lunes, 14 de septiembre de 2009

14.

Me dice que puedo aguantar este tirón y mucho más. Me dice que valgo la pena. Me dice que no me enfade, que sólo quiere robarme un beso. Me dice que me invita, que me vaya con él y luego me devuelve. Me dice que pase página, que no lo ha sabido aprovechar. Me dicen... Me dicen... Me dicen... Pueden decirme lo que quieran, que los cerdos vuelan o que el fin del mundo está cerca, que me vaya con este o que me emborrache y te olvide. Pero lo que ninguno de ellos va a poder hacer es ordenarme algo, simplemente por el hecho de que haré oídos sordos a cualquier cosa. Mejor dicho, corazón sordo. Y no se trata de que ellos sean amigos míos o simplemente tíos que me intentan meter lengua, no, porque ni a mí me hace caso de lo que pienso durante toda la semana. Llega un punto en un día cualquiera, se le cruzan las venas y las arterias y él decide lo que tengo que hacer. Seguía a mis impulsos y funcionaba, aunque mal, la cuestión era que funcionaba. Ahora sigo a mis impulsos y ya nada funciona, todo va a peor, y todo seguirá yendo a peor. A ti la cuesta abajo no es que ya se te haya terminado, es que nunca la has tenido. A la mía, no le veo el punto final, parece eterna, ¿será infinita?

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