domingo, 17 de enero de 2010

Evitar lo inevitable.

Iba decidido. Paso firme. Directo. Sin nada que lo desconcentrase. Pero tres pasos antes de llegar a ella, se detuvo. La miró. Lo estaba esperando, salía a buscarlo. Allí de pie, lo miró de reojo. Había olvidado el motivo por el que estaba allí. Las ganas eran superiores a él. La desnudaba sólo con mirarla y le hacía el amor con la primera palabra. Era ella. Nadie se asemejaba a esa perfección. Su boca. Sus ojos. Su mirada. Sus besos. Sus caricias. Era inevitable pensar en cada uno de esos momentos. Lo tenía claro, no buscaba el fin, no quería que terminase. Sólo el hecho de pararse a pensar en no volver a repetirlo con ella, le producía escalofríos. Allí, de pie, lo único que pensaba era en desnudarla, en besarle cada parte de su cuerpo y no despegarse nunca jamás de ella. Dicho y hecho. ¿Qué necesidad había de evitar lo inevitable?

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