialmente por este verano.

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