lunes, 7 de diciembre de 2009

Lo merecíamos.

- No sé hacia dónde se dirigirán ahora nuestros destinos. Lo único cierto, es que se separan...
- Ya
- Realmente siento que sea así, pero ya lo hemos hablado demasiadas veces y siempre llegamos a la misma conclusión...
- Ya
- No sé... sabes que siempre que lo intentamos, todo acababa igual, yo metido en tu cama o tu entre mis sábanas...
- Ya
- Sabes que no quiero que pensemos en todo lo que nos quedaría por delante, cuantos trenes podrías coger para venir a mimarme, cuantos kilómetros recorrería yo por acompañarte...
- Ya
- ¿Qué te pasa? ¿No vas a decir nada más que ya, ya, ya?
- ...
- ¿Vas a quedarte ahí de pie, sin decir nada? ¿Ves como tengo razón, que siempre acaba todo igual?
- Ya
- Una vez más, pero esta será la definitiva, lo siento, pero ahora sí me voy para siempre.
- ...
- Nos merecemos un beso de despedida, por lo menos, ¿no?
- ¿Un beso de despedida? No. No nos lo merecemos. Nosotros nos merecemos que nos esperen todos los trenes del mundo, que las carreteras estén libres exclusivamente para nuestros coches, pasarnos la vida tú en mi cama y yo entre tus sábanas, una vida ¡entera! Eso es lo que nos merecemos nosotros. No te quedes aquí parado delante mía esperando por ese beso de despedida, porque no pienso dártelo. Eso es lo único que no nos merecemos, una despedida. Vete, pero no lo digas. Yo me quedaré aquí de pie, sin decir nada, esperando a que pase el tiempo y vuelvas para dejar que te robe un beso más, como siempre ha sido... como siempre será.

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