jueves, 28 de enero de 2010

Se iba...

Se iba.

- ¡Espera!
- ¿QUÉ?
- ...
- Déjame que me vaya, por favor.
- No quiero que te vayas. Quiero que me contestes a la pregunta que te he hecho.
- ¿Y si te digo que sí, qué pasará?
- ¿Sí?
- Quizás.
- Quizás es sí. Vale. Ahora te puedes ir. - sabía que la acababa de perder para siempre. Ella, que se suponía estaría para siempre, se había ido, de verdad.
- Gracias. - ahora era ella la que no era capaz de marcharse, no podía dejar de mirarlo a los ojos y sostener aquella confesión en sus labios. Le había dolido más al decirlo en voz alta. Se acababa de desenganchar de él.

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