miércoles, 16 de septiembre de 2009

16.

Ella, la chica del pelo dorado, también lo sabía. Las dos sabían que ella tenía la razón, pero le tocaba defender aquello que la había acompañado durante tantos años, en tantos momentos malos y tantísimos buenos, le había dado sus mejores consejos y si hacía falta le daría también su aire para seguir respirando. Por ese motivo lo hacía de una manera sutil, con indirectas. Y ahora ella parecía estar en una situación igual, no mejor ni peor, simplemente parecida. O por lo menos era lo que decían aquellas palabras. ¿Qué es lo que estaba pasando? De repente una oleada de pasotismo se había apoderado de todos los chicos que están siendo amados por sus respectivas chicas y ellas ya no sabían qué hacer. La pelirroja, lloraba y decía querer olvidarlo. La castaña de pelo corto, cegada por sus celos, rompía y volvía con él como si de una relación yo-yó se tratase. La rubia decía no creer ya más sus mentiras. La morena de pelo largo tendría que resentida empezar a aprender a olvidarlo y aceptar que él no dará marcha atrás. Y después de sus minutos de desahogue llegan las futuras promesas de amigos y acohol, esas todas las hacían sabiendo que en dos días las cumplirían. Dicen que el fin de semana todo lo cura [ y algunas lo utilizan para buscar nuevos amores]. Dos de ellas no saldrían a buscar nuevos amores, defendían el dicho de que "vienen solos", ellas saldrían a beber con un morenazo, un rubio y uno de rizos y bailar hasta las últimas palabras de la última canción de la última orquesta del pueblo de al lado.

No hay comentarios: