viernes, 25 de junio de 2010

Un día antes del sábado, menos mal.

Aunque era el mismo camino que hace algunas semanas, su manera de recorrerlo no tenía nada que ver con aquel nerviosismo por la primera cita. Estaba a unos pasos de escuchar las palabras que definirían el rumbo de su verano pre-italiano. Demasiado segura del final y aún así camina nerviosa. No podría esperar aquellos ansiados minutos que tarda en bajar las escaleras, esta vez no. Calculó el tiempo exacto para que no existiesen. Cruzó la esquina y escucho cómo se abría un portal. Era él. Guapo, como siempre, con sus vaqueros cortos. La invitó a pasar, nada mejor que un sofá para amortiguar la caída. Y empezó con el discurso: "lo normal sería que lo dejásemos, que dejásemos de acostarnos, porque si seguimos así todo esto irá a más y cuando te marches va a ser horrible, la despedida va a dolernos demasiado". Las mismas palabras que componen la típica excusa para dejarlo. "Te dije que no podíamos empezar algo pensando así", lo interrumpió en el mismo instante que sus sentimientos se habían parado. Entonces él continuó: "pero yo no quiero eso, no quiero lo normal, lo habitual, quiero seguir contigo". Fue la mejor cara de tonta que una persona haya puesto jamás. "¿Cómo dices?". Y la besó, con su media sonrisa de lado. Fue el beso que mejor le supo desde aquellos que ahora parecen tan lejanos. Oficialmente había empezado el verano el pasado 21 de junio, pero para ella lo hizo el 23 y ahora supo que lo había hecho de la mejor manera posible.

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