sábado, 29 de mayo de 2010

Sólo tenías que pedírmelo.

Si todo lo que quieres es que me olvide de ti para siempre, dímelo. Siéntate justo enfrente de mi sonrisa atormentada por los malos momentos, y dímelo. Pide una cerveza bien fría y mientras comencemos a hablar de cosas triviales, dímelo. Quiero que en ese momento, en el lugar de nuestra primera cita de final, bebiendo menos de lo justo e intentando sonreír, me digas que quieres que te olvide para siempre, que se me quiten las ganas de besarte sin que el verte influya para aumentarlas, que no tenga ganas de hablar contigo por lo que sea lo que hayamos tenido. Pero dímelo justo enfrente mía, sin tonterías de la noche de verano del fin de semana bañado en alcohol. Eso es justo lo que tendrías que haber dicho, sea lo que sea que hayamos sido o que seamos.

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