domingo, 31 de enero de 2010

¡Párate!

Noche de sábado. Esta vez, especial. La gente viste raro y juegan a no conocerse y bajo esas fachadas poder pasarlo bien sin consecuencias. Esta noche, sí. Se verán, saben como van, aunque el resto de la gente lo desconozca. Ellos se conoces, siempre fue así. Esa mirada, es imposible de ocultar. "Sonreir y girarse, sonreir y girarse". Ahora que sabía el lema no se podía fallar.
- ¡Eh!
Se había fallado. Consiguió su atención durante unos segundos.
- ¡Espera! Sólo será un minuto, no quiero quedarme contigo, ni llamada de final, ni nada de eso.
-¿Entonces?
- Quiero que te detengas durante cinco minutos delante mía para escuchar lo que te quiero decir.
- Adelante, el tiempo corre.
- Te quiero. Y lo sabes. Sabes que te quiero desde hace mucho tiempo, y sabes que eso no ha cambiado por muchas cosas que hayan pasado entre nosotros. También sabes que eso no va a cambiar. Dejar de querer no es una cosa que se haga con demasaida frecuencia, cuando lo sientes de verdad. Pero yo sé que tú nunca me querrás de la misma manera. Ni siquiera me querrás de una forma que haga que estemos juntos. Hasta ahora siempre le he encontrado sentido al hecho de estar juntos unas horas cada noche, eres el único que hace que sienta eso, y me encanta. Pero lo he ido perdiendo poco a poco. Supongo que una se acaba cansando de dar y no recibir nada, ¿no? No es lo mismo terminar la noche contigo, aunque sean quince minutos, que pasarme la última hora de la noche con otro. No lo es, ni lo será nunca. Pero tengo que hacer que el tiempo consiga que termine siendo así, que otro consiga que terminar la noche con él sea mejor que hacerlo contigo. Me dijiste que no querías hacerme daño, por eso intentabas evitarme, porque tenías la excusa de que yo te encontraba. Pero ahora creo que lo mejor es que nos dejemos de excusas. Yo sí le encontraba sentido a lo que hacíamos, pero creo que tú no. O por lo menos, no es el mismo sentido que el mío. Aunque reconozco que tampoco sé exactamente porqué lo estoy haciendo en este momento, creo que lo mejor es saludarnos sin más complicaciones. Colegas que compartieron equis en el pasado y que ahora pueden saludarse sin compromiso. ¿Que opinas?
- ¿Qué opino? Que creo que te has excedido con el tiempo.
- No lo creo, soy muy breve y me sé limitar al tiempo que tengo. ¿Ningún comentario más?
- Sí, te quiero.

¿En qué erramos?

- En nada. Todo lo hicimos perfectamente bien.
- ¿Entonces?
- Todo estaba escrito desde aquella noche de disfraces. Aún así, nos hemos pasado tres años llevándole la contraria y hemos reunido muy buenos momentos y sentimientos. Cosas que nunca pensé que alguien me haría sentir.
- No sigas.
- Te quise. Te quiero. Pero los dos sabemos que no puede ser, que todo saldría mal.
- No. No soy capaz de pensar eso. Te quiero demasiado como para dejar que algo entre nosotros saliera mal. Eres tú el que sabe que fallaría.
- Puede, puede que fuese yo, o puede que fueses tú. Nunca lo sabremos.

Destino caprichoso

(Beso).
- Adiós.
- Adiós.
- Ojalá el destino nos tenga guardado un último encuentro, dentro de mucho tiempo, en el que recordemos todos nuestros momentos y nada nos impida estar juntos. Te quiero.
- Estoy seguro de que así será. Yo me encargaré de que así sea. Te querré.

30. Paso firme

Decidido. Sin mirar atrás. Decidió ignorarla. Un mensaje que ni abrió. Sabía que era ella, sabía que le pediría algo, sabía que era algo que nunca le podría dar. Llamada perdida. No hacía falta ni mirar quien era, nunca se daba por vencida. Jamás lo había hecho. Por más negativas que él le dijo, ella nunca se dio por vencida, siempre tuvo esperanzas en poder conseguir enamorarlo. Pero las cosas habían cambiado demasiado. Lo intentaron, cada uno a su manera, pero lo intentaron. No fueron capaces, nunca lo serían. Pero las miradas los pierden, las ganas les pueden, cada noche, uno delante del otro, saben que es imposible decir no. Pero él había tomado una decisión. Ella, en silencio, también. No seguiría haciéndole daño. En sus recuerdos guardan grandes momentos, quizás, los mejores momentos de cada uno de ellos dos, y por eso siempre estarían en sus mentes, a buen recaudo de que nadie pueda robárselos. Ella casa noche los saca a pasear, cada noche uno más antiguo que el anterior, cada noche uno más bonito. Él los recuerda en cada copa de whiski barato con cola que cada noche hacen que se olvide de su vida laboral y se limite a disfrutar del sexo opuesto. Nunca más habría llamada de final de la noche, nunca más habría mirada de me encantas. Su historia se había acabado. Vagando entre las líneas telefónicas se encontraba su último adiós, envuelto en otra llamada más de auxilio.
Siempre.

jueves, 28 de enero de 2010

Settembre

- Me voy
- ¿Cómo que te vas? ¿Para casa? ¡Todavía es pronto, quédate un rato más!
- No, que me voy de verdad. El año entero a otro país.
- ¿Cómo? ¿De verdad?
- Sí, con todo lo que he acumulado durante estos ocho meses de año, creo que es lo mejor.
- Huír de los problemas no es la solución.
- Ya lo sé. Pero la distancia hace el olvido. No busco solucionar ningún problema, porque no tengo ninguno. Busco olvidar. Y tú me enseñaste que desaparecer es lo mejor.
- Supongo.
- Ahora, me gustaría aprovechar contigo los últimos minutos de mis noches aquí y nuestros últimos minutos.
- Me parece perfecto. - Te esperaré a que vuelvas, pensó. Pero no lo pronunció. Ella era la que tenía que decidir el camino de los dos. Pero él sabía que el hecho de que se fuese no lo iba a hacer olvidarse de ella. Siempre la iba a estar esperando, pase el tiempo que pase.

Se iba...

Se iba.

- ¡Espera!
- ¿QUÉ?
- ...
- Déjame que me vaya, por favor.
- No quiero que te vayas. Quiero que me contestes a la pregunta que te he hecho.
- ¿Y si te digo que sí, qué pasará?
- ¿Sí?
- Quizás.
- Quizás es sí. Vale. Ahora te puedes ir. - sabía que la acababa de perder para siempre. Ella, que se suponía estaría para siempre, se había ido, de verdad.
- Gracias. - ahora era ella la que no era capaz de marcharse, no podía dejar de mirarlo a los ojos y sostener aquella confesión en sus labios. Le había dolido más al decirlo en voz alta. Se acababa de desenganchar de él.

Y se fue.

- ¿Te lo estás tirando?
- ¿Cómo?
- Lo que has oído, ¡si te estás tirando al Gilipollas ese!
- Francamente, creo que a ti no te importa lo que haga o deje de hacer.
- Te equivocas.
- ¿Qué pasa? ¿Qué ahora te importo?
- ...
- Jáh, ¡déjame en paz! - y se fue.

28.01.1993


Ese día, pasadas las diez de la noche me llegaba la noticia de que, sin esperarlo, ya había nacido mi hermana. Mi hermana pequeña, la que pasaría a convertirse en mi mejor muñeco durante sus primeros años de vida. Hasta que se puso a correr y me escapaba, así pasó a ser mi peor pesadilla. Y desde aquella, poco ha cambiado. Se ha limitado a crecer hasta superarme en altura e intentar madurar para poder mantener conversaciones decentes conmigo. En realidad creo que sí ha cambiado algo, creo que se ha convertido en mi mejor amiga. Y ahora sí, espero que nunca jamás cambie. ¡FELICIDADES ENANA!

miércoles, 27 de enero de 2010

27. Follamigo

Una noche más de sábado, en el medio de las tantas que hay en este calendario. Lo miró a los ojos y lo dijo: siempre te voy a querer y nunca me voy a olvidar de ti, pídemelo y te estaré esperando el resto de mi vida. Pero no fue capaz de pronunciarlo en voz alta. No era capaz de hacerlo. Pero sabía que él lo había entendido. Sabía lo que aquellos dos ojos le estaban diciendo con la mirada. Le sonrío y ella supo lo que significaba. Les sobraban las palabras. Él sabía que ella siempre estaría ahí y ella sabía que él era eterno en el tiempo.

martes, 26 de enero de 2010

Shhhhhhhh.

No es necesario que digas nada más. Los últimos actos que has realizado, han dicho más de lo que me dirías a la cara. Cobarde. Y basándome en eso, cogeré fuerzas para mirarte, sonreirte, saludarte y no volver a dirigirte la palabra. No te mereces más que un mísero ¡hola! y casi sin admiraciones. Pero como no soy como tú, te las pongo.

Camino por la circunferencia.

Tenía razón el que dijo no sentirse dentro de ese círculo de amigos. Casi sin poner un pie en él, me autoexcluyo. Aunque en realidad creo que fueron ellos los que actuaron primero. No sé si tenía razón yo de que nunca fui apreciada, o si la tienen los que me dijeron que eso era lo que sentía yo. De todas formas, ahora creo que queda bastante claro. No hay necesidad de fingir nada. Porque no hay el más mínimo lazo que nos una. Tú y ellos, por vuestro lado. Yo, por el mío. Simplemente intentaré no fijarme en vosotros, desapercibidos. Sois unos más en el conjunto de la gente que puebla este planeta. Y, a pesar de que estáis dentro de un círculo mucho más pequeño, en el cual yo también estoy; no os preocupéis, me queda poco para salir de él y no volver a entrar de lleno nunca más. Me llega la circunferencia.

25. A ciegas.

Lo leí. Aquel tablón que tan pocas veces parece haberse actualizado, pero que cuando lo hace, te hace reflexionar a cerca de todo lo que te rodea. Hablamos de hacer elecciones en nuestra vida, cuando la mayoría de las veces que debemos tomar parte en el asunto no somos nosotros los que tenemos la última palabra. Dentro de nuestra propia vida, estamos obligados por el círculo de la naturaleza a dejar entrar a determinadas personas que formarán parte de ella para siempre, de una u otra manera. Y hay veces que son estas personas las encargadas de tomar una determinación por ti, sin ni siquiera pedirte permiso para hacerlo. ¿Puede que sea porque somos nosotros los que se lo permitimos? Alguien me dijo hace tiempo: "esta vez sé tú la que tome las riendas de la relación". Sentí que me había dado las fuerzas necesarias para poder hacerlo. Pero no fue así. "Tener claro lo que quieres hacer, pensar lo que de verdad necesitas" así resaba aquel tablón. ¡Cuánto daría por poder seguir ese consejo! ¿Qué quiero hacer? Ser feliz, pero a mí manera. Sin mayores complicaciones que las que yo misma me proponga. ¿Qué necesito de verdad? Demasiado complicado para tan poco espacio. Por decir algo, diría que necesito el apoyo de una persona que de verdad confíe en mí por mis propios méritos, el cariño de una persona que me quiera por como soy. Y digo esto porque creo que es algo que me falta y que añoro muchas veces al día. Supongo que tú no debes entrar dentro de esas dos preguntas y tengo que decidir que a partir de ahora no lo hagas nunca más.

domingo, 24 de enero de 2010

24. Adiós

Pensaba que la parte más difícil ya la había hecho, me había enamorado completamente de ti. Del chico del no eterno, del chico olvidado hace seis años, del chico que nadie me recomienda, vamos, de ti. Aunque admito que, para tener tantos defectos, fue relativamente fácil acabar en esta situación. Pero lo cierto es que sucedió. Y ahora, delante mía se presenta algo más difícil todavía, decirte adiós por iniciativa propia. Evitarte. No caer en la tentación de querer besarte. Evitar sentir. No caer en la tentación de verte y desearte. Evitarte. Decir que no, decirte que no, decirme que no. Cumplir la promesa a mí misma más complicada e indeseada de toda mi vida. He decubierto que tener que hacer algo que no quieres dejar de hacer nunca, es demasiado imposible.

Nuestra única foto

No me canso de mirarla. De retocarla. La giro, los pies para arriba y sigo mirándola, más si cabe. Es preciosa. La mejor foto jamás expuesta en una galería de la ciudad de Nueva York. La nuestra. Los mejores modelos nunca antes fotografiados juntos. No existe el precio de compra lo suficientemente alto para llevarse la exclusiva. Sólo nosotros y el curioso fotógrafo, podrá hacerlo. Retenida en la memoria de tres ordenadores, permanecerá oculta, hasta que un marco de fotos pueda portarla.

Viejo amigo

- Nunca lo reconocerá, porque no es así.
- No te apresures.
- Ya ha pasado demasiado tiempo, no tengo prisa.
- Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Y él nunca te ha perdido.

Tiempo muerto

Pocas veces te he pedido algo. Esta, es otro de esas pocas. Pido un tiempo muerto en medio de toda nuestra relación más sentimental, que no de pareja, si no de esta relación en la que ya hemos introducido nuestros sentimientos. Un tiempo muerto en el que nos limitemos a disfrutar el uno del otro, del placer que nos podemos dar entre nosotros. Dejar de jugar con nuestros sentimientos, y simplemente besarnos por el mero gusto de hacerlo. Porque mi cuerpo pide el calor del tuyo cada día, y porque espero que el tuyo haga lo mismo por el mío, aunque sólo sea de vez en cuando. Por el simple hecho de disfrutar el momento. Sin respuestas. Sin preguntas. Sin declaraciones. Prohibido sentir si impide el placer. Ansío con todas mis fuerzas ese tiempo muerto, ¿me lo concedes?

sábado, 23 de enero de 2010

Perdida

Saber que estás a mi lado, bueno, relativamente cerca y que no puedo perseguirte, acaba de producir en mí una sensación estraña. Como una pérdida de una oportunidad, de esos trenes que dicen sólo pasan una vez en la vida. Así es como me siento contigo. Pasajera de todos tus trenes que pasan por delante de mis ojos. Perder uno de ellos, es un duro golpe. Y la imaginación, en este caso, juega en mi contra. Ahora mismo, siento que me ha pasado uno con las puertas herméticamente cerradas, pero sólo para mí, cualquier ser humano de mi mismo sexo podrá disfrutar de él, al menos, durante esta noche de enero.

23. Casualidades de la vida

Cuando las dos piezas que se encuentran en los dos polos opuestos de la línea recta parece que se van a encontrar frente a frente, se dice que el círculo se ha cerrado. Pero, ¿qué y quién se encuentran dentro de dicho círculo realmente? Se suele decir que la vida, o el mundo, son un pañuelo. Cuando descubres cuan cierta puede llegar a ser dicha frase, te asustas. Sobre todo, si es la misma vida, la de las casualidades y coincidencias, la que te ha excluído a ti, principal protagonista, de ese círculo ya famoso.

Pasa rápido.

Ante la despedida de una pareja de enamorados cuando uno de ellos tiene que partir por el diferente motivo que fuese, sea trabajo o algún tipo de vacaciones, lo más fácil es decir: una semana pasa rápido, dos meses pasan rápido, o simplemente, el tiempo pasa rápido. Hasta que tienes ganas de hacer chas con los dedos y poder levantarte en la mañana de dos años más tarde sin que nada cambie. Pero si lo piensas friamente te entra el pánico, miedo de pensar que las cosas cambiarán por completo y tendrás ganas de volver el tiempo atrás. Lo cierto es que el tiempo pasa demasiado rápido, que no te da tiempo a pararte a conocer en qué día viver para poder aprovechar cada minuto. Supongo que durante los años que nos quedan a todos por delante, tendremos que seguir pidiendo en muchos momentos que el tiempo se detenga y con él el instante que vivimos, cuando, sin darnos cuenta, ese instante es el que pasa a tiempo fugaz. Y, de pronto, se va.

viernes, 22 de enero de 2010

22. Perdonar.

Dicen que perdonar es de sabios. Pero, ¿hay que perdonar siempre? Y en el caso de no ser capaz de hacerlo, ¿qué se hace? El perdón no es algo que uno decida si dar o no. Se trata de sentir, o no sentir. Entonces, llega el problema de siempe, la confrontación entre la razón y el corazón. Quizás, por una vez, es mejor dejar de darle importancia a tiempos pasados mejores y hacer lo que implica la lógica. A veces, demostrar algo, ayuda a decidir.

domingo, 17 de enero de 2010

Evitar lo inevitable.

Iba decidido. Paso firme. Directo. Sin nada que lo desconcentrase. Pero tres pasos antes de llegar a ella, se detuvo. La miró. Lo estaba esperando, salía a buscarlo. Allí de pie, lo miró de reojo. Había olvidado el motivo por el que estaba allí. Las ganas eran superiores a él. La desnudaba sólo con mirarla y le hacía el amor con la primera palabra. Era ella. Nadie se asemejaba a esa perfección. Su boca. Sus ojos. Su mirada. Sus besos. Sus caricias. Era inevitable pensar en cada uno de esos momentos. Lo tenía claro, no buscaba el fin, no quería que terminase. Sólo el hecho de pararse a pensar en no volver a repetirlo con ella, le producía escalofríos. Allí, de pie, lo único que pensaba era en desnudarla, en besarle cada parte de su cuerpo y no despegarse nunca jamás de ella. Dicho y hecho. ¿Qué necesidad había de evitar lo inevitable?

17. Pasó,

lo que tenía que pasar, ni más ni menos.

sábado, 16 de enero de 2010

16. Condional

Podría haber sido algo. Podría haber significado algo. Podríamos haber llegado lejos. Lo he releído y he tomado la sabía decisión de odiar los tiempos condicionales terminados en -ía. Se han acabo los momentos condicionales, le han dado paso a los imperativos acompañados de admiración final y a los presentes, tanto regulares como irregulares. Sé algo, es algo! Significa algo, significa algo! Lleguemos llejos, llegamos lejos! Y que bien suenan.

Para lo bueno y para lo malo,

hoy ya es sábado 16. [fin de semana al fin y al cabo]

viernes, 15 de enero de 2010

Indignante.

Ya bastante penuria tienen durante el resto del año, como para que todavía les haya tocado a ellos la mala suerte de la madre naturaleza. De nuevo los más necesitados han visto temblar la tierra que pisan y han sufrido el derrumbre de sus techos en sus propias carnes. Una vez más, la naturaleza se vuelve carpichosa. Pero en el "primer mundo" lo vemos desde la lejanía, sin la más mínima idea de saber por lo qué están pasado y aún así nos atrevemos a comentar, a opinar y a decir que sentimos pena, o llámale equis. Y por si no fuera poco, de repente en Internet, esa herramienta tan útil, sin la cual no seríamos capaces de vivir (a pesar de que lo hayamos hecho durantes décadas y décadas), herramienta que esas personas que han padecido esa desgracia ven simplemente como una vaga ilusión; pues eso, Internet nos ataca con páginas para ayudarlos. ¿Páginas para ayudarlos? Sí, esas páginas en las que dejas parte de tu dinero que tiene un destino claro: los bolsillos de los dueños de dichas páginas. Pero después nos atrevemos a decir que sentimos lástima, simplemente porque así nos sentimos mucho mejor. La televisión nos ataca con imágenes de cadáveres, la radio nos ataca con gritos de desesperación y los periódicos con palabras de socorro, y nosotros vemos las noticias, oímos (que no escuchamos) a las emisoras y leemos los artículos. A continuación, breves minutos de conversación acerca de lo que se debería tener hecho. Y fin. Acabaron las noticias y se acabó la pena y la lástima, continuamos con nuestras vidas llenas de rutina, preocupados por pagar el coche nuevo (cuando en aquel país pocos eran los que podían ter uno pequeño) o por salir de casa a gastarnos el dinero ahorrado en las rebajas (sí, en aquel país no saben ni lo que significa esa palabra: rebajas). Pero todo da igual, nada va a cambiar, ¿no?

Gilipollas.

Quizás gilipollas sea una palabra que nos defina a la perfección en determinados momentos. Para ella, en aquel momento, gilipollas fue la única palabra que le salió. Se sintió gilipollas por haberlo creído durante unos segundos.

Tiemblo.

A tan poco tiempo, dudo de si es necesidad. Sé que no es querer, ni deseo, ni gusto. Me dicen que es necesidad. Pero después de verme, también ellos dudan. Demasiado tiempo, demasiado sentimiento, demasiada importancia, demasiado todo. Desconozco qué pasará, qué cambiará. Pero conozco a ciencia cierta que algo sí va a pasar. Lo otro, me daba igual. Lo tuyo, no me dejó dormir tranquilo. Te eché de menos en mi cama, te eché de más en mi cabeza. Tú, ya eras parte de mí y sé que no dejarás de serlo, pasé lo que pasé, duerma quien duerma a mi lado o sea quien sea la que me bese. Tú siempre serás tú, sin ningún adjetivo que te defina mejor y ningún sustantivo que pueda dar nombre a nuestro tipo de relación. Y ahora nos dirigimos a nuestros propio abismo, aunque puede que haya sentido que por ese mismo precipicio iba cayendo poco a poco. Como dicen que el dolor es menor cuando viene todo junto, me lancé. Pero... siento que estoy llegando a lo más profundo del pozo y tiemblo.

15. Se suponía que era hoy.

Estoy cansada de estos detalles. Me han cansado hasta el gran punto de hartarme. Por eso no quiero que vuelvas a hacerlo. Recurriendo a un refrán: una para saber y otra para aprender. Ya han pasado las dos veces, las dos veces que el ser humano, osease yo, tropieza con la misma piedra. Repito, este fin de semana, pase lo que pase, digo adiós y comienzo algo nuevo.

viernes, 8 de enero de 2010

Solamente.

Y en esta noche de frío invierno, lo único que deseo son tus brazos abrigándome, tu cuerpo tapando el mío, tus manos sujetándome y tu mirada clavada en la mía, casi sin pestañear. En esta noche de frío invierno y películas nazis en la televisión, lo único que deseo es repetirte.

jueves, 7 de enero de 2010

Insistencia.

Como cuando éramos niños y creíamos que un toque lo decía todo. Ahora lo necesito. Si lees esto, quiero que me hagas saber que vale de algo que insista con mis ansias por saber algo de ti. Un toque y no te dejaré tiempo para el respiro.

¡Ouh!

No quiero seguir esperando, cada vez que aparece algo nuevo, me sobresalto, mis latidos se aceleran y... de repente... ¡pum! Se paran otra vez y vuelven a la normalidad. No eres tú. Nunca serás tú. ¡Quieres decirme de qué manera me vas a alertar! Recuerda que soy impaciente, demasiado.

PREVISIBLE

Yo lo sabía, tú lo sabías y, lo peor, él no. Creía fírmemente que podría hacer olvidarme de ti, y lo intentó. Esos dos meses que desapareciste físicamente de mi vista, él apareció para quedarse. Y lo hizo. Estuvo a mi lado, siempre. Incluso cuando dijo que no quería seguir, seguía. Le gustaba, quería estar conmigo, pero había algo que se lo impedía. Había descubierto que nunca podría atravesar la barrera que yo misma, con tu ayuda, he ido construyendo a mi alrededor. Pero sigue ahí. Aún sabiendo que había pasado mi mejor noche contigo el día anterior, volvió. Se detuvo a mi lado y lo repitió: quiero irme contigo. Y nos fuimos. Así, sin más. Para volver a recordarle que no, que él no eras tú, que no podía besarlo de la misma manera, que mis besos todavía sabían a ti, que él me daba escalofríos cuando me intentaba abrazar, porque seguía sintiendo tus dedos sobre mi cuerpo. No, él no eres tú. Simplemente es él, un gilipollas, como tú le has llamado. Pero es un gilipollas que lo quiere intentar, intentar romper mi muro, intentar quererme, intentarlo conmigo. A pesar de que es PREVISIBLE que fracase en su intento.

7.

Sentada, esperando un mensaje, una llamada de teléfono o una pequeña señal que me indiquen tus ganas de volver.

No puedo...

No puedo olvidarlo. La manera de mirarme era demasiado para poder olvidarla. [Lo siento, no encuentro adjetivo para definirla].

miércoles, 6 de enero de 2010

6.

El día de reyes ya ha llegado a su fin. (Menos mal). No es que me queje porque mis padres o mi hermana se hayan olvidado de mí. No puedo hacerlo, me han traído más cosas de las que esperaba y necesitaba, para variar. Lo que pasa es que este día se supone que te tienen que regalar lo que más deseas y lo mío no es nada material, ni nada que un familiar o amigo me pueda regalar. Son momentos, son sentimientos, son mimos, son caricias, es todo eso que sólo tú sabes cómo dármelo (a veces). Este año lo he pedido con más fuerzas, pero menos esperanzas. He pedido eso para cada uno de los días que tiene este 2010 por delante, sabiendo que es más que seguro que todo esto se haya quedado en el primer día del año. Como desde pequeña me han dicho que la esperanza es lo último que se pierde, este año lo he vuelto a pedir. No es algo que me tenía que llegar hoy, por eso seguiré esperando cada mañana a levantarme y encontrarme con un día de estos. ¡Feliz día de reyes!

lunes, 4 de enero de 2010

4.enero

¿Sabes que canción suena? ¿No? La verdad yo tampoco recuerdo el título, pero sí sé que la cantan ellos, compañeros de alguno de nuestros viajes y banda sonora de varios momentos. Supongo que es la nostalgia, los pensamientos que sobrevuelan por mi mente ahora mismo... el miedo. Sí, lees y oyes bien, miedo. Menos de tres horas. Menos de tres horas para el inicio del final. Final que espero no sea vía tecnológica y accedas a terminarlo como empezó: cara a cara. Me gustaría saber cómo hemos llegado a este punto. Sabemos que más no podemos avanzar y retroceder sería una tontería que nadie entendería. ¿Y esto quiere decir que se tiene que terminar? Al parecer todo indica a que sí. Los últimos encuentros podrían dar otro tipo de pistas, pero lo cierto es que parecen flechas hacia el más grande de los precicipios: el final de toda historia. Es cierto que nunca le hemos puesto etiqueta a lo que sea que hemos tenido, porque eso es cierto, algo hubo, aunque no sepamos lo qué. Y ahora ese algo, parece desaparecer. Se escurre entre mis dedos y yo intento agarrarlos, apretarlo fuerte para que no se vaya. No quiero que se vaya. No quiero que te vayas. Pero sé que te irás, sin darme cuenta hace tiempo que te fuiste, y aunque haces escalas y paradas, lo cierto es que ya no estabas. Por todo ello, vamos a hacer que los stops, que para ti no significan nada y para mí todo, se terminen. De nuevo nos diremos adiós, me dirás adiós, aunque ojalá fuese un hasta que crezcas y cuando llegue ese momento sea como si el tiempo no pasase y siguiésemos siendo iguales. Pero el tiempo pasa, y lo hace deprisa y nos cambia. Y tanto que desconozco casi como era la primera vez que te vi, ni como eras tú. Y tanto que hemos cambiado. Y a partir de ahora cambiaremos, más todavía, cada uno por su lado, y cuando nos reencontremos, será como si fuésemos totalmente estraños. No quiero que eso ocurra, querría cambiar a tu lado, pero ocurrirá. No sé. En dos horas y media, quizás, sólo quizás, le hayamos dado alguna pequeña respuesta a nuestras dudas. Por lo menos le habremos puesto fecha.