miércoles, 31 de marzo de 2010

Igual que un día con una hora de más.

Treinta y uno de marzo. Dos mil diez. Veinticinco años. Sólo el compartir algunas horas de los últimos tres años sobran para querer seguir compartiendo algunas más en los que quedan por delante. FELICIDADES D.

martes, 30 de marzo de 2010

sábado, 27 de marzo de 2010

Necesitar.

No es necesario que saques tu tarjeta y me hagas regalos, ni siquiera es necesario que me invites a tomar una copa. Lo único que necesito es que aparezcas al abrir la puerta, sin llamar entres y sin avisar te quedes a dormir, una noche más.

domingo, 21 de marzo de 2010

Nunca se para de crecer.

Esa es la única esquina que me queda para aguantarme sobre la tierra, sin apoyar los pies en ella. Levito, sobrevuelo, porque dicen que cuando pisas la realidad es lo peor que te puede pasar. Sueño, imagino y pienso. Pero a veces esas cosas también me fallan. No me doy cuenta y abro los ojos y ya te has ido. Creo que eso era lo peor que me podía pasar. Y pasó, sin más. Ahora... ¿a qué esquina me puedo subir?

Jamás te olvidaré,

tú acuérdate también de mí.

domingo, 14 de marzo de 2010

A cinco días de ti.

Te pediré que me acurruques durante unos minutos, enrollados en las mismas sábanas de hace meses. No me valen otras, si se me permite alguna exigencia. Seré capaz de dividir mi escultura humana entre el placer gráfico y el conocimiento deportivo a altas horas de la madrugada. Sólo por unos minutos encerrada en la misma habitación, soy capaz de decir al resto de mi vida que no. Si te permito algún tipo de exigencia, sólo será esa.

Donde habite el olvido.

Ahí es donde quiero quedarme contigo.

Que será de ti.

Lo cierto es que no me esperaba más de ti. Abres la boca sólo para balbucear y el alcohol me permite ver las ganas que tienes. La misma sonrisa y la misma mirada. Pero todo ha cambiado y todo sigue igual. Igual que antes de todo embrollo color verde, ahora salpicado de negros, marrones y rojos. Hace tiempo que he partido y he descubierto que tú nunca saliste del punto de partida. Por eso, cada vez que pase por ese punto te veo, te miro y suspiro. Aprende de él.

sábado, 13 de marzo de 2010

Aunque sea así.

Puede que pueda sentir que me he equivocado, como tantas otras veces. Pero nunca nos hemos dado la oportunidad de entender al otro, porque siempre nos han faltado palabras, para ser felices y para dejar de serlo, nunca hemos encontrado las palabras adecuadas para dejarnos. Con nosotros sólo han sido efectivos los hechos. Al final el borrarnos resulta lo más efectivo. Y el quererlo, lo mortal.

No cuela.

No puedes pedirme que me vaya con otro si me miras así y acto seguido sonríes a tu manera. Si antes no podía hacerlo, así menos. Luego me paso días enteros sólo con esa imagen mental. Que admito que es algo que me encanta, es mi propia medicina, es el algo que me hace sonreir el resto del día. Tú.

Todo a cien.

¡Qué curioso, todo en esta vida puede estar a cien, menos tu querer! Bueno, en realidad ahora las cosas están a un euro, porque la vida ha subido y todo está más caro. Incluso las cosas que no se pueden comprar. Antes del euro, yo podría haber conseguido una historia contigo por una de esas monedas que tenían un hueco en medio. Ahora ni los famosos noventa millones me llegarían. Y eso que hablo de manera metafórica. Supongo que no te puedo comprar porque la evolución de la tecnología me lo impide o simplemente porque no estás en venta. Nunca había pensado que la culpa de todo, la tenía la subida del euro y de la vida.

Antes de que cuente diez,

atravesaste de nuevo aquella puerta. Pero como yo, pocas personas te vieron. El hombre que no se mueve de su lugar y que mantiene la calma entre el enorme descontrol. La niña de ojos claros que estaba a mi lado, porque tenía demasiado pegado su oído izquierdo a mis palabras. Y yo. Pero como yo, ninguno de ellos te vio. Tenía las palabras preparadas, pero de mucho antes de esa noche. Un discurso gravado que siempre te escupo a la misma hora. Una vez más, me dejas la punta de tu zapato, para que caiga sobre ella. Como buen escupitajo que es, nada importa. Se mantiene durante una hora y luego una simple servilleta de papel es suficiente para eliminarlo y andar con esos zapatos como si nunca hubiesen sido recipientes de saliva usada. La saliva que sale de mi boca mensualmente.

domingo, 7 de marzo de 2010

O por lo que nunca fui.

El no puedo ya no entrará jamás dentro de nuestro vocabulario. Un no quiero es mucho más efectivo y radical. Pero el no quiero nunca ha estado dentro de nuestras palabras.

Te vas por lo que soy.

Nunca una sonrisa me había hecho tan feliz. Nunca una sintonía de llamada había quedado tan bien como banda sonora. Y sumamos un nuevo recuerdo a nuestra película.

sábado, 6 de marzo de 2010

Malos en todo.

Horas después se agarraron de las manos. Nunca las palabras fueron necesarias o útiles entre ellos, pero sí a la hora de enmarcar momentos. Y así, agarrados fuertemente, huyeron del murmullo de la gente, banda sonora no grata para su recuerdo. Fuera, a la luz de las farolas, se besaron, fuerte, rápido, suave, lento, perfecto. Como sólo ellos saben hacer, por una cosa que se les da bien, debemos dejarlos que disfruten. Él, ella y el sonido de sus cinturones chocando al unísono.

Y no volveré a dejarte de querer.

Verso endecasílabo que una vez más me transporta a la parte trasera de mis sentidos. Me hace preguntarme en qué momento decidimos que estamos queriendo a alguien. ¿Llega una mañana en la que te despiertas y dices "lo quiero" o quizás el instante en el que le besas en los labios por décimoquinta vez en el día y sabes que "la quieres"? Dicen que te puede bastar un día para saber que quieres a una persona. ¿Qué es lo que pasa ese día para que lo sepas? Personalmente, yo fui consciente de ello cuando empecé a ver que necesitaba algo de ti, algo que todavía hoy sigo sin saber qué es. Sin darte cuenta una persona se mete dentro de ti, dentro de tu cabeza, de tus pensamientos, de tu cuerpo. Y entonces sí llega un día en el que te das cuenta de que estás esperando una determinada hora para hablar con él, el despertarte para saber algo de ella, unos determinados caracteres, el sábado para poder besarla sólo a ella y que el resto de la gente se hace insignificante. Ese día, detienes el tiempo y te asustas de lo que sientes. Entonces sí puedo decir que hay un día que te sobra para saber que lo quieres, que la quieres. Pero, ¿qué más vienes después de eso? Necesidad, dependencia, DROGA, ("una droga llamada amor").