domingo, 31 de enero de 2010

30. Paso firme

Decidido. Sin mirar atrás. Decidió ignorarla. Un mensaje que ni abrió. Sabía que era ella, sabía que le pediría algo, sabía que era algo que nunca le podría dar. Llamada perdida. No hacía falta ni mirar quien era, nunca se daba por vencida. Jamás lo había hecho. Por más negativas que él le dijo, ella nunca se dio por vencida, siempre tuvo esperanzas en poder conseguir enamorarlo. Pero las cosas habían cambiado demasiado. Lo intentaron, cada uno a su manera, pero lo intentaron. No fueron capaces, nunca lo serían. Pero las miradas los pierden, las ganas les pueden, cada noche, uno delante del otro, saben que es imposible decir no. Pero él había tomado una decisión. Ella, en silencio, también. No seguiría haciéndole daño. En sus recuerdos guardan grandes momentos, quizás, los mejores momentos de cada uno de ellos dos, y por eso siempre estarían en sus mentes, a buen recaudo de que nadie pueda robárselos. Ella casa noche los saca a pasear, cada noche uno más antiguo que el anterior, cada noche uno más bonito. Él los recuerda en cada copa de whiski barato con cola que cada noche hacen que se olvide de su vida laboral y se limite a disfrutar del sexo opuesto. Nunca más habría llamada de final de la noche, nunca más habría mirada de me encantas. Su historia se había acabado. Vagando entre las líneas telefónicas se encontraba su último adiós, envuelto en otra llamada más de auxilio.
Siempre.

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