martes, 28 de julio de 2009

28.

Dan Scott volvía a leer como cada vez que tenía cinco minutos muertos en el trabajo el blog de aquella chica en la que no podía dejar de pensar. Desconocía el porqué de que cada vez que tenía un hueco libre en su mente, ésta lo llevaba a pensar en algún momento al lado de ella, en qué podría estar haciendo, si habría escrito algo nuevo desde la última vez, incluso a veces le entraban ganas de llamarla para saber qué estaba haciendo o simplemente por oír su voz y mantenerla ocupada unos minutos. Pero casi siempre esas ganas eran reprimidas por él mismo, porque no quería cogerle demasiado cariño, no quería quererla, le daba miedo volver a ser lastimado. Le gustaba hablar con ella, observarla desde lejos, pasar con ella una tarde, dormir con ella alguna noche, pero tenía miedo a todo lo que podría llegar a sentir. Daba un paso hacia delante y un minutos después dos hacia atrás. Ese era el motivo de que otro día más él se encontrase sólo, en el salón de su piso, sin nada que hacer y echándola quizás de menos. Aquella chica había decidido hace tiempo dejarle a él las riendas de todo, ella simplemente se limitaría a pasárselo bien. Y así fue durante meses...

No hay comentarios: