lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Qué es lo que realmente buscamos?

Nos podemos pasar más de dos años de nuestras vidas persiguiendo a la persona que pensamos querer. Queriendo a una persona que pensamos un día nos puede llegar a querer. Pasamos más de setecientos días detrás de esa persona que nunca se cansará de decirnos que no y de sorprendernos de repente con un sí, con un beso, con una invitación, con una llamada o con una simple mirada. La esperanza del poder tenerla algún día a nuestro lado para siempre alimenta el día a día que incansablemente seguimos deseándola. Y de repente, mientras nos ensimismamos con esa persona que cada día nos da una negativa diferente, pero que siempre suena igual de mal; aparece otra. Otra que cada día nos arranca una sonrisa de ricura. Que nos sorprende con una llamada que sabe nunca se contestará. Que nos acaba desquiciando porque, a pesar de no darle prórroga, ella ya se ha sentado a esperar al primer tiempo. Que empieza a ocupar tiempo en algunas de nuestras conversaciones más cómplices. Que nos invitan a que pensemos cómo seríamos si le damos una oportunidad. Pero que a la vez tanto nosotros como esa nueva persona sabemos que no puede ser, que sólo queda en un intento. Queremos a la persona del no eterno y rechazamos a la nueva que nos ofrece de antemano un sí, casi sin conocernos. Pero así somos, así soy, así seré...

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