miércoles, 29 de diciembre de 2010

Demasiada atracción sexual.

Me gusta hacer el amor con ganas, como vulgarmente se dice, me gusta follar. Moverme por toda la habitación y escurrirme en la cama entre las sábanas. Y que cuando él ve que mi cabeza está a muy pocos milímetros de la pared, me agarra de las piernas y tira de mí hasta el centro de la cama. Entonces es cuando mejor nos sale.

Excusas que invitan a despedidas.

Porque cuando me di la vuelta en la cama era para que lo intentaras por detrás, no porque me hubiese enfadado por el hecho de que me repitieras cada diez minutos que te la habías follado.

GRITA!

Y todo empieza en el mismo punto del no, pero con distinto final. Te llevo a casa (y nunca llegó). No vengas (y no se despegó). No puedes subir (y le abrió aquella puerta de par en par). Yo me voy a dormir (la mejor mentira). Fuera tacones, zapatillas y complementos. No le dejó minutos para quitarle la ropa y le sobraron para sacarle las medias (la primera de las tres veces que lo hizo). Después de tantas negativas que ni ellos se creían llegó el punto cumbre. Justo cuando él la agarró fuerte por los muslos y ya dentro de ella, la apoyó contra la pared mientras era rodeado por sus dos piernas. Justo ahí llegó el punto cumbre. Y aunque admitieron que no era lo mismo o que todo había cambiado, en el fondo, su fondo seguía igual que el primer día, intacto. Él presumía de su virginidad para que ella no lo tocase y la hacía enfadarse cantando no sé qué del jabón. Ella se divertía moviéndose sobre su espalda y jugando con su entrepierna. La rutina había cambiado, se conocían demasiado, pero desconocían hasta que punto eso era bueno o malo. Se limitaron a disfrutarlo.

Sábado noche. Navidad.

Ya no habrá mensajes de inicio, ni encuentro por casualidades preparadas, ni llamadas para huír, ni abandonos amigables, ni sexo en la calle, ni posturas obscenas entre sábanas, ni vibradores inoportunos, ni retenciones en la cama, ni ventanas oscuras e indiscretas. Sólo quedan las ganas levitando, las miradas sostenidas y una espera eterna con final próximo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Y soñó.

Subieron las escaleras hasta la primera planta a tropezones,puesto que el alcohol había minado en ellos la capacidad de percibir correctamente el espacio y el tiempo. Se encontraron la puerta abierta,como si su interior los estuviera esperando. Entraron en la primera habitación de la izquierda,la más grande,con televisión,sofá y dos colchones de noventa para juntar. De las cuatro paredes que la forman,una es todo cristal,dos ventanas enormes de cristal. Persianas alzadas y cortinas abiertas de par en par,no ocultaban nada a la vista de los vecinos de enfrente. Se desnudaron casi más con la boca que con las manos,ayudados por los pies. Tenían ganas de comerse enteros. Empezaron en el sofá,acostados,sentados. En el suelo no se detuvieron,a pesar del frío,aquello parecía un incendio. Papeles por el suelo,vasos rotos,y el siguiente lugar fue encima del escritorio. Lo intentaron encima también del radiador,pero la cama les quedaba demasiado cerca y era demasiado tentadora. Hasta que el sol cubrió sus cuerpos desnudos por completo,no dejaron de follarse. Pero una vez que los rayos llegaron a sus ojos,se toparon con la realidad: el cariño,el amor,las ganas de abrazarse,de acortarse sobre su cuerpo,de no dormirse nunca y no cansarse de mirarse a los ojos. Sabiendo que el día siguiente no existirá.

martes, 21 de diciembre de 2010

De 15 a 20 en poco tiempo.

Ella. Ingenua criatura capaz de imaginar que cada persona que camina por la tierra tiene el mismo fondo. Tiene veinte años para tomar la decisión de buscar oportunidades a dos mil kilómetros de todos aquellos que le harán falta cada mañana. Ser madura para afrontar determinadas situaciones como pérdidas familiares o afrontar fallos de amigos. Tiene veinte años para poder organizar cada etapa de su vida, cada movimiento profesional o familiar. Pero cuando se trata de amar, todo cambia. Se convierte en la niña estúpida de quince asquerosos años de la que cada inmaduro se puede reír cuanto quiera sin importarle una décima lo que ella sienta. A base de hostias, se da cuenta de quién es realmente cada uno, porque quien debió de luchar y por quien no mereció la pena. Caer y levantarse. Ahora tiene toda su vida por delante apra comportarse como una mujer de veinte años que es en cada uno de los aspectos de su vida. Y con mucha más razón, a la hora de amar.

martes, 14 de diciembre de 2010

Repeat.

Para evitar que el alcohol ensuciara la madera del suelo, decidieron que lo mejor era ingerirlo todo. Algunos no terminaron la noche en pie, otros solos en camas ajenas y ellos dos en la misma habitación. Allí estaba él, una vez más en su habitáculo internacional con otra persona del sexo contrario. Lleno de grados hasta arriba. Y ella, una chica encerrada en un cuerpo de una cuarentona. Cuarentona en el sentido completo de la palabra, vestidos justo por la rodilla, siempre camisa y nunca camiseta, tacones cómodos y no demasiado altos, maquillaje discreto y pelo domado. Con unas ganas desmesuradas por que algún tío le introdujese de una vez su pene, hasta dentro del todo, hasta el fondo. Sin importar quien sea, de donde, ni el idioma que hable. Las babas estaban bien al principio, pero ya es necesario pasar a palabras mayores. Actuaciones mayores. La estampa, los dos borrachos como cubas, ella con unas ganas de follar enormes y él con unas ganas de dormir del mismo tamaño. Es que ni siquiera llegaron a hacer el amago de quitarse la ropa o el intento de tocarse. Él se tiró en la cama y ella se quedo sola con sus dedos resignación, esperando al polvo de la mañana. Polvo que horas más tarde descubriría que tampoco iba a llegar nunca. Cuando él se despertó no se lo creía. ¿Quién era ella? Y al saberlo, ¿qué hacía metida en su cama? Sabía que lo hecho ahí se quedaba, así que se dio otra media vuelta y pensó "el alcohol me hará olvidar". El alcohol... al fin y al cabo, nuestra única salida en común.

lunes, 13 de diciembre de 2010

4710.

Se celebraban las fiestas del verano de su pueblo. Aquel día era el siguiente al más fuerte de los seis que duran. Era domingo. Nunca habían salido solos de noche hasta aquella. Delante de la sirena con senos bien esculpidos, lo agarró fuerte de la mano y huyeron de la masa de gente que permanecía atónita ante aquel pintor bohemio. Sus pasos los condujeron hacia la playa, de nuevo el mismo sitio que la primera vez. Fuegos de artificio decoraban la estampa. Jamás había tenido a alguien que la abrazase en silencio durante tal espectáculo, y él lo hizo sin necesidad de pedírselo. Después de esos quince minutos, la idea de irse de fiesta se esfumó de sus cabezas. A dos pasos tenían aquella cama que los había acogido dos días antes. Entre tropiezos de tacones, caricias obscenas que se colaban por debajo de la ropa y besos mordisqueados, llegaron. Velas. Música. Y vino. Y se comieron la noche. Él se despertó antes. Le sobraron minutos para levantarla a ella con besos en la mejilla que pasaron por la boca, cruzaron el cuello, atravesaron el camino del medio hasta perderse en lo más profundo de su anatomía. Al mismo tiempo que se despertaron sus cuerpos, lo hicieron sus ganas. Se abrazaban tan fuerte que parecían que se iban a romper entre ellos. Despacio, con los ojos cerrados y disfrutando de cada movimiento. El mejor amanecer del verano estaba a punto de ocurrir. Casi sin minutos de descanso, él se levantó y tiró de ella hacia la venta. Pero ella conocía la estructura y sabía que lo mejor estaba en la parte de atrás. Entonces, de repente, aparecieron dos cuerpos desnudos en el interior de un balcón con vistas a la playa de un segundo piso. Abrazándose con sonrisas y miradas. "Volvamos a la cama, te va a coger el frío". Y regresaron para quedarse dos horas más. Regresaron para seguir haciéndose el amor dos horas más a la luz del primer sol.

Una, y no más.

- ¿Pero cómo se le pudo pasar por la cabeza la idea de mandarlo todo a la cuneta sin preguntar?
- Porque el amor requiere de dos fuerzas más o menos equilibradas. Y cuando una de esas dos siente que está tirando sola, entran las dudas.
- ¿Dudas acerca de mí? Pero sin tener novia nunca, he apostado por una relación a dos mil kilómetros de distancia y porque ella se va a follar a los italianos. ¿Qué he hecho mal?
- No recordarle esto cada día. No es a mí a quien se lo tienes que decir, si no a ella cada mañana que se despierte abrazada a un peluche que lleva tu nombre y cada noche que se duerme con tu imagen como el final de su día. Entonces a ella no le volverán las dudas nunca.

domingo, 12 de diciembre de 2010

25J. Pum!

Aquella mañana de viernes del principio del verano, no fue una más. Para ellos era más que especial. El disparo que les indicaba la salida. La primera vez que aquellas cuatro paredes se verían empañadas con sus ganas. Durante el pasillo él no dejó de besarla, por el simple hecho de que no era capaz de caminar si no era tocando su boca. La detuvo a los pies de la cama y sin pronunciar una palabra, empezó a desabrocharla. Mirándola fijamente a los ojos se arrodilló delante de ella para continuar el camino del destape. Incapaz de aguantar más tiempo de pie, ella lo empujó para colocarse encima y desnudarlo con fuerza. Y a pesar de que el sol cubría sus carnes, ellos son de hacerlo debajo de las sábanas. Sentir cómo se deslizan por sus nalgas, cómo se les escapan cuando intercambian los roles. Para poder agarrarlas justo ese segundo antes o pelear con ellas durante minutos de gemidos. Fue una mañana en la que las palabras necesarias fueron dichas justo antes de empezar. Una vez comenzaron la actuación, las palabras eran totalmente innecesarias. Es más, sobraban. Fueron sustituidas por esas miradas con las que se beben y los roces delicados entre esas partes carnales que tanto necesitan el contacto. De hecho, era la mejor manera para hacer insignificantes las palabras, mantener las lenguas ocupadas en lugares mucho más placenteros.

Nuestra realidad.

Puede que nunca encuentren un camino conjunto, una historia que compartir, un final en común o incluso que no vuelvan a cruzar sus miradas. Pero en el fondo los dos saben que cada una de esas historias, son las que le encantarían que ocurriesen en un futuro instantáneo. Aceptar que las cosas se pierden, que todo lo pactado se está yendo de las manos, sea quizá la realidad más dura a la que se haya tenido que enfrentar nunca. Pero tarde o temprano, en el fondo ambos sabían que pasaría. Así que sin más, lo mejor es que hacerse a la idea y mirar de frente, ver lo que tiene delante. Disfrutar un año inolvidable que no ha hecho más que empezar y luego, crear su verdadero futuro con todo aquel que la quiera de verdad, ya sea su amistad, su amor o su sexo, pero que sea lo que sea, sea de verdad.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Treinta y uno de agosto.

Siempre negándose a aceptar la realidad. La realidad del poder que tiene el apetito sexual. Y más cuando de ellos dos se trata. Sabían que el día iba a ser largo. Todo empezaba cuando el sol todavía brillaba a última hora de la tarde y el alcohol empezaba a llenar vasos de plástico del supermercado. Buscarían un encuentro sorpresa, eso se habían dicho. "Noche de alcohol, amigos y rock de orquesta". Pero una vez que el sol desapareció, las cosas cambiaron. Era el último día del segundo mes que por teoría en el norte se corresponde con el verano. Justo catorce días antes de que todo cambiase de una forma radical que no podían evitar. De igual modo que él no pudo evitar marcar su número y descubrir que la noche hacía tiempo que había empezado. Ambos llegaron un poco tarde para escuchar los temas míticos de los noventa, pero era la hora exacta para escuchar cada mirada y cada gesto que el otro pronunciaba. Cuatro letras con rotulador y una verdad que todavía perdura. Se alejaron de la muchedumbre para buscar intimidad en aquella tienda de campaña fácil de usar. Camisetas que guardaban mensajes irónicos por el suelo se mezclaron con las hojas y el sudor. Pantalones que se quedan sostenidos por un milímetro en sus pies. Bragas, sujetador y calzoncillos que se pierden por cada esquina para no ser encontrados nunca. Y empezaron a hacer el amor como aquel paisaje se lo estaba pidiendo, salvajemente. No podía quedar ningún hilo de la lona sin ensuciar con sus cuerpos. Se negaban a que aquello terminase, estaba tan bien que lo último que querían era ponerle punto y final. Entonces, encontraron la mejor manera de hacerlo... pasar la primera noche juntos, desnudos, cubiertos por una manta de estrellas, ella arropada con sus brazos bocabajo y el tapado con su delicado cuerpo encima. Las partes que necesitaban más contacto intrapersonal estaban en el punto exacto como deberían estar siempre. Así, sí que pudieron ponerle el punto y seguido hasta el sol siguiente.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Infielmente tuya.

Y en un momento dado, ella se agarra con fuerza a su espalda y él se incorpora. Sentados los dos en mitad de la profundidad de la cama. Ella encima de él, sin dejar por un minuto que él se deslice hacia fuera. Entonces se vuelven a repetir los movimientos constantes, seguidos, lentos y rápidos al minuto siguiente hasta convertir este instante en uno de los puntos álgidos del acto. Abrazados tan fuerte, que da la impresión de que temen a que el mundo se termine y no quieran pasar por eso separados. Luego,ella se vuelve a tumbar en su sitio favorito: su pecho. Él le da un beso y pasan los mejores minutos, en silencio, abrazados, pensando que lo único que quieren es quedarse en ese momento y que pase el tiempo lo rápido que quiera.

Con insinuaciones.

Igual que un videoclip indie que parece no tener sentido. O un cortometraje en el que cada escena parece tener un guión independiente del resto. Esos son los recuerdos que permanecen. Imágenes sueltas. Frases dichas. Momentos puntuales. Movimientos descontrolados. Besos robados. No se trata de un plano secuencia que carece de cortes. Todo lo contrario. Alcohol y luego calle. Frases y dos cuerpos desnudos. Parecía que habían entrado de una manera inocente, pero les sobró tiempo para quitarse la ropa. Igual que en la magia, uno hace un chasquido y al otro se le cae todo. Ganas, ganas de besarse, ganas de tocarse y ganas de hacerlo. El juego en la cama se convierte en un invento continuo de formas y géneros. Demasiado alcohol en vena como para inventar un film de noventa minutos. Se acuesta el uno al lado del otro y en medio, pensamientos. Culpa, pero ganas. Toca esperar a la mañana siguiente para saborear el próximo beso. Como se suele de decir, el de los “buenos días”. La luz de la madrugada les da la bienvenida a la realidad del día después. No existe el arrepentimiento y se agradece la compañía y el beso de despedida. Y en el olvido se queda algo pendiente.

Ho voglia di te.

- ¿Sabes de qué tengo ganas?
- ¿De qué?
- De abrazarte con mis piernas, cruzando mis tobillos justo sobre la parte más baja de tu espalda, mientras me haces el amor en tu cama.

Follar contigo es arte de verdad.

¿Para que perder más tiempo si el sexo se les da tan bien y en la cama es el mejor sitio para hablar sinceramente de cualquier grano de arena que les moleste? Si en el fondo saben que están locamente enamorados el uno del otro. Que las dudas mantienen las ganas como el primer día en el que hicieron el amor debajo de aquella ventana, de la primera que fue testigo, la que no ve en su reflejo el mar. Joder, se les da tan bien el follar, que parece que hagan arte en cada acto, que incluso las sábanas sienten celos de ellos. Pero que a la vez, se desesperan e impacientan por saber cuándo volverán a abrigarlos. Desean que sea pronto, igual que ellos lo hacen.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Avd. C, portal nº117

Empezar como siempre. Luces baratas y de mala calidad. Focos que tergiversan rostros. Copas que confunden cuerpos. Ganas que marcan el camino una noche más. Él al fondo, detrás de las figuras de plástico durante los primeros minutos. Se llaman con las miradas y acuden como perras en celo. Pero es sólo el principio, lengua y nada más. Saben cuáles son los pasos a seguir. Alejarse más de dos centímetros incrementan las ganas hasta límites insospechables. Verano al norte nunca ha sido sinónimo de calor nocturno. Suerte en los pasos guiados por las farolas una vez más al edificio de la esquina. Esta vez es diferente, la luna aprieta. Por el camino se tropiezan con todas las paredes de la ciudad. Ella contra la pared, sostenida entre sus brazos, moviéndose al ritmo de la música lejana, provocando. Primer portal, primera parada. Lo empuja contra la puerta y se sienta encima de él, preparándolo. El verbo devorarse se quedó corto. Besos. Mordiscos. Dibujos con las lenguas en los cuellos. Y entran las manos en acción. Incluso la farola que los iluminaba se sonrojó. La calle fue testigo de cada movimiento sexual que protagonizaron. El éxtasis elevado a su punto máximo. Una escena pornográfica real, sólo interrumpida por un portazo en el interior. Siguieron los pasos guiados por las farolas hacia el edificio de la esquina. Esta vez, empezar como nunca, terminar como siempre.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Compostela, testigo de envidia.

- ¿Recuerdas cómo fue la primera vez?
- Como para poder olvidarlo...
- Donde tantas veces había deseado que pasase, en el sitio en el que todas las cosas grandes empiezan. Entre sábanas a cuadros con tonos naranjas.
- Y corazones de colorines cubriéndonos.
- Todo empezó en el salón.
- Nuestro rincón favorito de la casa.
- Y la excusa que meses más tarde nos sigue siendo perfecta.
- Sí, esa vez no duró algo más. Incluso aparecieron los protagonistas. Pero la típica excusa nunca más necesaria nos llevó a la habitación.
- Mi pequeña habitación. Cama, armario y escritorio. Decidimos donde colocar el ordenador para estar más cómodos. Eso sí que no nos duró mucho.
- ¿A qué dos idiotas se les ocurre ser capaz de aguantar las ganas teniendo a esa persona al lado en la cama?
- A nosotros.
- Me empezaste a desnudar.
- Me seguiste el ritmo.
- Apartaste el ordenador.
- Y te metiste dentro conmigo.
- Siempre fuimos de taparnos... por lo menos hasta la cintura.
- Entraba la luz por la ventana.
- La luz de la mañana.
- Somos de mañanas. De mañanas sin luz.
- Y empezamos a hacerlo. Empezaste a moverte de una manera que nadie sería capaz de inventarse.
- Tú me seguiste de un modo demasiado cómplice para ser la primera vez, pero era real.
- Lo hiciste tan bien, que desee que no terminase nunca.
- Quise hacer aquel momento eterno. Sabía que hacíamos un dúo de envidia, pero hasta ese momento no lo habría descubierto.
- Maldije el tiempo que me quedaba por delante.
- Te odié cuando supe que no mentías.
- Aún así nos arriesgamos. Repetimos.
- Y repetiremos. Y ganaremos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Giovedì, notte.

Y amanece una noche nueva y el miedo se apodera de mí. Me centro en pensar que es suficiente. Que sólo la confianza me debe correr por las venas. Pero los dos sabemos que eso es casi imposible en mi personalidad. La tranquilidad completa llegaría con más palabras, o mejor, más gestos. Por eso sé que la tranquilidad no llegará. 

Con más ganas que nunca.

Y ayer, una noche más se acostó pensando en él. Toda buena película romántica y fotos con torsos desnudos que sugieren comentarios obscenos hacen una mezcla explosiva en la cabeza de cualquiera. La simple idea de volver a recorrer su cuerpo con la lengua le provoca un nuevo escalofrío. Empezar lento, con palabras susurradas al oído y dos besos suaves. Se inicia el recorrido del placer. La segunda parada es la boca, en la que siempre es bueno no detenerse demasiado. Siempre hay tiempo de disfrutar de los besos durante el acto en sí. Bajar al cuello para jugar. Morderlo, morderla y evitar ser marcados. Las ganas de hacerle de todo cada vez son más irresistibles, pero el camino no puede terminar ahí. Su lengua desciende por cada poro de su piel sin encontrar ningún tipo de oposición. No hay que olvidar el beso correspondiente en la mancha del hombro, el detalle más significante. Pero esta vez la última parada no la lleva de nuevo a la boca y de ahí al cambio de posiciones. No. Esta noche se ha acostado con la escena en la que ella continúa el viaje hasta encontrar la oposición perfecta. Sigue bajando con su lengua más allá de su ombligo. Un poco más, un poco más abajo. Y justo ahí ella se detiene. Cada vez con más gusto y cada vez con más ganas. Minutos que se escapan en el tiempo hasta finalizar en el punto máximo del recorrido del placer.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

sino, todo lo contrario.

Porque aún sigues.

Quiero que sepas que gritaría a los cuatro vientos las ganas de hacerte el amor que cada mañana recorren mi cuerpo. Pero no lo hago porque Los Alpes impiden que el sonido llegue a tus oídos y esa es la parte más importante. El que lo sepa la gente, me la suda. Aunque en realidad, creo que se me nota en la cara cada vez que me preguntan por ti o cada vez que hablo de ti sin que me pregunten. Es así, esas cosas se notan. Dicen que por el brillo que se tiene en los ojos. Yo creo que es por la sonrisa que me sale cada vez que te imagino a medio desvestir quitándome las medias una noche más.

Haremos.

- ¿Hacéis un año juntos?
- Sí, el 13.
- Joder, cómo pasa el tiempo.
- Piensa que tú harías cinco meses el próximo 11.

martes, 30 de noviembre de 2010

Lucha de gigantes.

- ¿Recuerdas la historia que te cuentan cuando eras pequeña? 
- Sí.
- Que el mundo es bonito, que todo es paz y amor. Cada día te compran una Barbie nueva, con ropa nueva, con una profesión nueva... pero siempre Ken a su lado. Igual que en las películas que la empresa Disney fabricó para nosotras, de chicas guapas que siempre tienen a un príncipe azul predestinado. Joder, y ahora hemos crecido y vemos la realidad. Crecemos y nos empeñamos en hacer que el mundo que nos rodea sea feo, casi horrible, sin paz y poco amor. Lo único que buscamos, al fin y al cabo, es sexo. ¡Y caray si no nos conformamos cuando lo tenemos! Y aún así, la publicidad sigue usando el mismo argumento que Disney y Barbie usaban para vender: el príncipe azul.
- ¿Y existe?
- ¿Que si existe? Que se lo pregunten a Angelina o a Sara. No, los príncipes azules de las películas no existen. Pero tampoco las princesas, nadie se salva, nadie es perfecto. Por suerte. 
- Entonces me niego a seguir viviendo si no hay príncipes ni princesas.
- No digas eso, que esa es la esencia de la vida. Lo bonito de poder encontrar a un príncipe que no es perfecto, es que sólo lo verás tú así. Cuando después de haber luchado por él, logras estar con él, eso es precioso. Ken y los príncipes son bonitos para jugar con ellos y ver sus películas cuando somos niñas. Pero en la vida real, lo que valoras es lo que te cuesta tener. Olvídate de crecer y que todo sea fácil.
- ¿Tampoco es así?
- ¡Ja, ja, ja! No, es muy difícil y complicado. Pero no hay de qué preocuparse, nacemos para luchar por sobrevivir y poder vivir momentos de felicidad. La vida es un camino de rosas con muchas espinas y tienes que pelear por arrancar cada una que te vayas encontrando.
- ¿Lo conseguiré?
- Sólo si quieres que así sea.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Me.

Ella, antigua estúpida obsesión sin sentido. Viste ajustada, con minifaldas y tanga y lycra para la parte de arriba. Que todo lo que ponga resalte su diminuto, aunque bien esculturado cuerpo. Ni siquiera ha llegado a saborear los dieciséis años y tiene las sábanas ensuciadas por más de dieciséis hombres. El tiempo se nos va de las manos, pero ella sabe como disfrutarlo. Desconoce el significado del verbo amar, no sólo por su corta edad, si no porque no entra dentro de su capacidad de entendimiento. El hecho de que su cuerpo pueda pertenecerle a ella y a otro hombre nada más, es algo que sólo le sucede una noche. Para ella más de dos son demasiadas. Aún así, como todos, quiere dar a la vez una doble imagen. Hay un hombre que se sigue dejando engañar, o quizás esa no sea la palabra cuando él hace lo mismo. Le costó abrir los ojos, pero ahora que sabe que a ella lo de abrir las piernas no le cuesta nada, él también se aprovecha. En la cama pueden formar un dúo perfecto, sexo salvaje y sin control, pero también sin sentimiento. Eso al final acaba por desgastar el físico y derrotar lo interno. Aún así, no puede hacer nada, a ella le encanta. Tontear a escondidas con todo aquel que le atraiga, es su mayor hobby. Además, a todos los termina metiendo en la cama. Sin duda, ella es la puta que todo hombre quiere tener debajo del brazo.

R.

- Pues quizás sólo era que tenía unas ganas inmensas de hacerte el amor como nunca y como siempre.
- ¿Y cómo se supone que debo interpretar eso? ¿Soy tu puta más preciada y por ello debo sentirme afortunada?
- Te encanta esa palabra e irte de víctima. Ya si las mezclas en la misma frase, consigues hacerme daño, que es lo que quieres, ¿no?
- No, no quiero hacerte daño. Hasta hace dos minutos sería lo último que te haría.
- ¿Hasta hace dos minutos? ¿Pero que coño ha cambiado hace dos putos minutos?
- Todo.
- ¿Quieres partir de la base de que ya no había nada que cambiar?
- ¿No había nada?
- No, en la teoría.
- ¿Sabes? ¡A la mierda la teoría! Estoy hasta de saberme la teoría y no poder llevarla a cabo. Porque todos sabemos qué debemos hacer, cuales son nuestras obligaciones como personas que somos, pero en la práctica todos intentamos romper esos cánones, evitar las reglas e intentar ser diferente del resto de la manada. Así que ahora no me vengas tú con la teoría. Es cierto que encima de nosotros no cuelga ya la pegatina de PAREJA, pero sí nos sentimos así, sí actuamos como tal. Me preocupo de ti como si fueses mi novio, pienso en ti, en poder hablar contigo, en querer estar contigo, en acostarme contigo, en que me beses, en besarte, en abrazarte y que me abraces fuerte cuando esté desnuda en tu cama. ¿Y soy tu novia en la teoría? No, pero actúo como tal. Y no me digas que tú no lo has hecho hasta que se te ha calentado demás la polla, porque sé que mentirías. Pues haz el favor de no decirme que sólo eran ganas de follar, ¿vale?
- ¡Menudo discurso por semejante gilipollez!
- Para ti todo son siempre gilipolleces y estupideces. Ya nada me extraña.
- ¿Eres tonta? ¡Dime en qué momento he dicho yo que sólo te quería follar! ¡Dímelo! Entonces me callo y me voy ahora mismo.
- Fue lo primero que dijiste al acostarte a mi lado.
- ¿Estás segura? Porque, ¿sabes qué es lo que yo creo? Que siempre necesitas tener a alguien a quien culpar para sentirte bien contigo misma. Te acostaste con ese tío y has puesto de excusa que fue la semana que yo me sentí como la mierda. Y ahora sientes lo complicado que se nos está poniendo todo, porque tú también tienes necesidades y tampoco estás tan enamorada como deberías y pensabas, pero yo tengo la culpa de no ser capaz de llevar tu querida relación a distancia. No, no he dicho que sólo te quisiera ver para poder follar contigo. Está claro que me encanta acostarme contigo, porque si no no estaría aquí ahora mismo, pero si fuese por el simple placer de meterla en un agujero lo habría hecho mucho antes y muchas más veces. E incluso el tuyo sería el último elegido, no por ser peor que el resto, si no porque el tuyo lleva incorporado demasiado sentimiento. Así que no me vengas jodiendo tú la cabeza con esas tonterías de sólo sexo, de puta y tal y cual. No. Sólo dije que tenía unas ganas locas por acostarme contigo, por volver a compartirlo todo contigo, como antes, como siempre hemos hecho nosotros siendo nosotros.
- No necesito tener nadie en quien cargar mi culpa, ni creo que no vamos a ser capaces de soportarlo. Pero sí tienes razón de alguna manera. Porque lo que tengo es miedo a perderte. Tuve miedo al acostarme con ese tío y luego he vuelto a tener miedo al enterarme de cosas y al volver a separarme de ti. Y de eso sí que necesitaría echarte a ti la culpa. Lo siento.
- No lo sientas. Me he pasado cada día desde que te has ido culpándote de tener que terminar lo nuestro. Yo sí que lo siento.
- ¿Sabes que ninguno de los dos tiene la culpa,verdad?
- Sí.
- Por eso todo se nos hace tan jodidamente complicado.
- Sí.
- ¿Vamos a poder seguir al final?
- Nadie puede saberlo.
- Pero ¿qué crees?
- Ahora mismo puedo creer que tendré muchísimas ganas de volver contigo, porque a día de hoy pienso en la próxima vez que te vuelva a ver, para poder estar contigo. Pero te repito que nadie puede saber si vamos a querer estar juntos.
- No quiero que se me vayan las ganas.
- Si al final se nos van, será que no estamos destinados a estar juntos. Es lo que tenemos que pensar.
- Y si al final conseguimos juntarnos, ¿es por qué mi vida y la tuya están destinadas a vivir juntas la eternidad?
- Creo que sí.
- Entonces esperemos que el destino se encapriche en dibujar este camino.

QG.

Tu sexo es carne de aceituna de un olivo en la carretera.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El que no juega, no gana-

O eso pensaba hasta que horas más tarde tuvimos nuestra prórroga particular y personal. No sólo marcamos para ganar y resolverlo todo en nuestro terreno, en el terreno de juego que cada mañana que despertamos sin en el otro odiamos. Marcamos y goleamos mutuamente. Dicen que un mundial o una Eurocopa tardan cuatro años en repetirse. Lo cierto es que lo nuestro empieza dentro de veinte días y no existe un equipo perdedor y otro ganador, o los dos perdemos, o los dos ganamos. ¿Nos la jugamos?

16-20H.

1-0. Minutos de espera desconocidos, saludos negados, cruces de miradas inexistentes. Perdíamos. 1-1. Plan nuevo, plan sorpresa. Te sientas a mi lado y me sonrojo, como si fuera la primera vez. Después de tanto tiempo, a solas nos quedamos sin prestarle atención a la distancia que había pasado. Empatamos entre naranja y espuma de cebada. 2-1. Cuando mejor estábamos. Miradas inevitables. Miradas rechazadas. Porqués sin respuesta posible. Rozamientos con demasiadas ganas y demasiadas cabezas en tan poco espacio lógico. Recuerdos que dolían y gustaban oír al mismo tiempo. Había pasado todo y no había cambiado casi nada. No. Perdías. 3-1. Carretera, risas, noche, lluvia, tú y yo. ¿El final habitual? En la cama. ¿El final real? Dos besos y "hasta la noche". Perdí.

Erróneos supuestos, acertadas equivocaciones-

- Necesito saber que para él durante estos días tampoco va a haber ningún otro cuerpo compartiendo las mismas sábanas que él.
- Pero eso no lo puedes saber, si no es él el que te lo diga.
- Tengo miedo a preguntárselo.
- ¿Por qué?
- Porque sé cual será su respuesta y no quiero oírla.
- Quizás te equivocas.
- Sé que no me equivoco. Lo he tenido entre las mías el suficiente tiempo como para saber que no me equivoco nunca con él.
- ¿Nunca?
- Nunca.
- Te equivocas. Te has equivocado no hace mucho tiempo. Y esta vez también te puedes equivocar. Cállate, dale una oportunidad, daros una oportunidad y dejaros de tonterías.

Tripul[áb]amos barcos-

Si no fuera por el miedo que tengo a perderte, te habría dejado hace mucho tiempo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Juegos a escondidas sin un adiós anticipado-

Un billar absurdo en el que sólo tú sabías jugar, un dos a uno para mí y mi rana, una victoria aplastante de catapultas en la que apenas me podía mover y un empate entre burbujas de agua de colores, terminaron por formar una mezcla que hace todavía este adiós más horrible. Porque jugar a media hora de ti no es lo mismo que hacerlo a dos mil kilómetros de tiempo. Las victorias pierden todo su sabor.

No sólo por lo que hicimos-

Nos creíamos invencibles, como dos monstruos gigantes a los que todos los niños temen e incluso algunos adultos al verlos al otro lado de la pantalla en una sala demasiado oscura. Pero las cosas cambiaron cuando nos tuvimos tan cerca. Habíamos estado más de una hora ocultando palabras, evitando recuerdos y devorándonos con miradas. ¿Por qué fingimos si eso no es lo nuestro? Actuamos como dos extraños que simplemente querían saber algo más del otro y era mentira. Lo único que deseábamos en aquel momento era besarnos, pasar de los ojos a los labios en medio segundo. Como dos tontos, supimos controlarnos, pararnos los pies mutuamente temiendo "complicar las cosas". Después de los dos besos y el "hasta la noche", vino un camino en coche bajo la lluvia de noche que me hizo recapacitar, pensar en lo que de verdad quería y en que sólo tenía horas para poder realizarlo. No quería perder más tiempo, dejar de ser una ingenua, hacerme la fuerte o simplemente dejarlo pasar. No estaba allí para eso. Estaba para todo lo contrario. Sé que la vieja excusa del "quiero hablar contigo" tampoco te la creíste. Aún así, aceptaste a quedarte. Y los dos nos quedamos el resto de la noche justo en el punto exacto en el que ambos queríamos estar todo este tiempo. "Me quedaría allí el resto de los días". "Lo mismo digo".

Siempre lo haces difícil-

Historia de cuando la resistencia es de un simple no a dos centímetros de los labios, pidiendo una repetición a la que caer. Y así fue. Choque de labios y cabezales en el mismo lugar de hace dos mil kilómetros de tiempo. Sinceridad entre sábanas, lo podríamos titular. Pero me quedo con el simple hecho de tenerte en mi cama otra vez y poder abrazarte como antes.

¿Qué ha pasado?-

Corrí el riesgo de con una pregunta y dos respuestas todo se terminase en aquel preciso instante. Pedía demasiada sinceridad, la que siempre había negado. Todavía desconozco el motivo que me impulsó a expulsar mis palabras. Supongo que el saber de mis actos y la necesidad de destapar la venda de la ignorancia convertida en falsa felicidad. Sé que no significo el fin de lo que sea que exista en medio de ti y de mí, pero no sé si nos ha hecho más fuertes en algún otro aspecto. Sé que ahora, sea en el lugar que sea, corres peligro. Y sabes que cada noche, él roza mi piel. Yo te puedo asegurar que no irá más allá de cuatro palabras y dos risas sin ningún tipo de importancia o pretensión. ¿Tú me puedes prometer lo mismo? Siento que me he perdido.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Ingenuo el mundo ajeno-

Cuatro horas de sexo, veinte minutos de conversación telefónica con la excusa de oír esa voz y un te quiero más sincero que nunca. Todo nuestro esperado y ansiado encuentro se podría resumir de esta manera errónea a la perfección.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sinceridad-

- No te voy a engañar. Eso era algo que todos sabíamos, incluso vosotros dos, pero que nunca quisisteis ver.
- Supongo que todos huimos de las verdades que duelen.
- En aquel momento, aquellas palabras eran las que los dos queríais escuchar. De hecho, poco más se podía decir. Ninguno sabíamos qué deciros.
- Lo sé. Y las palabras con las que uno siempre queda bien, son las mejores.
- Sí. Las palabras que sólo valen para calmarte el día antes. Pero pronto descubres que no valen para nada. Que simplemente son imposibles.
- Quizás no lo pronto que ambos necesitábamos.
- Recuerda: nunca es tarde.
- Nunca digas nunca.

martes, 16 de noviembre de 2010

- Mírame.

No te voy a pedir nada, ni que me beses, ni que me abraces, ni que desees hacerme el amor como antes, ni que me invites a ninguna copa o a subir a tu piso. Nada. Nada excepto una cosa que no supondrá ningún esfuerzo para ti, tus sentimientos y tu cabeza. Quiero que me mires, que me mires de verdad, pero únicamente si es la mirada que te saldrá cuando me tengas delante. Quiero que me digas con tu mirada todo lo que te has tenido que callar estos días al otro lado del teléfono. Entonces, en el caso de que no seas capaz de decírmelo o yo no sea capaz de entenderte, dejaré que te vayas sin abrir la boca, no será necesario pedirte palabras para explicarme que no puedes mirarme como antes y que simplemente me ves. Pero si sucede lo contrario, si con tu mirada me lo dices casi todo, será necesario que abras la boca para poder explicarlo todo. Esto es algo que no está en nuestras manos, es algo que nos saldrá sin más. Sí a mí me pasará lo mismo, aunque tú siempre hayas sido más de miradas y yo de palabras, por el miedo a que descubras todo mi interior. ¿Preparado?

Palabras sobre actos.

Se convirtió en una historia demasiado complicada de explicar con detalles en una tarde, demasiado llena de momentos difíciles y cosas que aclarar como para poder hacerlo en una tarde o en sólo una noche. Aún así y de todas formas, lo tendrán que hacer. Al final seguramente sea mucho más fácil de lo que puedan imaginar. Las palabras, aunque no tanto como los actos, también sufren por no poder salir. Y saldrán. Saldrán solas, algunas harán daño queriendo, otras sin querer, otras irán llenas de sentimientos. Y mentimos al decir que no sabemos cuales serán las finales, quien él que pondrá en punto y final. Pero así es mucho más fácil, engañarnos de que quizás nosotros no la vemos, pero en el fondo queda algún tipo de esperanza que se irá con el primer hola, o incluso con la primera mirada que crucemos de frente. Al final.

Martes 16.

Se supone que a partir de las 00.00 ya comienza un día nuevo,no? Entonces,echando cuentas hoy ya es martes 16,no? Así que ya puedo decir que mañana estoy en casa? Joder,qué bien suenan al fin esas palabras! Ryanair... espero que entre tú y mi mala suerte no lo estropeéis,gracias!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Más vale tarde.

Porque todo lo bueno se hace esperar y tú no eres la excepción. Con una conversación más como las acordadas, vuelves a hacer que me salte una sonrisa. Y por fin te despides.. "hablamos a la noche", qué gusto poder oír esas palabras a tan pocas horas de que pise la realidad cerca de ti. Hagámoslo fácil, ¿vale?

Arcoiris.

Aquel día... bueno, en realidad, aquella noche, que con tanta ilusión pinchaba en la pantalla de la compañía, no llegaría a imaginar como irían cambiando las cosas a lo largo de todo el tiempo del medio. Vagamos por puntos de la gamma de grises que podemos imaginar con nuestras retinas, pero sin tener clara la luz, la oscuridad o alguno de los colores primarios. La luz vendrá con la realidad de frente. La oscuridad con las palabras del punto final. Y los colores primarios el resto de las horas que desocupemos juntos y ocupemos separados. Marcamos trazos con algunas frases, líneas rectas con las verdades, curvas con las respuestas y círculos con los sueños y las ideas mentales. Son momentos en los que los colores se nos muestran difusos, aunque en realidad toda nuestra vida vaga por momentos, colores y trazos difusos. Y eso es lo bonito de la esencia de todo esto.

Webber, Webber!

Y, aunque no pudo ser querido Webber, felicidades por el pedazo de campeonato que has hecho. Ni tu equipo te ayudaba, ni con tu compañero te llevabas bien y peleabas contra un bicampeón del mundo en Ferrari, el niño mimado de la Fórmula 1 y el vigente campeón. Te lo merecías, pero la presión ha vuelto a vencer. Eres grande y algún día subirás a lo más alto. Por lo demás, ver a Lewis bañar al reciente vencedor del título junto con la cara que se le habrá quedado a Alonso ya en la mitad de la carrera por sentirse impotente, sí ha valido la pena. Sin más, toca esperar al próximo campeonato. Felicidades, niño alemán!

Bruselas 2010-

Haber cumplido un sueño de la infancia, no tiene precio. Porque cuando jugabas inocente con aquella ficha indiscreta al monopoli, desconocías que en un futuro no demasiado lejano, la verías a tamaño real. 52 centímetros de bronce. El Manenken Pis. Aunque fue un viaje bañado por demasiada agua, fue un viaje para enamorarse de una ciudad más. Bruselas. Me he quedado con ganas de volver para ir a la famosa cervecería con 2.000 tipos de birres y a ver la versión femenina del Manenken. Pero con tiempo, más adelante, tendré más días para pasar en esta ciudad europea. Como se suele decir, volveré ;)

jueves, 11 de noviembre de 2010

11/11

Otro más. Undici. Novembre,

Deseo que el siguiente sea juntos, a pesar de todo.

Sé que no es aquí dónde me gustaría estar en este día, igual que hace un mes. Sé que no es dónde nos tocaría estar a los dos. Pero el destino a veces se vuelve caprichoso y nos hace pasar por estos malos momentos. Separados. Sí, se suponía que hoy la tarta tenía cuatro velas, pero esa tarta no existe. No hay nada peor que celebrar un cuarto no-mesaniversario. Porque no es algo que tengamos que celebrar... es un día que todavía hace más daño en nuestro calendario. Pero me sigo acordando. Cada mañana de cada once de cada mes, recordaré que no es así cómo lo había planeado. Teníamos que estar una celebración en mi cama, otra en la tuya, otra en la mía... y así sucesivamente. No cada uno en la suya, a dos mil kilómetros de separación, solos o acompañados por alguien que no entiende el significado de estos días. Por lo menos espero que hayas tenido un buen día 11.

Algún día.

Lo hicimos. Más de un cordial saludo. Más de una palabra. Más de una frase. Sin importar el significado, si era trascendental o simplemente cosas que salen sin querer. Incluso hemos llegado a saber un poco más de cada uno. Y cuántas cosas nos hemos perdido del otro. Lo bueno es que parecemos tener tiempo, ese que corre cuando no quieres que lo haga y ralentiza su velocidad cuando lo que deseas que haga es que vuele. Cuando normalmente el tiempo escasea, a nosotros parece que nos llegará. Porque no partimos de cero. No estamos en un período de conocernos, es demasiado lo que ya sabemos el uno del otro y ni siquiera nos interesan las cosas que le haya ocurrido a la otra parte durante todo este tiempo. Es mejor. Es gracioso, al final no costaba tanto, ¿no? Es buena una nueva etapa. Es bonita.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El "niño" de la camisa roja.

No sé porqué, pero lo recuerdo. Estoy segura de que eras tú. Hay gente que dice que cree en las señales, cuando no sabes a qué te puedes aferrar y a que no, ocurren señales a tu alrededor que te ayudan a decidirte. O también pasa que ves señales en el presente que parecen corresponderse con el pasado y que te ayudan a dar el siguiente paso. Una vez escribí algo del chico de la camisa roja. Todavía no teníamos idea de cualquier red social, usábamos el messenger. Y a aquello se le llamaba nick. Él, el chico que me había acompañado durante mi período de transición llevaba la camisa a juego con el traje de ese color, rojo, en nuestro primer fin de año juntos. Desde aquel día él se convirtió en mi chico de la camisa roja, dándole también título a una especie de diario que sólo yo conozco y algún día, él debería hacerlo también. Lo que yo desconocía hasta conocerte de verdad, es que el concepto del chico de la camisa roja podría tener un significado futuro en aquel momento. ¿Recuerdas una de las primeras veces que nos vimos? Sí, sé que nunca habías reconocido nuestras primeras miradas cortadas inesperadamente por un fatal accidente. Creía que simplemente te estabas haciendo el fuerte. Y tenía razón. Tú me la has dado hace poco, queriendo. El primer momento que tengo guardado en mis retinas de ti es en fin de año. Nos cruzamos las miradas... y algo más. Te interpusiste en mi camino cuando me dirigía una vez más a ir tras él. Me obligaste a darte un beso para poder proseguir. Y lo hice. Extraño, ¿no? Ese fue nuestro primer beso. Mi primer beso con el niño de la camisa roja.

martes, 9 de noviembre de 2010

La eternidad.

Hay veces que es difícil de entender cómo la gente puede hacer las cosas tan fáciles. El simple hecho de creer en otra persona, el hecho de estar seguros de que esa persona te quiere de la misma manera y cantidad hace que las cosas salgan mucho más fáciles. O por lo menos te da más pie a que te sea más fácil de disimular que todo va bien, cuando cada día se tuerce más. Las personas podemos creer en el amor o simplemente no hacerlo. Es eso, es cuestión de creencias. O eso es lo que piensan los que gritan a los cuatro vientos que no creen en el amor. Pero el amor es algo muy diferente. El amor se trata de encontrar a la persona indicada en el momento menos correcto. Sólo en ese instante te das cuenta de que lo que sientes por esa persona es amor y te dejas de tonterías de si existe o no. No, no se trata de creer o no creer, se trata de decidir si lo sientes o no lo sientes en ese momento. Cada uno de nosotros tenemos, como mínimo, un momento de esos. Los menos afortunados, tienen más. Pero al fin y al cabo, todos tenemos uno, el momento en el que nos enamoramos. Otra cosa muy distinta es hablar del amor eterno. Tan sólo aquellas parejas que han conseguido permanecer unidas hasta el fin de sus días son las que pueden decir sí creen que existe o es todo otro invento más del consumismo. Admito que nunca se lo había preguntado a mis abuelos, pero la idea de que me digan que no, asusta. Como siempre, preferimos seguir viviendo en la ignorancia de que todo lo que nos da miedo, no existe.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Hasta el final.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.

Tiempo de transición-

Sólo cuando esté a un día de pisar la realidad que abandoné podré cerrar los ojos y desear que nada haya cambiado o por el contrario cruzar los dedos para que todo salga bien en teoría, mal en la práctica y el tiempo vuelva a ser una pesadilla. Pase lo que pase, ten bien presente que mi idea no fue nunca la de abandonarte y que durante todo este tiempo no lo he hecho ni un sólo día. No quiero que pienses que el abandonarnos fue una idea tomada por iniciativa personal. Las cosas surgieron así sin más, sin que ninguno de los dos las hubiese planeado. Ahora sí que somos los dos los que tenemos que planear como lo vamos a hacer. Lo hemos intentado y no sé hasta que punto ha ido mal o bien. Cuestión de días, tiempo y palabras.

Le corresponde a él-

¿Cómo le iba a decir a aquella chica que tanto había dado y sigue dando por ese hijo de puta que él ya se ha follado a otras? Llamadlo cobarde, mentiroso o cualquier adjetivo parecido que se os pase por la cabeza. Es mejor que ella siga teniendo la duda y sea feliz. Dentro de pocos días todo eso cambiará, pero no porque yo haya intervenido. Lo siento, no puedo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Cualquiera,menos el negro.

Es como si llegaras al mundo con una caja de lápices. Tu caja puede ser de ocho o de dieciséis. Pero lo que importa es lo que haces con los colores que te dan. No debe importar si coloreas dentro o fuera de las líneas. Yo coloreo fuera de la página, que no me limiten.

Ahí. Aquí. Siempre.

- Siento decírtelo, pero... es un chico que merece la pena.
- Lo sé, por eso me da tanta rabia que nos pase todo esto.
- Hazle saber que estarás ahí siempre que él quiera, pase lo que pase.
- Ya se lo he dicho, él lo sabe.
- No, no lo sabe. Cuando lo tengas delante, míralo a los ojos y díselo. Entonces lo sabrá.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Altro modo di guardare.

- ¿Sabes qué dijo Marilyn Monroe cuando consiguió su primer trabajo serio en Hollywood?
- ¿Qué?
- A partir de ahora... solo chuparé pollas que me gusten.

Non vicino.

- Incluso tienes ropa nueva que ni siquiera me suena. Estamos más distanciados de lo que yo creía en un principio.
- ¿Por haberme comprado un par de camisas?
- Por haberlo hecho sin preguntarme cómo te quedaban, por haberlo hecho y no contármelo con la misma ilusión que la primera vez. Tienes razón, no eres capaz de soportar la distancia.

Ghostbuster, mine.

La mirada es la primera impresión ya pasada, la reconoces en cualquier otra parte del mundo o incluso del más minúsculo bar de pueblo. Da igual lo tapados que vayamos, era imposible no reconocernos. Y pusimos las cartas sobre la mesa. Bueno, en realidad, la carta se quedó de pie, delante de ti, con dudas para no hacer daño. Dudas que fueron resueltas y le dimos al botón del play. O del start, no hace falta que nos pogamos titismiquis. Seguramente era una noche de caza cualquiera, algún fantasma más habría en el local. Sin embargo nos probamos de segundas, ¿o tú era de primeras? ¡Qué pena, ya ni lo recuerdo! La cuestión fue que estábamos ahí, de pie, justo en la ranura de la puerta principal, en la ranura de la única puerta del bar, para ser sinceros. Y nos quedamos allí… ¡ah, no! Yo me fui. Volví a huír para endulzarme, sin saber que en realidad era un cubito más de sal lo que me iba a tomar. Pero regresé. Igual que en el póker, con las ideas bien claras y las cartas exactas sabiendo cómo teníamos que jugar. Pensé en ti y, por suerte, tiempo más tarde, jugamos.


lunes, 1 de noviembre de 2010

Háblame.

No te había pedido nunca nada. No te pedí que me entendieras. No te pedí que te quedaras desde el principio. No te pedí nunca un beso que no me quisieras dar. No te pedí llevar las cosas a mi manera. No te pedí que te callaras cuando las últimas palabras sonaron tan mal. No te pedí que te metieras en mi cama cada noche, aunque las ganas de hacerlo no me faltaban cada día. No te pedí que me quisieras, ni que sintieses algo parecido. Ni siquiera te pedí que me esperases, aunque era lo único que necesitaba hacer en aquel preciso momento antes de que subieras al autobús. Por eso ahora, creo que tengo el derecho de poder pedirte unos minutos, unas palabras, un porqué. Por favor, no te quedes callado, encerrado sin decir nada a nadie. Háblame o grítame, o enfádate porque creas que he sido yo la culpable. Pero no te quedes callado.

Yo el principio y tú el final.

No te confundas, yo nunca le habría puesto fecha de fin a lo nuestro. No busques excusas. Ya no tienes que hacerlo. Todas esas que te esperan, se quedarán contentas y tú más, no lo niegues. Gracias por haber dado tú el paso, a mí seguramente me habría costado mucho más. Ahora las cosas están como se supone que deberían estar desde el 17, ¿no? Bueno, mejor dicho, ahora las cosas están como querías que estuvieran desde el 17. Por esas cosas de que la conciencia y la culpa son los dolores más grandes. Quédate tranquilo, vive y sé feliz.

Cobarde.

Y yo que interpretaba una conversación a la cara cuando dos personas se ven físicamente, se tienen uno delante del otro y abren sus bocas para expulsar palabras. ¡Qué ilusa! ¿No? Al parecer las nuevas generaciones entienden por conversación a la cara los privados del Tuenti. Y tú no podías ser la excepción que confirma la regla.

Penas bañadas en alcohol.

Para pasar de una conversación obligada a durar más de cinco minutos a dormir en cama de un extraño.

domingo, 31 de octubre de 2010

Tus palabras son las que lo echarán abajo.

Odio que no me salgan las palabras. Cuando quiero poner algo invisible para el resto y únicamente visible para los tuyos y no me sale, lo odio. ¡Con la facilidad que yo tengo para que eso ocurra! Cada momento deposito mis dedos sobre el teclado y surgen, así sin más, ocurre y punto. Ahora no. Quizás en este rincón medio invisible sea más fácil, pero no en público. Dos días y ya no sé qué puedo escribir, qué puedo escribirte, qué decirte. El resto de la gente ve pequeños agujeros con luz, pero lo cierto es que cada vez quedan menos. ¿Sabes que podemos hacer? Romper directamente con todo ese muro en el que nacen los agujeros con luz y que directamente entren los rayos, sin tener que esperar a encontrar libertad por los pequeños surcos. ¿A que es una idea genial? Ahora sólo necesito que cojas lo que sea para ayudarme a que se caiga. Y si es de un sólo golpe, mucho mejor.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Recuerda:

Cuando más lo necesites, será cuando esté a tu lado. Porque el resto de los días me he encargado de hacerlo lo más parecido posible. Dime que cuentas la cuenta atrás, luego hacia delante y que lo siguiente que venga caminará muy despacio para dejar las pisadas y marcas suficientes que no nos despisten de la línea curvilínea.

martes, 26 de octubre de 2010

Reflexiones interiores (IX)

Reflexiones interiores (VIII)

Cuando me fui lo último y único que te preguntaba era si podías esperarme. No sé si lo habrás hecho, pero quiero que sepas que así me has hecho sentir. Sé que el retomar todo donde lo hemos dejado va a ser imposible. Pero también sé que cuando hemos dejado de vernos no habíamos dicho te quiero. Y ahora la cosa está muy avanzada. Será muy diferente y hasta que nos volvamos a ver no sabremos hasta qué punto todo ha evolucionado. Aún así, me has prometido estar ahí y, que pase lo que tenga que pasar, porque, mientras estés ahí, hay esperanza.

Reflexiones interiores (VII)

A dos mil kilómetros de distancia, no ha pasado un día en el que te hayas separado de mí y eso ha sido lo más importante, ha sido lo que ha hecho que todo esto fuese tan fácil. Te echo de menos, ¡dios,claro que te echo de menos! ¡Muchísimo! Pero has sabido como hacerlo lo más fácil que se puede dentro de algo tan complicado. Has conseguido que no pase un minuto libre en el que no piense en ti. Has conseguido que cada mañana tenga ganas de darte los buenos días. Has conseguido que quiera que llegue el fin de semana para poder oír tu voz. Has conseguido que quiera pegarme a una pantalla por cuatro palabras y unos minutos de conversación. Me has conseguido, me has ganado por completo.

Reflexiones interiores (VI)

Cuando hemos estado a punto de perdernos, nos dimos cuenta al minuto siguiente de que era lo último que queríamos, por eso un par de horas más tarde estábamos desnudos, sobre la arena, agarrados de la mano y en nuestro inicio. Los únicos momentos malos que hayamos podido vivir, han sido al principio de este nuevo año que empezó el 14 de septiembre. Tampoco los cambiaría, porque esos han sido los puntos clave para darme cuenta de la falta que me hacías y me haces estando tan lejos de todo lo que más quiero.

Reflexiones interiores (V)

No me arrepiento de ninguna de las decisiones que he tomado en mi vida, de ninguna. Y así va a ser. Él se equivocó de chico para aconsejarme sobre "ahora sé tú la que tome las riendas". El chico de la camiseta verde, no era para mí, estaba en lo cierto. Pero tú sí y contigo me encargué de marcar las pautas, siempre que me dejaste. Me ha encantado haber compartido todo esto hasta ahora, no es que lo crea, es que estoy segura de que no cambiaría ninguno de los momentos que hemos vivido.

Reflexiones interiores (IV)

Supongo que esta vez he sido yo la que he marcado las pautas. Tomé la decisión de aceptar la invitación a conocerte. Tomé la decisión del inicio, blanco o negro, sin matices de grises. Y había tomado la decisión de que lo nuestro no sería fácil, iba a estar lejos durante mucho tiempo. Sin saberlo, casi había tomado la decisión del final, antes de empezar.

Reflexiones interiores (III)

Estaba demasiado ciega en él como para poder verte. No quiero decir que me arrepienta de haber vivido con él, porque sería mentir. Pero si de algo sí me puedo arrepentir fue de no haber abierto antes los ojos y haberte dado una oportunidad mucho antes. Al pensarlo pienso en que podrían haber sucedido dos cosas: haber tenido una relación de más tiempo o que hubiese sido más corta. Es algo que nunca sabré.

Reflexiones interiores (II)

Y así fue. Entro sin avisar, y se quedó instalado muy dentro durante mucho tiempo. Incluso creo que en el fondo, sigue ahí. Y seguirá. Ahora sé que él se apartó para no estropear nada de mi vida y le estaré agradecida siempre. Pero al mismo tiempo que él se borró, apareciste tú. Tú sí que supiste el momento en el que tenías que entrar en mi vida y no lo quise ver.

Reflexiones interiores (I)

Hace tiempo que abandonó las películas de guaperas y las canciones de listillos. ¡Qué lejano parece que queda todo aquel tiempo! Pero piensas en todas las cosas que se ha vivido en los minutos antes de pasar a la vida de una persona adulta y no podrías casi decir cuales han sido los determinantes. Siempre lo había querido porque había sido su muleta para dar los pasos grandes, lo que te convierten en una chica mayor de edad que inicia el recorrido de la senda de la madurez. Y realmente así ha sido, él ha sido el chico mayor que siempre me ha intentado guiar. El que me ha dado los mayores consejos y el que ha marcado las pautas a seguir en mi camino. Supo exactamente qué puntos tenía que elegir para llegar a ser quien soy y estar donde estoy. Sus palabras habían sido "no quiero ser le que te impida poder realizar todos tus sueños".

Hablar.

Sabía que estando él a su lado todo iba a salir bien. Lo único que la invade ahora son las ganas de verlo, los nervios de saber continuar, el miedo a que pase algo malo, el equivocarse en cualquier mínima cosa, el errar en los planes, en creer que quizás sea diferente y lo termine. Me da miedo el pensar que algo malo nos pueda pasar. Me da miedo en no poder aprovechar el tiempo ahí. Me asustan las palabras que saldrán de tu boca. Ya la vez intento sonreír, porque el tiempo ya corre hacia adelante, en tu dirección.

domingo, 24 de octubre de 2010

Repítemelo cada día.

- Tú tienes la gran suerte de que estás mal, piensas todo lo que puede estar haciendo él, si se irá con otras, que esté dejando de quererte como antes de que te fueras, que te quiera dejar cuando vengas.. cualquier cosa mala. Pero sé, y sabes, que tras frases que suenen negativas él siempre tendrá cuatro palabras bonitas que te tranquilizarán, sé y sabes, que él estará esperándote a que vuelvas, y estoy seguro de que estaréis juntos cuando todo esto se termine, porque sois vosotros, os complementáis, sabéis ser una pareja que se quiere aún estando separados.
- Simplemente, tengo la gran suerte de que suyo el nombre de cada llamada perdida día tras día. Gracias.

Siempre seremos nosotros.

- Pero tienes que prometerme que tú también lo vas a intentar, yo sola no puedo.
- Claro que lo voy a intentar. Lo he intentado desde el día en que te fuiste...

viernes, 22 de octubre de 2010

Lucha anual.


- Me asusta el pensar que quizás nunca volvamos a ser nosotros.
- Pues no lo pienses.
- Tus palabras, tu comportamiento, tú... es como si todo fuese a terminar al mismo precipicio.
- Escucha, yo también he hablado de miedo, del miedo que tengo a perderte, del miedo de saber si lo estamos haciendo bien para poder seguir juntos... de ese miedo que tengo de que no vuelva a ser como antes.
- Ese miedo no debería existir si los dos queremos, todo nos irá mejor que antes.
- Creo que hemos llegado a un punto en el que el querer los dos es insuficiente.
- Si los dos queremos, no existe ese punto ni miedo ninguno.
- Tú hablaste del insuficiente te quiero...
- También hablé del poder olvidarte y dejarte ir...
- Te dije que te quería, nada lo va a cambiar.
- ¿Luchamos?
- Es lo que hago cada día.

jueves, 21 de octubre de 2010

Te quiero.

Dicen que un te quiero es la frase más bonita que esa persona te puede decir. Un te quiero perdona todo el pasado, un te quiero rompe todas las reglas establecidas, un te quiero tiene más fuerza que un ejército de cien forzudos. Cierto. Pero cuando un te quiero va precedido y seguido de las palabras que se temen en la distancia, se es incapaz de ver todo el valor que dicho te quiero debe tener. Desgraciadamente ese te quiero se hace minúsculo en medio de tanta palabra triste.

Todos tenemos días en que creemos que el sol brilla más en otra parte.

Y a mí me ha tocado esta mañana...

martes, 19 de octubre de 2010

Toque!

Vale, lo admito. Me gusta más cuando me pillas por sorpresa por las mañanas. O cuando vuelvo a casa en mi descanso y tengo algo justo después de comer. O que me dejes llamadas perdidas para que corra al ordenador. Sí, esos minutos me encantan. Que sí, que son lo mejor de cada día. Pero que sepas que el dar por sentado la conversación telefónica del viernes, es algo que me encanta más todavía.

#13, mi campeón!

- Todas se me echaban encima, era un sinvivir, un no parar de mujeres encima mía, un mogollón de animadoras que casi saltaban las gradas para venir a tocarme. ¡Así no podré aguantar mucho más!
- Pues les dices a todas esas, que el jugador con el número 13 a la espalda, es única y exclusivamente mío ¡y enterito!
- Eso fue exactamente lo que les grité. No lo dudes nunca.

lunes, 18 de octubre de 2010

Tú ayer, hoy y mañana.

Miramos tantas veces hacia atrás que nos perdemos todo lo que tenemos delante. Lo dejamos pasar rápidamente, sin pararnos a conocerlo y descubrir si quizás el día de hoy está mejor que el día de ayer. Nos concentramos tanto en mantener nuestro pasado limpio, tal y como lo hemos dejado, que el presente no nos da tiempo ni a escribirlo. Desconozco si todo el tiempo que venga en adelante va a ser mejor que lo que dejamos atrás cada día. Pero lo que sí conozco es que lo que dejamos atrás, atrás se queda, es algo que hemos escrito y que nadie ni nada podrán borrar, por suerte o por desgracia de esto trata cada una de nuestras vidas. Así que dejémosnos de estupideces, los amigos que ayer estaban ahí, hoy y mañana también estarán si es que en el pasado no has cometido ningún fallo de imprenta con ellos. Y esta regla de tres vale también para el resto de personas que nos importan, pero que inevitablemente pertenecen al pasado de cada día. Limitémosnos a conocer nuestra día siguiente, sin olvidar las ganas de recuperar a esas personas, pero sin olvidarnos tampoco de que cada conjunto de 24 horas que vivimos es un capítulo más de nuestras vidas y que nadie lo va a escribir por nosotros. Creo que ninguno queremos tener un libro en el que la mayoría de las páginas estén en blanco.

domingo, 17 de octubre de 2010

Poca resistencia.

- Calla, que no quiero cambiar el mundo, ni siquiera que me prometas amor eterno. Lo único que te había pedido era fidelidad a sabiendas mías. Si incluso te he dejado que tocases y comieses lo que te viniese en gana, que nada de eso se echaría en cara el día que nos volvamos a ver. Pero eres un niño, y he aprendido que a esos no se les puede pedir nada, mienten, engañan y creen que con dos toques todo volverá al principio. Que sepas que habría funcionado de haber estado ahí, dos palabras tuyas mirándome a los ojos habrían sido el perdón definitivo. Pero ya no, aquí no, con ellos no. Todo ha cambiado, tú lo has estropeado.
- No digas eso, ¡retíralo y perdóname!
- No lo hagas, no quiero que lo digas y menos delante de mí.
- Lo haré porque te quiero, de verdad.
- ¡Qué grandes te quedan esas palabras!
- Son pequeñas si las comparo con todo lo que siento por ti.
- Mientes.
- Sabes que no y por eso te asusta.
- No soy yo la que me asusto, erais vosotros.
- No, eran ellos, yo no me asusto de quererte. Y por eso te lo digo. Que sepas que no tuve nada que ver con eso y que es mentira. Quiero oírte.
- Y yo sentirte.

Il tuo amico.

No quiero pensar en lo que puede llegar a ocurrir si doy un paso más sin enfriarme o si tú avanzas otros dos en el ámbito sexual. ¿Es verdad que puede lo nuestro llegar a cambiar tanto con una sola frase que ni siquiera ha salido de nuestras bocas? Lamentablemente, he descubierto que si de la tuya no empiezan a salir porqués, todo ha cambiado irremediablemente.

Coco.

- Lo único interesante del amor, es hacer el amor. ¡Lástima que para eso hace falta un hombre!

sábado, 16 de octubre de 2010

Y aunque no esté, allí estaré para amarte.

La duración perfecta de una relación, no está escrita. No, no tenéis porqué echar las manos a la cabeza, ni decirme que eso es una tontería, porque se trata de una cosa obvia. La mayoría de vosotros diría que el tiempo para estar con la persona a la que más quieres es el eterno, el poder pasar el resto de tu vida con ella. Pero permítanme que discrepe contra esta "obviedad". Hay veces que por causas ajenas a la relación, esta se tiene que terminar. Entonces, ¿es por esto, por el tener que ponerle un final anticipado, el que la relación no ha sido perfecta? No lo creo, es más, estoy segura de ello. Sin más, sin haberlo planeado, suceden cosas que hacen que tengáis que dejarlo, cosas que no tienen porqué tener un porqué razonable, por el simple hecho de que no existe tal explicación. Se termina y punto. Pero si durante todo el tiempo que hayan estado, todo ha sido maravilloso, sin tener nada que reprocharle entre ellos, personalmente considero que esa también haya podido ser la duración que ha hecho perfecta a esa relación. Hay parejas que tienen su duración perfecta en dos escasos meses y otras en tres años largos, pero son relaciones que se tienen que terminar y se acaban. Y cuando eres capaz de ver que el motivo del final era inexistente y aún así todo les ha ido bien, es cuando puedes afirmar que esas relaciones han sido perfectas. Aún así, a pesar de mis poco románticos argumentos, yo también me puedo considerar una persona que grita aquella obviedad del principio, el creer que el tiempo ideal para pasar con él es el eterno.

Cosas de fútbol.

Incluso esto tengo millones de ganas de compartirlo contigo. Ser una de tus animadoras personales en uno de tus partidos. Se rumorea en el Vicente que ya vamos ganando por un gol de ventaja, aunque falta todos los próximos cuarenta y cinco minutos. ¿Cómo vais por ahí?

Cada viernes, ¿vale?

Porque no puedo esperar una semana entera para poder oír tu voz. Maldita distancia, malditos kilómetros que nos separan. Pero aún así me siento feliz. Aunque me pase un año entero hablando contigo tan sólo por teléfono, me siento afortunada. La gente dice que es imposible poder disfrutar estando comprometida con alguien a estas alturas de la vida. A todos esos que ignorantes de dicha experiencia en esta situación, decirles que quizás el poder disfrutar teniendo tan lejos y a la vez tan cerca este apoyo enorme, es lo que hará maravilloso el disfrute del momento. Al fin y al cabo, cuando todo termine lo más importante será cómo vayamos a recordarlo.

La luna y tú.

- ¿Sabes cuál es la lámpara más grande de todo el mundo mundial, que nadie sabe quien es el encargado de encenderla, pero que al hacerlo alumbra toda la noche y todos los objetos que están a oscuras?
- ¿La luna?
- Sí, esa misma que hace tiempo alumbra muy poquito por este lado del planeta, porque yo veo muy poquito. Concretamente, desde el 14 de septiembre... ¡qué casualidad, el día en el que te fuiste sin preguntar! ¿No serás tu la encargada de encenderla, no?
- Créeme que si fuese esa persona, en tu lado del planeta alumbraría tanto que dejaría al resto en penumbra total.

Piropo semanal :)

Soy incapaz de ver la luna, porque hace demasiado tiempo que no miro tus ojos.

miércoles, 13 de octubre de 2010