sábado, 31 de julio de 2010

Lo que más quiero.

- ¿Qué coño es lo que quieres?
- No lo sé.
- ¡Joder! ¡Ya estamos! ¡Decídete! Te vas y nos olvidamos, ¿o me esperas?
- No quiero hablar de eso. No, ahora no.
- Entonces, ¿qué coño quieres ahora? Tienes esa cara qué pones de mirada perdida, sin saber cómo caminar, sin importarte si hacer o deshacer.
- Ya ves.
- ¡Me largo! ¡Te olvido! ¡Adiós!
- No, espera.
- ¿Para qué?
- Para que mi mirada deje de estar perdida, porque tú eres el que has marcado el camino y lo único que creo saber, es que tú eres el que tiene que quedar se a mi lado. Y hacer, sólo hacer. Hacer y hacerlo. ¿Quieres saber qué es lo que quiero ahora? Que me beses, como siempre, para que me calle. Que empieces por besarme en el cuello hasta dejarme un chupetón. Luego bajes sin dejar de besar, tocar, acariciar, sobar, probar cada poro de piel que vayas recorriendo. Y continúes recorriendo con tu aliento el resto de mi cuerpo. No te detengas ahí de pie, intentando huír porque no te digo que te quiero. Acércate a mi boca y muérdeme. Por favor.

Splendidi.

Somos una de esas parejas que evitan caer en la rutina, por eso cada día lo hacemos de una manera diferente. No, no sólo hablo de sexo. Hablo de hacer el día a día. De llamadas, mensajes, caris, cariños, amoriños, cielos, películas, playa, mar, arena, césped, mi piso, la cama de los muelles, la cama del cabezal, tu piso, la cama de matrimonio, el sofá, el suelo, la manta, las gominolas, las carreras, los amagos o los besos. Pero al mismo tiempo, como buena pareja que no pretendemos ser, terminamos por crear tradiciones. Nunca terminamos ninguna película. No aguantamos más de tres horas entre arena y mar. Llegar y lo primero es colocar la manta. Hacer intocables los martes, viernes y sábados noche. Tradiciones que evitan que caigamos en la rutina y en el olvido, difícil conseguir el punto medio. Sin embargo, lo conseguimos.

jueves, 29 de julio de 2010

Masajes.

Hoy es una de esas tardes que empiezan a las cuatro. En las que el calor te da igual, por mucho bochorno que haga, no lo sientes. Porque cuando lo ves bajar del autobús con el bañador puesto, el resto del espacio se detiene. Sólo sabes que todo empezará en la arena, en el mar salado y lleno de algas, bajo el sol. Pero desconoces dónde terminará. Bueno, tienes una leve idea. Verlo, que te bese en el cuello y que te entren ganas de tirarte encima de la cama, ocurre tan rápido que ni te das cuenta de que ya estás una vez más entre sus brazos. Lo que pase desde ese punto, intentas que ocurra muy despacio. Y los disfrutas como siempre.

miércoles, 28 de julio de 2010

Viernes.

- No es el mejor día para estar uno encima del otro.
- Pues bájate.
- No, al mismo tiempo es lo que más me apetece en este día.

Aunque no sea el mejor día para hacerlo.

Lo único que me apetece en una noche de verano en la que le calor es dolorosamente insoportable es que me abras las piernas y empieces lentamente para terminar haciéndolo a un ritmo desenfrenadamente impresionante. Tú encima mía, calor. Yo encima tuya, sudor. Tú y yo follando. Nosotros haciendo el amor. Y el resto da igual.

lunes, 26 de julio de 2010

Diferencias notables.

- Buen cambio.
- ¿Cómo dices?
- Que has hecho un buen cambio, pasar de mí a él. Olé.
- ¿Es eso ironía?
- ¡Qué va! ¡Para nada!
- Eres un imbécil, pensé que los años daban sentido y madurez, creo que me equivocaba.
- Sí, por supuesto. Son más maduros los de dieciocho.
- No sé el resto, pero él sí lo es más que tú. Él no se escuda en tonterías para dejarme sola. Él sabe lo que me gusta y lo hace.
- ¿Te refieres al sexo?
- Sí en gran parte. Él sabe cómo abrirme las piernas, metérmela y hacerme disfrutar. Sabe cómo calentarme antes y como mantenerme caliente después. Sabe cómo tratarme toda una tarde entre sus brazos y rentabilizar las horas muertas de descanso que tenga. Pero también sabe agarrarme de la mano y pasear muy despacio. Sabe dónde besarme para que me guste y tenga significado. Sabe exactamente cómo tratarme. Algo de lo que tú careces por completo. Adiós.

Me sobran ganas de sentir.

Pero ahora estoy asustada de lo que pueda haber pasado. Odio que todo lo que el ser humano tenga que hacer dependa de los ceros de su cuenta. Quiero dejar de ser impaciente, histérica y de romperme la cabeza sin llegar a conclusiones factibles. Porque lo que más detesto es saber de antemano el tiempo que pasaré sin restregarme por el suelo contigo. Por ello te pido que facilites el que tenga que mantenerme de pie en la medida que te sea posible. Quiero sustituir el miedo por el tenerte cerca, para poder discutir, pegarte, pellizcarte, retorcerte las manos y los dedos y gritarte cuando me des golpecitos como a una mula. En resumidas cuentas, quiero pasar otra tarde, mañana, noche, día contigo. R.

viernes, 23 de julio de 2010

Ajuste doble.

Es curioso. Te sientas en un portal y observas. Es curioso ver cómo cambian las relaciones entre las personas. Todo depende de los lazos que te unan a cada una de ellas. Hay lazos que se deterioran con el tiempo, por su mala calidad, porque los has usado demasiado, porque los estiras con tanta fuerza que terminan cediendo o, simplemente, porque los días han pasado por ellos y los ha desgastado hasta romperse. Hay otros que se atan tan fuerte, que nada los puede desenganchar. Son esos lazos que se conservan en una cajita para el resto de tu vida. Que de vez en cuando, cada año, les das una vuelta más, para conservalos mejor. Hay lazos que son demasiado finos y que sólo soportan el ligue un corto período. Son esos lazos que se usan y se tiran con inútil facilidad. Luego están los que vas escogiendo a lo largo del camino, que aparecen por casualidades de la vida. Unos terminan marcados por el paso del tiempo, otros se conservan para siempre u otros que se desatan cuando la casualidad se ha esfumado. Y finalmente están los lazos que todavía quedan por estrenar, los nuevos, los que acabas de atar y quieres tenerlos vayas donde vayas. Puede que no sean los mejores, todavía, pero son los que más ilusión, ganas y cariño tienen para ti. Un nudo de ajuste doble, de esos que pasan los años y siguen igual que cuando los uniste por vez primera. Un nudo de ajuste doble.

jueves, 22 de julio de 2010

Número a-desconocido.

Parece mentira que un sonido en el móvil pueda hacer sonreir a una persona de esa manera. Con sólo oír que tienen un rato se hacen felices mutuamente. Y que una llamada amplie el plazo media hora más, multiplican por cientos los besos que una pareja normal se pueden dar en ese tiempo. Quiero volver a besar de lado esta tarde.

Sólo son tres meses.

Ella, pequeña de diecisiete años, decidió marcharse veinte días a Canadá para aprender inglés y él, bonachón de dieciocho, tuvo que quedarse en tierras gallegas, echándola de menos y aprendiendo a contar hacia atrás desde el día veinte. Él, en medio de los diecinueve y los veinte, eligió Barcelona para unos días de vacaciones, desconociendo el regreso y ella, que vive su décimonoveno año, vio como se iba y se despedía con un "pronto nos veremos, disfruta". Ambas parejas, tienen que soportar la distancia gracias a la tecnología móvil de diversas compañias, a tarjetas telefónicas recién inventadas para igual preciones nacionales con internacionales y al maravilloso mundo de Internet, capaz de unir todos los puntos aislados del mundo. Dentro de poco más de un mes, ella estrenará la veintena y, casi sin tiempo de celebrarlo, tendrá que empezar a vivir en italiano, alejada de él, niño insaciable e incesante en sus intentos de encubrir sus dieciocho primaveras. Los dos saben que cualquir tipo de tecnología y contacto que puedan tener en ese tiempo sin verse, tocarse, besarse o acariciarse, les servirá de muy poco; pero tendrán que aprender a llevarlo. Y aprenderán.

Este es mi diario, 15 de mayo del angustioso 3.100

Tengo 1327 años y varios fallos del sistema humano principal. Estoy compuesto por nanotecnología y sigo siendo el mismo loco.

¿Cómo hemos terminado así?

¿Cómo dos personas a las que tanto le cuesta iniciar una relación, que uno odia las ataduras, que otra se quería ir después de un verano loco a olvidarse de toda su vida a cientos de quilómetros de distancia, terminan comprometiéndose en menos de un mes para el resto de sus días?

miércoles, 21 de julio de 2010

13F.

Cuando él vio que ella se iba nada más empezar, se extrañó. Podía permitir que una chica no pasara toda la noche con él o que se fuera sin quedarse a dormir, pero irse en la mitad de un beso, lo detestaba. Aún así, lo peor estaba por llegar. Cuando miró hacia un lado y la vio, acompañada. Aquellas manos que la acariciaban no eran las suyas y los besos que aquel le daba estaban muy lejos de los que él le diera diez minutos antes. "Va a ser mía", fueron las palabras que le salieron al ver a su apoyo y oído más cercano. Nunca nadie le había hecho eso y que ella lo hubiese hecho, había confirmado aquellas sospechas, le gustaba aquella chica misteriosa, que parecía que se atrevía en las distancias largas, incluso en las cortas, pero que esperaba a que alguien diese el último paso hacia ella. Ahora que la puede besar cuando quiera, que siempre la abraza fuertemente y que ha dejado de ser una chica misteriosa para él, ha descubierto que, lo que una vez temía por orgullo masculino, ahora lo teme por sentimientos en común.

martes, 20 de julio de 2010

617.

No sabía que besar de lado fuese una de las cosas que mejor se nos dan. Me gusta poder compartir ratitos de mis días contigo, cuando llegas sin decir nada y con una negativa precediéndote. Impaciente, entró, cogió su lectura favorita, cerveza y se sentó. Cuando entré, unos minutos más tarde, me lo encontré de camiseta roja y leyendo su sección favorita, aunque cualquier deporte le vale. No teníamos mucho tiempo y el lugar no era el idóneo, pero era la misma mesa testigo de anteriores visitas que encubrían nuestras ganas. Que me repita, afirme y asegure mis dudas, es la mejor receta para caminar hacia delante. Caminar el resto de mis días, con mi bolso blanco y una foto suya dentro hará especial cualquier día normal y habitual para el resto de la humanidad. Ocho de la tarde.

Número desconocido,

que siempre me trae buenas noticias :)

¿Puedo pedirme otra tarde?

Una de las peores sensaciones que el ser humano puede sentir es la de querer algo con muchas de nuestras fuerzas y no poder disfrutar de ello, por razones ajenas a ambas partes. Te echaré de menos.

lunes, 19 de julio de 2010

Sabio oído.

- Sí, por fin lo dejaron.
- Bueno, él algo le vería para estar tanto tiempo con ella. La querría.
- No lo creo. Nunca me habló de nada de ella que lo enamorase.
- Pues no lo entiendo. Es una de esas cosas que tanta rabia me da. Cuando estás con una persona es que le ves algo, que te tiene algo, tienes que sentir algo.
- Pues en su caso, no lo creo. Pero a ti te veo toda enamorada.
- ¿Qué dices? Despacio.
- Bueno, pero él te gusta... ¡y mucho!
- Claro que me gusta, estoy con él porque me gusta. ¿Ves? Yo a él le encuentro algo, bueno, en realidad muchas cosas. Y tiene cosas buenas y cosas malas, pero me gusta.
- Te encanta. Se te nota demasiado, pioja.

Miedo.

Me gusta cuando una voz por teléfono me calma durante una tarde. Esperar unas cuantas horas para poder abrazarte no es nada comparado con el tiempo que nos queda por delante. R.

Calladito, estás más feo.

Paro. Respiro. Olvido. Te espero.

Un día de sol, solos tú y yo.

- Quiero una foto en la que se vea mi barriga, tu cabeza entre mis piernas y cualquier playa azul de fondo. Es que quiero empapelar la habitación italiana.
- Tranquila, la tendrás.
- La quiero pronto.
- La tendrás pronto. Ahora sólo, sonríe.
(FOTO)

Maldita playa.

- Prométeme que aunque nos enfademos continuamente, aunque deje de querer verte durante unos minutos, aunque no me quieras hablar durante unas horas, a pesar de todo lo malo que nos pueda pasar, ellos son sólo amigos, igual que ellas y tú y yo siempre estaremos, que seremos un nosotros y que no te moverás de mi lado hasta que te lo pida por despecho, cansancio o aburrimiento.
- Sólo si tú me haces la misma promesa.

M.

- Era sólo atracción.
- Sigo sin entenderlo.
- ¿Qué no entiendes? Se movía bien en la cama. Lo probé y me gustó, no quise volver a decirle que no cuando me veía.
- No me beses. No me mires. ¡Quieto! ¡Vete con ella!
- ¿Estás segura? ¡Joder! Te acabo de decir que sólo era atracción...
- ¡Y que se movía bien en la cama!
- Pero no mejor que tú. Y por ti siento. Tú me importas. Déjame besarte y mirarte.

No es nada, es algo.

Y, aunque según mis cálculos debería aguantar algunas horas más, no soy capaz. Quiero saber que el chico que me ha partido el labio ha salido a correr, se ha duchado y está haciendo tests en la autoescuela para poder llevarme consigo a muchas partes. ¿Continúo mirando escondites para las noches?

Odio estar así contigo.

Primero a metros de distancia y quilómetros de conversación. Y ahora a silencios de abismo. Vuelve.

sábado, 17 de julio de 2010

Cinco horas con él.

Sólo perdemos los primeros sesenta minutos en pasear y hablar de cosas serias, como esas parejas de viejos que llevan años juntos y se dedican a eso el resto de años que les quedan por delante. Luego nos damos cuenta por ambas miradas que lo único que hacemos es incrementar las ganas de estar solos y nuestros pies, por inercia y costumbre, nos conducen al primer portal común. Esta vez no dejamos ni que apareciese el título. Forcejeos y masajes dieron paso a horas de pasión contenida. Nuestra mejor actividad y combinación al mismo tiempo.

Viernes tarde.

¿Qué pasa cuando sales de un cuarto de baño en un piso en el que sólo estáis dos personas y te encuentras con él, te sonríe y te empieza a besar y a desnudar, te gira para que entres de espaldas a la habitación, te coge en brazos y de repente ves que en el suelo, estirada con delicadeza, os espera una bonita manta y un cojín de adorno? Sólo puedes pensar en que esa persona es maravillosa.

jueves, 15 de julio de 2010

R-ontenta.

Por esta vez vale, porque lo has compensado con minutos de línea telefónica y unos buenos días en persona a golpe de viernes. Me gustó ese otro beso y chao, como esperando un algo más que significaron eses segundos de espera, los puntos suspensivos, tus puntos suspensivos.

¿Qué haces?

La pregunta que nos mantiene en contacto cada pocas horas, sabiendo lo que hace cada uno y diciendo lo que cada uno quiere decir. Sólo quiero que deje de hacer falta tan simple cuestión, por el simple hecho de que la respuesta sobre, que sea evidente, que sea común y conjunta sólo de nosotros dos. Me gusta sentir que por fin las nuevas tecnologías no nos harán falta, incluso desconectaremos del resto del ambiente ajeno. Quiero pasarme tiempo indefinido desde las seis de esta tarde con-erre.

miércoles, 14 de julio de 2010

Sí quise.

- Quizá fue un fallo el habernos precipitado al altar. Y no por mi parte, porque las ganas en ese momento me sobraban. Pero tú, parecía que prefirieras que fuera de broma. Te lo pregunté en serio, porque era lo que más deseaba teniendo tu cuerpo desnudo encima mía. Ahora, todo se ve más complicado.
- Te dije que no quería una relación de sólo sábados.

Así seguirá.

Dicen que nos hemos pasado, que somos unos descarados que no tenemos consideración por el resto. Me da igual que la gente nos vea y cuchichée, me da igual que hablen de mí o de nosotros, me da igual que haya dejado de creerme, me da igual que los que nos envidien no puedan besarse o hacer el amor como nosotros, me da igual. Y a él más aún.

domingo, 11 de julio de 2010

El mismo maldito camino que tanto les gustaba recorrer.

- Ahí no.
- ¿Tienes las llaves?
- Creo que estar contigo, era lo único que no me esperaba esta noche.
- Mierda de enfado.
- Para.
- Agárrate.
- Que te dije que aquí no.
- Es otro sitio, diferente, mejor.
- Confío en ti, aunque no sé porqué.
- Porque estás enamorada.

Primera y última.

Asusta pensar que todo podía ir bien. De hecho, este día fue el peor de todos los que llevamos de conocimiento. Madrugas cansado e irritado, pero te sale tu sonrisa al ver el hola. Despiertas tras una pesadilla después de un día nefasto, pero con las mismas ganas de comerlo. Al contrario de lo que se piensa, la conversación no fue como siempre. Se ríe. Se calla. Lo intenta por segunda, tercera y cuarta vez. ¿Qué pasa? Y todo estalla, explota y se termina. ¿Fin? ¿Así, sin más? ¿No había nada más que decir que un eterno silencio? Todo era contradictorio cuando se había dicho todo sin decir nada. Mensajes sin respuesta, monólogos exteriores y llamadas rechazadas cubren toda la tarde y parte de la noche. ¡Menudo fin de semana!, piensan. Insistir, luchar, pelear e importar. Ninguno lo había terminado. Entró y todo se cayó y los grados se esfumaron. Él y ella. Anteriormente correrían a saludarse, besarse, abrazarse y quedar. Pero no era un día del anteriormente, era el peor día. Tequila y para delante, nada se había terminado. Por ello no se lo pensó dos veces, no hizo falta rogar, suplicar o insistir, sabía lo que quería y había llegado antes de lo previsto. Era lo mejor de la noche. Me importas, pero has demostrado que no te importo nada. Tú sí me importas a mí, yo nunca te hubiese dicho eso. Por milésima vez, lo siento. No quiero tener que soportar a nadie caprichoso. Está bien. La distancia entre ellos se había esfumado, las ganas de besarse nunca había desaparecido y gritaban más fuerte que nunca. ¿Cómo iba a no querer verte? ¿Cómo iba a no querer estar contigo porque no me importabas? Los dos querían tener la seguridad de que estarían siempre en el mismo lugar para el otro, por eso, esa misma noche, lo firmaron. Estaban juntos, para todo.

RMB.

Una historia en la que las ganas vienen por ambas partes, sin forzar, llegan solas y se quedan una eternidad. Cuando te sientes tan bien con él y todo parece salir bien, incluso lo malo sale bien. Me gusta ronronear a todas horas, eso de hacer erres está bien aplicado en cualquier dosis adictiva.

Sí,quiero.

¿Alguna vez os han pedido pasar el resto de la vida con una persona teniendo como único abrigo su cuerpo desnudo, como única protección sus brazos, como banda sonora el ruído del mar y como escenario el amanecer de la playa en la que naciste? ¿No? Pues a mí sí y es lo mejor que te puede pasar jamás.

viernes, 9 de julio de 2010

¿Capaz o incapaz?

- Espérame. ¿Capaz o incapaz?
- Capaz.

FIESTAS'10

Viernes: de cinco a seis, ruídos de muelles.
Sábado: objeto de deseo al amanecer.
Domingo: una hora de romance marítimo y cuatro de pasión entre sábanas nuevas.
Lunes: fiesta privada sin invitación.
Martes: cebada hasta las dos de la mañana para terminar en el 2012 sudando la gota gorda.
Miércoles: broche final en medio de una tormenta de verano.

miércoles, 7 de julio de 2010

Guiño.

La última persona que esperaba que nos viera en aquel estado de excitación. Pero sí. Abierta de piernas con él en medio encima de una ventana, esa es la última imagen que guardas de mí. ¿Te gusta? Porque a mí sí. Porque sólo tenía ganas de agarrarlo más fuerte. Porque se me había ido la locura de apartarlo y huír detrás tuya. Porque un hola habría estado mejor, pero un guiño ha estado bien, a pesar de no entender su significado. Porque sí, sé que lo tiene.

El fin del mundo.

- ¿Qué harías si en el 2012 se acabase el mundo?
- Aprovechar el tiempo.
- Yo robaría un banco.
- Si no tienes tiempo para disfrutarlo.
- Haría algo que durante mi vida no puedo hacer.
- ¿Y si se terminase mañana?
- No me da tiempo a robar un banco, así que me quedaría aquí contigo todo el día.
- Yo robaría el mejor coche que haya en la carretera y huiría, me iría lejos, por ahí.
- Ah...
- Pero contigo a mi lado, tranquila :)

2012.

Dicen que el mundo tiene un final, igualmente que tuvo un principio. Si es verdad que la fecha límite de todo esto es ese año, yo también quiero aprovechar mi tiempo contigo.

lunes, 5 de julio de 2010

4.50 - 5.50

Admitámoslo. El hecho de tener a dos personas al otro lado de la pared y a otra al otro lado del pasillo, nos ponía bastante. Mi falda. Tu camiseta. Mi camiseta. Tus vaqueros. Me levantas y me pones de espaldas a la pared. Hasta ahí todo iba bien, como siempre. Pero en el momento de tirarnos encima de la cama, llegó el estallido de las risas. "Necesita aceite". Y eso nos encendió más aún. Sonaron durante ese período de tiempo, con pequeños descansos que nunca superan los cinco minutos. Fuimos ignorantes a todo lo que a nuestro alrededor estaba pasando, era suficiente concentrarse en lo que teníamos en medio.

Raro y rápido.

Así es lo nuestro. Antes de que nos diera tiempo a volver a abrir los ojos, todo se nos había venido encima. Conozco media vida tuya y tú tres cuartos de la mía, por cuestiones de listas y de amantes. Y ahora da igual que estés tú encima o tú abajo, nos detenemos y nos miramos a los ojos. Sabemos interpretar lo que vemos, pero tememos decirlo en voz alta todavía. A mí se me quitaron las ganas de seguirlo y a ti las de buscarlas, se fusionaron en estar agusto mutuamente. Me gusta el sentimiento de compenetración que existe entre ambos, pero me asusta que vaya a más. Por suerte, tus brazos me protegen cada noche y cada mañana.

jueves, 1 de julio de 2010

R18.

¡Qué ganas que tengo! ¿Te acuerdas del sábado pasado? ¡No será nada comparado con mañana! Me da igual la excusa de la orquesta y las atracciones, me importa que todos ellos vayan a estar aquí. Y lo que más deseo de todas las cosas posibles que puedan sudecer mañana, es hacer el amor contigo.

Agridulce.

Será como la entrada estelar de la novia en la iglesia el día de su boda. Igual que a ella, le temblarán las piernas, no querrá ver lo que tendrá enfrente, sólo será necesario que ese momento pase rápido, para alargar el siguiente el resto de la noche. No, no quiere verlo con ella, con su nueva acompañante de noches en el pueblo "de ellos". Pero sabe que lo verá, los verá, besándose, abrazándose, riéndose en compañía. Eso que ellos dos habían hecho tan pocas veces y siempre huyendo del resto de la humanidad que los rodeaba. ¿Por qué? Pregunta retórica sin respuesta posible ni querida. También se da cuenta de que sólo eso pondrá las letras del final de la película, su "The end" particular. Agridulce, como en pocas americanadas recientes que se limitan a contar lo maravilloso y amoroso que es el mundo en que ellos no viven realmente, agridulce. La misma sensación de aquella relación rara, de aquella "equis", agridulce. Tan acostumbrada estaba a ella, que ahora no sabe disfrutar sólo de esa parte dulce que él le ofrece, esa parte que tanto echa de menos cuando dan las horas en las que debería aparecer, esa parte que le cuestiona cada vez que lo besa, dulce. En cambio, lo pronuncia, dulce, lo mira y sonríe, lo recuerda y sonríe, sabe que poco a poco se acostumbrará al borrón de la primera parte, agrio.

Recuérdalo, sólo pros.

Las marcas en la parte de abajo de su espalda indicaban como había sido aquella noche. Confirmado lo del sexo salvaje. Exigencia de repartir daños colaterales. Aceptación a pasar el resto entre sábanas robadas y sitios por explorar. Un gusto el poder investigar con grados para terminar en cualquier esquina haciendo lo que mejor se sabe. Sólo con pensarlo, entran ganas, otra vez. Cierto el dicho de que no puede pasar más de una semana, no entre ellos. Un placer haberlos conocido.

Quiéreme si te atreves.

9:26