jueves, 29 de julio de 2010

Masajes.

Hoy es una de esas tardes que empiezan a las cuatro. En las que el calor te da igual, por mucho bochorno que haga, no lo sientes. Porque cuando lo ves bajar del autobús con el bañador puesto, el resto del espacio se detiene. Sólo sabes que todo empezará en la arena, en el mar salado y lleno de algas, bajo el sol. Pero desconoces dónde terminará. Bueno, tienes una leve idea. Verlo, que te bese en el cuello y que te entren ganas de tirarte encima de la cama, ocurre tan rápido que ni te das cuenta de que ya estás una vez más entre sus brazos. Lo que pase desde ese punto, intentas que ocurra muy despacio. Y los disfrutas como siempre.

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