viernes, 30 de abril de 2010

Grados de más.

En un momento de lucidez, recapacito. Intento recordar cada una de las palabras que nos dedicamos, pero lo hago mal. Demasiadas interferencias. Desgraciadamente hay algo que no se me quita de la cabeza, la persona que descolgó el móvil por primera vez. Y por segunda, creo. Ahora, en este momentos de lucidez es cuando las conclusiones llegan y siento que todo en lo que había creído durante tres años, no eran más que mentiras. Sé que nunca sabré la verdad, somos demasiado inmaduros como para pararnos a hablar. Por eso, lo único que me queda decir es: sé feliz.

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